el policiaco en el punto de mira
n°11

 

>> Lecturas

Recuperando a un maestro

Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull.
Novísimas aventuras de
Sherlock Holmes

Enrique Jardiel Poncela

Rey Lear, 2007, 76 pp.

Javier Sánchez Zapatero

 

La publicación de Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull. Novísimas aventuras de Sherlock Holmes supone una magnífica noticia por, al menos, dos motivos. En primer lugar, porque permite poner en contacto al lector contemporáneo con un interesante y divertidísimo texto publicado en 1943 y difícil por tanto de encontrar actualmente fuera de catálogos bibliográficos o librerías de viejo. En segundo, porque su edición contribuye a restaurar para el gran público el nombre de Enrique Jardiel Poncela, uno de los autores españoles que, durante la primera mitad del siglo XX, contribuyó, con una peculiar obra en la que el absurdo y el ingenio se daban la mano, a renovar el adocenado panorama de la literatura de humor. Obras teatrales como Eloísa está debajo de un almendro o Usted tiene ojos de mujer fatal y novelas como Pero.¿hubo alguna vez once mil vírgenes? o La tourneé de Dios -extraordinaria narración en la que Dios se pasea por el extrarradio de Madrid- así lo ponen de manifiesto.

Plagada de golpes de humor delirante y diálogos ingeniosos capaces de sorprender y hacer reír al lector, la obra suma a los tradicionales aciertos de la producción del autor su valor paródico, al tomar la figura de Sherlock Holmes y evidenciar así su universalidad -todavía vigente, como demuestra, por ejemplo, el caso del escritor Rodolfo Martínez, que ha hecho al investigador inglés protagonista de su última novela, ambientada en la Guerra Civil Española-. La utilización del archiconocido detective como protagonista de un texto apócrifo sirve además a Jardiel, autor profundamente iconoclasta y polémico, para ironizar sobre sus más destacados rasgos, referidos a su carácter analítico, su capacidad de observación y su extraordinaria inteligencia. Descrito en Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull como "un hombre más aburrido que un drama rural que tocaba el violín lo suficientemente mal para que al oírle tocar el violín nadie creyera que estaba tocando el violín", el detective sólo parece vivir para el crimen y lo hace de forma tan intensa que es capaz de espetar a los que le rodean que no sean imbéciles y le dejen meditar cuando cree estar llegando a alguna conclusión importante.

De viaje Londres para poder "planchar su sombrero flexible", el propio escritor, convertido en un personaje más de la novela, se encuentra con el famoso detective y acepta ser su ayudante en una extrañísima investigación cuya resolución termina por ser tan sorprendente como inesperada. Acontecido en un castillo escocés "situado en una región provista de arboledas, carreteras, vacas, tiendas de tabaco, tartamudos, glaciares, gallos y repartidores de leche a domicilio", el caso, tan absurdo como todo lo que aparece en la obra de Jardiel, comienza cuando un hombre aparece asesinado con un cuchillo de postre. Del mismo modo que en las narraciones de Conan Doyle la figura del narrador era asumida por el Dr. Watson, el propio Jardiel Poncela es el encargado de relatar los surrealistas acontecimientos y mostrar su mundano punto de vista, mucho más cercano al del lector que el de Holmes, capaz de ver pistas allí donde su nuevo ayudante no ve más que "polvo de tres generaciones".

Originalmente publicada por entregas en 1928, la obra que ahora recupera la editorial Rey Lear se presenta en una cuidadísima edición, con dibujos originales del propio Enrique Jardiel Poncela y con una ilustración de la época en la portada. Forma y fondo brillan de tal forma en el libro que hacerse con un ejemplar no sólo resulta recomendable, sino casi obligatorio.


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