le polar européen en ligne de mire
n°11

 

El blues del detective privado

Etienne Borgers
Trad: Empar Fernandez Gomez

 

El detective privado ha dado mucho juego.

Tanto el aficionado esclarecido que protagoniza los primeros escarceos del relato policiaco y la novela clásica de investigación a la inglesa, como el curioso que posee la facultad de meterse en situaciones inextricables para resolver un misterio sangriento en las novelas populares y folletinescas surgidas a principios del siglo XIX y que perduran hasta aproximadamente 1930, junto a la novela policíaca que tomaba forma y conquistaba a un público nuevo. El detective privado “amateur” era omnipresente. Algunos de estos personajes llegaban a escoger una profesión que les proporcionaba la libertad de acción y los ingresos necesarios: reportero, historiador, abogado, coleccionista de orquídeas... La lista es larga.

Otros fueron más allá y se convirtieron en detectives privados profesionales, inspirándose más o menos de cerca en el famoso Sherlock Holmes, diletante que en sus tiempos sabía sacar partido de su talento. El detective privado profesional de las novelas acabó por dedicar su existencia a la investigación pura, al aburgesamiento y a la búsqueda del bienestar. Pero, muy pronto, se opera una mutación mayor que lo condena a la calle, al trato con los malhechores menos recomendables y a la utilización de recursos mucho peores que los “horribles” que se dedica a combatir: Dashiell Hammet acababa de aparecer con su “private eye” made in USA, el detective privado “hard-boiled” de los años 1920, un tipo duro que impone su justicia y la aplica a diario en el mundo que le resulta cercano, un mundo lleno de asesinos, de corruptos y de policías putrefactos. Para la ocasión, la chica desamparada se convierte en mantis religiosa: acaba de nacer la mujer fatal.

La mutación triunfa más allá de lo esperado, y los clones del detective privado americano de los “crime novels” se multiplican por todas partes durante unos cuarenta años: la novela, el cine, la BD , la TV... todos entonan los méritos y las inquietudes de este caballero solitario, este héroe de los tiempos modernos extraviado en ciudades engañosas y mortíferas.

El cóctel detective privado/mujer fatal constituye muy pronto uno de los mitos más utilizados en la literatura policíaca moderna y en el cine negro. Hasta abusar del detective privado.... circunstancia que comprometerá su originalidad e incluso la más elemental verosimilitud de gran parte de la literatura policíaca moderna. Un exceso que se hizo evidente en los años 1970 y que llegó a resultar inaguantable en los 80, salvo algún talento indiscutible; aunque todo hay que decirlo, escaso. El detective privado había envejecido, minado por los artesanos de la edición americana e internacional.

A pesar de todo acabará por sobrevivir, pero de manera mucho más discreta, abriendo paso a los herederos de la novela judicial, los “procedurals” y su cohorte de policías de ambos sexos con problemas que los reemplazan más o menos en la novela negra actual.

En este inicio del siglo XXI, el detective privado es una especie en vías de extinción. Sin embargo ha resistido muchos envites, entre otros, la feminización de la novela negra, dominio masculino por excelencia. Pero al buen y viejo detective privado no le va convertirse en drag queen. Algunos intentos en este sentido no resultaron satisfactorios y quedaron relegados al olvido. Aparentemente el femenino se apareja mal con el “tough guy”. La “tough gal” abandonada a sí misma resulta todavía menos creíble que su modelo masculino, una mala parodia, una caricatura fallida. El detective privado ha conseguido resistir al “bien penser” (pensamiento políticamente correcto) tan en voga en nuestros días: en su versión actual, siempre bebe, fuma, y arrastra todavía su eterno desengaño. A menudo va armado. Peor todavía: no cree en el dinero, sólo se sirve de él. Punto.

Sin embargo siempre consigue deslizarse aquí o allá. Asistimos a una especie de renacimiento del detective privado: es uno de los personajes emblemáticos de la novela negra hispana y de la América latina actual. Des de los años 1970, el detective privado Pepe Carvalho se pateaba las calles de Barcelona a la captura de la corrupción pasada y contemporánea, emblema viviente de una España alienada que evolucionaba en una libertad aparente. Pero, más recientemente, encontramos también a Heredia, el chileno desengañado y sus golpes de nostalgia tratados a base de grandes dosis de aguardiente y de tangos llegados directamente desde Buenos Aires, el brasileño Remo Bellini, con la libido contrariada, que se refugia en el sarcasmo y en los blues de los negros cuando su propia vida le asfixia. O el mejicano Hector Belascoarán Shayne, postmoderno que se desenvuelve en la picaresca libertaria. Estos y otros personajes actuales han abierto el baúl en el que se quería confinar al detective privado. Un resurgir discreto, pero revolucionario.

Es probable que el género evolucione en esos países hasta convertirse en novela policíaca y que asistamos por fin a la substitución definitiva del detective privado por policías oficiales. Pero conociendo el pasado histórico-político reciente de algunos de estos países latinoamericanos, ex feudos de la CIA , resulta fácil comprender que no son policías, los servidores de todos los poderes, los que pueden encarnar de golpe y porrazo a esos nuevos héroes, los protagonistas de una iniciativa individual que beneficia a todos. Y que no olvidan nada. En especial del pasado.


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