Entrevista
con Claude Mesplède
por Cathy Fourez
Traducción:
Zeki
• marzo 2005 •
Con
ocasión del Festival de Saint-Quentin en Yvelines, Cathy
departió con Claude Mesplède, figura ampliamente
conocida por los aficionados al género policial, a los que
le gusta afiliarse.
Cathy
Fourez : Tiene usted el
prestigioso título (para hacer palidecer
a los universitarios más aguerridos en el tema) de “especialista” ,
incluso “ erudito” internacional de las literaturas policiales;
sí pero cada cual sabe que el genio no es innato, se construye… ¿entonces
para satisfacer su apetito, cuéntenos qué le incitó a
amamantarse con nutrimentos “policíacos”?
Claude
Mesplède : Cierto, no son los apelativos los que faltan.
También me tratan de “Papa del policial” y en su Panorama
du polar français (Panorama del policial
francés), el desaparecido
Maurice Périsset me había situado entre las eminencias
grises. Pero todos esos vocablos, sobre todo a ese titulo de especialista,
prefiero, como lo expresó tan bien mi colega y amigo Michel Boujut,
el término de aficionado, porque incluso si hoy cobro algunos
derechos de autor por las obras que he escrito, por el género
policial [polar] me interesé antes por pasión y por gusto. Únicamente
por el placer. Las cosas empezaron muy pronto, ya que a la edad de ocho,
nueve años, tenía la posibilidad de alimentar mis lecturas
rebuscando en la biblioteca de mi padre que enseñaba letras en
el liceo Berthelot de Toulouse.
No padecer ninguna imposición,
ni estimulación, ni interdicción, me parece un método
excelente para incitar a un niño a leer, incluso a devorar ya
que leía todo lo que me caía en las manos. Leía
sin ningún discernimiento, con mi juventud e ingenuidad (creí en
Papa Noel hasta 6º curso a la edad de 10 años), sentía
curiosidad por todo. De ese modo, siendo aún un crio, leí Les
aventures du roi Pausole (Las aventuras del Rey Pausole) y Les
Chansons de Bilitis (Las canciones de Bilitis) de Pierre Louys sin entender mucho
de que se trataba. Otro ejemplo, en las Chroniques du
règne de
Charles IX (Crónicas del reino de Charles IX) de Prosper Mérimée,
un galante con ansias por tirarse a una bella, corta con un cuchillo
los cordones de su corsé para desvestirla más rápido.
Esos detalles de los que no captaba muy bien el sentido, sin embargo,
me turbaban. Fue en la misma época cuando leí una gran
cantidad de novelas de aventuras como Las Aventuras de Telémaco de Fenelon, o las Hazañas de Hércules. Siempre he adorado
las leyendas surgidas de la mitología que sea griega o latina.
Precisamente fue en sexto cuando di, a petición de un profesor,
mi primera conferencia a mis condiscípulos sobre los doce trabajos
de Hécules.
Uno o dos años más tarde, obligado a padecer una cuarentena
por una epidemia de paperas. Leí La Biblia, numerosos cuentos
de Maupassant y Salammbô de Flaubert, una novela que para mí sigue
siendo mítica de la que a menudo evoco el incipit (Era en Megara
suburbio de Cartago, en los jardines de Amilcar). Tales lecturas facilitan
la de obras policiales, porque tienen la misma riqueza narrativa, combinada
con el placer de descubrir mundos extraños u oscuros. Por lo tanto
leí mis primeras novelas policiales con diez años. Aún
me recuerdo, al menos, de la intriga. El primero título La
Dernière
enquête de l’inspecteur Ralston, (La última investigación
del inspector Ralston) un fascículo de 120 páginas de la
colección « Le verrou », firmado por Peter Cheyney,
me dejo chocado. El culpable era un falso paralítico quien, para
soslayar las sospechas, se pasaba el día en una silla de ruedas.
Después hubo las investigaciones de Agatha Christie y las
de Simon Templar, ese personaje creado por Leslie Charteris, que
se apodaba de
El Santo.
C.
F : Después de Edgard Alan Poe, considerado el padre fundador
del género policial, esa corriente literaria no ceso de renacer
de sus códigos, sea de manera conformista y rígida, sea
de manera irreverente(alteración, trasgresión, subversión,
parodia de las reglas), generando toda una retahíla de variantes
en el manejo textual de la narración policial. ¿Cuálas
son las que prefiere y por qué razones?
C.
M : Muchos niños empiezan su ciclo de lecturas policiales con
Le Club des cinq (El club de los cinco) o con obras similares. Yo leí un
autor ingles, Arthur Ransome que ponía en escena un grupo de adolescentes
al que le ocurren un montón de aventuras en las que era fácil
creer ya que eran muy realistas. A continuación crecí repartiendo
mis lecturas en dos terrenos: el de los clásicos con Zola, Benjamín
Constant, Flaubert, Gérad de Nerval etc… y el de la novela
popular y policial con Paul Féval (Los misterios
de Londres),
Eugène Sue (Los misterios de Paris), Maurice Leblanc, Gaston Leroux,
Ellery Queen y sobre todo Patrick Quentin, creador de una pareja, Iris
y Peter Duluth, de los que me fascinaban sus aventuras. Durante mi servicio
militar, también leí mucho puesto que ese periodo duraba
27 meses con la guerra en Argelia. Descubrí Aragon, Roger Martin
du Gard, Henri Barbuse, etc. ¡Todos escribían contra la
guerra! Vuelta a la producción en mayo 1961. Reintegro los hangares
de revisión de Air France en Orly. En 1963, el sindicato CGT me
nombra cabeza de lista de los delegados suplentes y heme aquí elegido
al comité de establecimientos por dos años. Cambio mi par
de fundas de trabajo por unas vestimentas mejor adaptadas al trabajo
de oficina y me inicio en la gestión de un restaurante y su personal.
Descubro algunos chanchullos y otros trapicheos de un gerente que se
ira rápidamente con la música a otra parte (más
tarde evocaré esas experiencias en mi novela Le
cantique des cantines (El cántico de las cantinas)). Encargado también de las
cuestiones culturales, organizo los primeros encuentros entre escritores
y artistas con los obreros y empleados de Air France. A la segunda vez
fue todo un éxito. Invité a Jorge Semprun a la ocasión
de la publicación de su libro Le Grand voyage (El gran viaje).
Si para él es su primer libro, para mí es mi primera entrevista
sobre un escenario para más inri, con más de 150 personas
muy atentas en la sala. Todo se pasara muy bien gracias a la gentileza
de mi interlocutor que, sin saberlo, me puso el pie en el estribo para
la continuación de mis actividades literarias. Este tipo de encuentros
continuará durante un montón de años a razón
de un acto por mes muy concurrido. Mi mandato de dos años terminado,
dejo el comité de establecimientos porque mis camaradas prefieren
elegirme a la cabeza del sindicato de Air France Orly que cuenta, en
la época, 1500 afiliados en un centro industrial de 4500 asalariados.
Todas estas precisiones son útiles para entender como se efectuó mi
encuentro con lo que llamamos en Francia, la novela negra. Ciertamente
mis actividades militantes no habían esclerosado mi bulimia de
lectura pero frecuentaba más a menudo Karl Marx que las obras
completas de James Hadley Chase, aunque mi biblioteca policial crecía
en cada una de mis mudanzas. Fue un sábado por la mañana
yendo a hacer las compras, cuando compré a un librero de viejo
Cosecha roja de Dashiell Hammett. A parte de ese estilo behavorista que
me vuelve loco desde entonces, la historia, apasionante, contaba como
el patrón de un complejo minero (posee la mina, los comercios
de alimentación, los pisos de los mineros, etc.) confrontado a
una huelga dura, llama a unos hombres de mano (gángsteres) para
someter al proletariado. Guardada toda proporción, encontraba
en ese libro, un poco de mis preocupaciones cuotidianas y no tenía
ninguna dificultad para identificarme con los sindicalistas que poblaban
las páginas. Cosecha roja quedará para siempre mi libro
de cabecera porque en el descubrí un microcosmos de la América
de la prohibición y de la represión sindical que me dejo
literalmente chocado. Antes de haber leído ese libro ignoraba
que una novela negra pudiera descifrar de manera tan clara la sociedad
capitalista. Hammet me lo hizo entender y sobre todo, me incitó a
descubrir la novela americana en su diversidad. ¿Qué ocurrió en
esa ciudad apodada Poisonville? Hammett que tiene el arte del atajo,
lo dice en una sola frase que conozco de memoria: “el último
cráneo roto, la última costilla hundida el proletariado
consciente de Poisonville no fue más que un cohete apagado”.
Como ejemplo, no hay más que leer el artículo que el periodista
James Cain (El cartero siempre llama dos veces) publico en 1922 a propósito
de la batalla del carbón. Narraba como los patronos de las minas,
hastiados de no poder ejercer su poder, habían alquilado cuatro
aviones para bombardear una reunión de mineros y de sus
familias.
Entendí rápido cuanto la novela negra americana me permitía
conjugar el placer de la lectura con el enriquecimiento de mis conocimientos
sobre el mundo pasado y el presente, porque, y esa es la lección
que nos trasmite Hammett, por el vector de una historia policial, podemos
narrar un cúmulo de cosas y hacer vivir personajes de sangre y
hueso. He incluso si aprecio, en ocasiones, leer una investigación
de Hércules Poirot, ese tipo de obra esta a cien leguas
del realismo de Hammett y de los que escogieron expresarse con
la novela
negra.
C.
F : Mucho
tiempo considerada una “ seudo-literatura”, “una
subliteratura”, el género policial conoce sin embargo, y
más particularmente desde hace unos años, no solo un auge
fulgurante sino también respeto y un vivo interés: organización
de festivales nacionales e internacionales, lugar especializado en las
librerías, sites Internet y revistas, publicación de enciclopedias
y de obras de crítica, trabajos universitarios, autores de literatura “blanca” que
flirtean a veces en sus ficciones con el género… ¿Cómo
interpreta usted ese fenómeno?
C.
M : Ese fenómeno es complejo y sería pretencioso afirmar
detener las claves porque es seguramente el resultado de muchos factores.
Para empezar, desde hace más de treinta años la novela
francesa se hizo (con algunas excepciones) interesante de tipo “ombligista”.
Algunas personas se alejaron entonces de esa literatura para leer novelas
policiales, uno de los pocos espacios en los que se sabe contar una historia.
A esto se añade que el planeta pasó desde hace tiempo bajo
la férula de los postores del liberalismo de todo pelaje y que
la novela negra nunca estuvo tan viva como en este clima porque entonces
encarna una voz discordante, que hace desorden en el consenso imperante
donde la mayor parte de las fuerzas políticas, que sean de derecha
o de izquierda, cantan, con unos registros más o menos de diferencia,
el mismo estribillo. No solo, la novela policial no se acopla con ese
mundo conformista sino que a menudo lo denuncia. De ese modo sirve a
veces de polo de enganche entre gentes que quisieran cambiar el mundo.
Aquellos que han repetido durante años que la novela policial
no valía nada, son rebatidos todos los días por el contenido
y la riqueza de las obras editadas. La calidad de la escritura es la
marca indeleble de la novela policial contemporánea. La gente
que lee novela policial no tiene por lo tanto ningún complejo
en relación a las letanías de antaño. Las leen sin
apocamiento y hacen proselitismo.
Se puede notar también un cambio en el seno del lectorado femenino.
Hace unos treinta años, las lectoras seguían siendo mayoritariamente
adeptas del “suspense” (Mary Higggins Clarke) y de la novela
de enigma (Agatha Christie). Después, algunas novelistas envistieron
la novela negra. Sus protagonistas ya no son viejas en pantuflas que
rumian galletitas, sino enérgicas cuarentonas que hacen jogging
todas las mañanas. Después de haber largado a su chulo
de suburbio, se divierten solas en investigaciones en las que ellas expresan
reivindicaciones feministas y el derecho a la diferencia en el tema de
la sexualidad. Esta libertad de tono coincidiendo con el de miles de
mujeres comprometidas en la lucha feminista de los años 70, condicionará la
elección de esas nuevas lectoras.
Pero a todo eso, conviene añadir, en Francia, todo lo que pudo
surgir después del nacimiento de la Asociación 813 y de
los festivales de Reims (1979-1986), Grenoble (1987-1989), Saint –Nazaire
(1988-1997). Anteriormente, los aficionados estaban más bien aislados,
cada uno en su esquina. Ahora se da uno cuenta de que bastante gente
comparte una pasión común. Reuniones así permiten
que comiencen a federarse las energías. Grandes autores son invitados,
y el público sigue. Se producen intercambios y los lectores se
atreven por fin a confesar su amor por el género, que anteriormente
se ocultaba como algo vergonzoso. Al mismo tiempo nace la colección
Rivages/Noir de François Guérif. Los comienzos son difíciles
pero los logros, entre otros gracias al éxito de los libros de
Ellroy, cambian la actitud del los editores hacía el género.
Con sus traducciones completas y cuidadas, el seguimiento de los autores,
Rivales obliga a los competidores a reflexionar. La novela policial gana
en respetabilidad y numerosas colecciones empiezan a nacer.
C. F : ¿Que países son los más innovadores, los
más prolíficos en la producción literaria del género
negro? ¿Cómo lo explica y qué tendencias son las
más explotadas?
C. M : Entre los más innovadores encontramos a Suecia con un semillero
de autores con talento incluso si algunos epígonos son menos brillantes.
También esta el Reino Unido con Ingleses como Minette Walters,
Val McDermid, John Harvey, Nicolas Blincoe. Pero también escoceses
que se llaman Ian Rankin, Christopher Brookmyre, Philip Kerr, sin olvidar
a mi viejo amigo William McIllvaney. Si para los anglosajones, la novela
histórica sigue siendo la tarta a la crema cotidiana, la novela
de procedimiento policial es muy apreciada por la mayoría: Rankin,
Harvey, Mac Dermid, entre los ya citados pero igualmente por nuevos autores
aún poco conocidos. La innovación también vale para
Italia y España donde los regimenes fascistas han, durante años,
impedido que se manifestase toda opinión contraria. Hay, por fin,
toda América latina que se abrió a este tipo de relato
sin por ello renunciar al oneirismo realismo mágico y la irrisión,
entre otros, que son atributos evidentes de las literaturas latinoamericanas.
C.
F : ¿Según usted, la novela negra es la mejor manera
de narrar la angustia y “el baile macabro” (expresión
de Alain Demouzon) de nuestras sociedades?
C.
M : No sé si constituye la mejor manera, pero para mí es
la que se corresponde con mi sensibilidad de lector.
C.
F : ¿Cuales son sus esperanzas en el ámbito del polar
para el año 2005?
C.
M : Que el número de obras publicadas (entre 1350 y 1400 títulos
cada año) se modere un poco porque nadie tiene el tiempo de leerlo
todo. Ese tipo de superproducción no favorece al polar.
C. F : ¿Cuales son las novelas que ha leído últimamente
y que han suscitado su interés, o si fuere el caso fascinación?
C.
M : El año pasado Shutter Island de Dennis Lehane y una novela
francesa de Hervé Lecorre : L’Homme aux lèvres de
saphir (El hombre con labios de zafiro). Es una joya, como se puede imaginar.
C.
F : Usted
ya se estrenó escribiendo novela negra (por ejemplo,
Le cantique des cantines [ El cántico de las cantinas]) ¿entonces
para cuándo la próxima publicación de su criatura?
C. M : … tengo un título si lo quiere : "claudio.m.com/detective.publinet", ¿qué le
parece? Como me hacen a menudo esa pregunta, retomó una respuesta
ya expresada en otro sitio porque se corresponde bien con mi temperamento.
Estimo que no tengo nada que aportar por el lado de la novela. Por otro
lado, cuando leo a Vargas, Oppel, Dessaint, Pennac, Raynal y algunos
más, considero mi manera de escribir demasiado corriente. Entonces
prefiero dejar le la tarea de escribir novelas a aquellos que lo hacen
muy bien. No tengo ninguna ambición literaria. Sin embargo, me
gusta trasmitir el virus de la lectura a los demás. Me gusta hacer
compartir mis pasiones y como nací en una época en la que
el polar era vilipendiado, tuve ganas de defenderlo y de hacer lo que
aún no se había hecho nunca. Un trabajo dedicado a la vida
y obra de todos esos novelistas despreciados por la intelligentsia para
que quede rastro de ellos, que no sean olvidados por completo.
Traduccion:
Zeki
>> Bibliografía
(sacado de mauvaisgenres.com) :
1982. Voyage
au bout de la noire [Viaje al cabo de la negra] (Futuropolis),
en colaboración con Jean-Jacques Schléret. Biografía,
bibliografía et filmografía de 732 autores de la Série
Noire (Serie Negra) y Série Blême (Serie Pálida),
(1945 à 1980). Trofeo 813 al mejor ensayo “policial” del
año.
1985. Voyage
au bout de la noire. Tome 2[Viaje al cabo de la negra 2º tomo].
Con 72 nuevos autores (1980/1985).
1988. Pas
de peau pour Miss Amaryllis (Souris Noire,
Syros). Historia policial para niños. Adaptada en televisión
(Souris Noire FR3).
1992. Les
Années Série Noire [Los años Serie Negra]
(Encrage). Tomo 1 - 1945/1959. Estudio de la colección Gallimard.
Cada volumen contiene el análisis de 500 títulos (resumen
completo de la obra, juicio critico, citas, curiosidades) fichas de personajes,
varios índices (temas, personajes, traductores, títulos
originales, lugares, títulos franceses) y un repaso de la política
editorial seguida año tras año. Trofeo 813 al mejor estudio “policial” del
año.
1993. Les
Années Série Noire [Los años
Serie Negra] (Encrage). Tomo 2 - 1959/1966.
1994. Les
Années Série Noire [Los años
Serie Negra] (Encrage). Tomo 3 - 1966/1972.
1995. Les
Années Série Noire [Los años Serie Negra]
(Encrage). Tomo 4 - 1972/1982. 1995. La Crème du crime [La crema
del crimen] (L’Atalante). En colaboración con Michel Lebrun.
Antología de la nueva novela negra y policial francófona.
Elección de 88 textos precedidos de una historia de la novela
policial francesa desde los origines hasta hoy en día.
1995. Chroniques
au noir [Crónicas al negro] (Options). Recopilación
de artículos publicados en la revista Options (1993/1995).
1996. Le
Cantique des cantines [El cántico de
las cantinas] (Baleine) novela de la serie Le Poulpe (El pulpo).
1996. Les
Auteurs de la série noire [Los autores de la Serie
Negra] (Editions Joseph K.). Edición revisada y aumentada
de Voyage au bout de la noire [Viaje al cabo de la negra] (1945/1995).
1999. Joyeux
Noëls [Felices Navidades] (Fleuve Noir). Realización
de una recopilación relatos negros inéditos con trece
autores franceses .
2000. Les
Années Série Noire [Los años Serie Negra]
(Encrage). Tomo 5 - 1982/1995 2003. Dictionnaire des littératures
policières. 2 volumes (Joseph K.)
2003. Dictionnaire
des littératures policières Diccionairo
de las literaturas policiales ] 2 volúmenes (Joseph K.,
Nantes)