Después
de L'énigme de la Blancarde (El enigma
de la Blancarde) y de La faute de l'Abbé Richaud (La
culpa del Abad Richaud) he aquí el tercer volumen
de los Nuevos Misterios de Marsella (Nouveaux
Mystères de Marseille), que se desarrollan a finales
del siglo XIX.
1899,
Raoul Signoret, periodista del diario marsellés “Le
Petit Provençal” presencia la ejecución de un
anarquista. Poco después encuentra al obrero tipógrafo
Bouillot que le desvela los arcanos del universo anarquista. También
le ayuda a descifrar el secreto del doctor Danglars a quien, en este
mismo momento, juzgan por aborto ilegal. ¿Por qué a
este hombre cuya bondad lo hace tan cercano a los pobres no lo quieren
algunas personas? Y ¿qué secretos se esconden detrás
de los muros de su casona del barrio elegante de San Giniez? ¿Podría
ser su estancia en el Lejano Oriente la causa de su culpable adicción
al opio?
Folletín “a
la antigua” perfectamente logrado, esta obra histórica
resulta muy moderna y Contrucci hace gala de las mismas convicciones
humanistas que hicieron que nos gustaran tanto sus dos primeras novelas.
Entre otras cosas la obra le brinda al autor la oportunidad de lanzar
un alegato contra la pena de muerte, ese asesinato republicano. Con
un humor que le permite afrontar lo peor, denuncia la explotación
de los trabajadores y las durísimas condiciones laborales
que destruyen su salud. En esta tercera investigación de Raoul
nos volvemos a encontrar con gran placer con su esposa, la hermosa
Cécile, así como con la tía Thérèse
y el tío Eugène, director adjunto de la Seguridad de
Marsella. Forman un pequeño círculo familiar que confiere
a esta novela una poesía y una suavidad muy mediterránea.