Por
noveno año consecutivo se festejó la novela negra en
un lugar algo extaño: una antigua capilla desacralizada.
Allí han
reunido pues a unos treinta autores para encuentros con un público
cada vez más numeroso y fiel. Conviene decir que quienes
organizan esta manifestación son unos especialistas: Jean-Claude
Lecoq y Serge Rey, los dueños de Urubu, una librería
especializada en novela negra e instalada en Valence, así como
los trabajadores
de lo negro, una asociación libertaria muy dinámica.
Sin
subvención alguna, el conjunto de benévolos ha
ganado una vez más su apuesta: un evento durante el cual
un público
numeroso compra montones de libros (algo poco usual) y con momentos
privilegiados durante los cuales uno traba amistades y comparte,
lo que importa más
que todo lo demás.
Un ambiente muy peculiar, sin café literario ni conferencias
pero sí con lectores que se pasan horas discutiendo con los
escritores allí presentes.
En
este festival se otorga el premio Polar detrás de los
muros : a lo largo del año proponen libros a los
presos de la región Ródano-Alpes. A principios
del 2005 sus votos han sido recogidos mediante varias asociaciones.
Este
año ha sido
premiada Hannelore Cayre por su Commis d’office (Abogado
de oficio) editado por las ediciones Metaillé.