Porqué no
Robert
Deleuse, Escritor
trad. Lourdes Pérez
De
Gaulle y Mitterrand se dieron una cita con la Historia. El primero
lanzó
su proclama londinense un 18 de junio del año 40, y no el 17
o el 19. Hay que decir que el 18 coincidía con su correspondiente
de 1815 testigo de la derrota de la marina francesa en Waterloo.
Miterrand,
por su parte, marcó en el calendario el domingo 20 de septiembre
de 1992 para realizar su referéndum sobre Maastricht. O, lo
que es lo mismo, doscientos años justos después de
la victoria de Valmy. Chirac (que nunca creyó en casi nada
y mucho menos en Europa) fijó la fecha de su referendum sobre
la Constitución
europea el domingo 29 de mayo, día de la Madre, fiesta creada
por el Mariscal Pétain que, lamentablemente, también
tenía
su propia idea de Europa. Salvando todas las distancias ¿Podemos
establecer una correspondencia ?
Seguramente
sí en la renuncia
de este Viejo Continente a convertirse en un modelo original en vez
de ser el módulo de una potencia dominante. Ciertamente sí
en la medida en que esta constitución no emana de ninguna asamblea
constituyente, no consagra la soberanía popular, no fija ninguna
frontera a la Unión y excluye cualquier ciudadanía
europea en beneficio de identidades nacionalitarias. Evidentemente
sí
en la regresión social que impone al eliminar de su texto cualquier
alusión a un salario mínimo, al subsidio de paro, a
una vivienda habitable, a la formación continua.
Como
vemos, abundan los motivos para votar NO. Sin embargo, algunos optarán
por la vía de la colaboración diciendo sí. El
domingo 29 de mayo de 2005, los ciudadanos europeos sinceros condensarán
los verbos “resignarse” y “renunciar” en
una
única consigna : RESISTIR. Y sólo hay una forma de hacerlo
: votando NO a esta Constitución de los “Guillotinos”
de derechas y de los “Trissotinos” de Izquierdas.

¡El
desarme es anticonstitucional!
Christian
v. Ditfurth, Escritor
trad. Lourdes Pérez
Quién
nos iba a decir que Lenin, el gran terrorista, iba a acabar teniendo
razón cuando dijo que los Estados Unidos de
Europa bajo el capitalismo son imposibles o son reaccionario. De
todas formas, en las 250 páginas del proyecto de Constitución
se ocultan párrafos totalmente absurdos.
Por
ejemplo, en el artículo I-41, los Estados miembros se comprometen a
mejorar sus capacidades militares. Sin duda es la única
constitución
del mundo que plantea semejante cosa: el desarme es anticonstitucional.
Totalmente descabellado. También se afirma que el conjunto
de las Fuerzas Armadas pueden intervenir en el mundo entero —de
conformidad con la Carta de Naciones Unidas— como es lógico.
Utilizando una expresión tan astuta como ésta, la
OTAN se otorgó en su momento el derecho a hacer la guerra.
Pero,
al margen de estas consideraciones, no será esta Constitución
la que haga de Europa una gran democracia. La idea de una Europa
libre, hija de las secuelas de las guerras y la opresión,
corre el riesgo de morir asfixiada por una gigantesca burocracia.
Europa necesita
un parlamento con plenos derechos surgido de elecciones comunes,
parecidas y libres, y no la comisión Fulanito o Manganito
que sólo
representa a los gobiernos nacionales. Pero es probable que el
Proyecto de Constitución muera durante los Referendums y
en Europa todo seguirá yendo tan mal como hasta ahora. Con
este proyecto de Constitución sólo iría un
poquito mejor. Europa necesita un verdadero salto hacia adelante
o nada.

Más
consumidor que ciudadano
Nacho
Faerna,
Escritor
Lo peor
de esta Unión Europea es que tiene su origen en un
Mercado. Probablemente sea el signo de los tiempos, estos gobiernos
dirigidos por fenicios. Personalmente preferiría una Europa
de ciudadanos antes que una de consumidores. Yo unificaría las
ideas antes que la economía, los parlamentos antes que los bancos.
Un español compra en carrefour, conduce un volkswagen, y viste
de armani, pero a duras penas entiende el francés, el alemán
o el italiano. Europa se ha convertido en una extraña babel
de moneda única.
Por otro
lado, lo mejor de esta Unión Europea es la superación
de las fronteras. Estoy totalmente en contra de todos los nacionalismos.
Sobre todo de los que se construyen con criterios raciales o religiosos.
Lo mejor de Europa es que es aconfesional, geográficamente ampliable, étnicamente
diversa. Me gusta la Europa heredera de la Ilustración, de la
Revolución Francesa, de la Diosa Razón.
Pero la
Ilustración ya inspiró una Constitución.
En 1787. La de los Estados Unidos de América.
Y es que
yo soy partidario de un imposible. Un imposible que sería
la derrota definitiva del narcisismo nacionalista. Si de mí dependiera,
la Unión Europea adoptaría la Carta magna americana.
Sólo necesitaría pequeños ajustes en la letra,
pero su espíritu humanista y liberal (en el mejor sentido de
la palabra) permanecería inalterable en un razonable viaje de
vuelta a Europa que enlazaría, al menos simbólicamente,
el final del siglo XVIII con el comienzo del XXI, sorteando el ominoso
XX de las dos Grandes Guerras.
Sería además un eficaz golpe de efecto contra las veleidades
imperialistas del amigo americano. Porque, como todo el mundo sabe,
los imperios se imponen a la fuerza, ésa es su razón
de ser. No están preparados para la “sumisión activa”,
si se me permite la paradójica expresión. Así,
de paso, garantizaríamos que esa magnífica constitución
se cumpliera en algún sitio, porque en donde fue promulgada
gobiernan desde hace tiempo sus más acérrimos enemigos.
Nosotros,
los Europeos, a fin de formar una Unión más
perfecta, establecer Justicia, afirmar la convivencia, proveer la defensa
común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros
mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad,
estatuimos y sancionamos esta Constitución para los Estados
Unidos de Europa...
No sería
un mal comienzo, creo yo.
Référendum
: un sí realista y optimista
Hervé JAOUEN,
Escritor
trad. Zeki
Antes que nada hay que aclarar un malentendido: no se trata de una
constitución, sino de un tratado constitucional para organizar
una Europa económica de 25. Es el resultado de múltiples
compromisos.
En relación con los tratados de Maastricht y de Niza no hay
ningún retroceso.
No se trata de un resultado final sino de un paso más hacía
una organización supranacional. Es un tratado que se añade
a los precedentes y será seguido por otros tratados.
El debate, de hoy, no es de hacer o no una Europa política.
El problema no es votar sobre una Europa de izquierdas o de derechas.
Mientras se espera la Europa política (dentro de 50
o de 100 años?), serán los regímenes de los países
miembros los que serán de izquierdas o de derechas y actuarán
en consecuencia. El nuevo tratado no modifica en nada ese punto de
vista.
Sí, este nuevo tratado se apoya sobre el « liberalismo » o
la ley del mercado. Podemos lamentarlo, pero es forzoso constatar que,
desde la quiebra de los regímenes del Este, no existe más
que este modelo. Esta referencia a la ley del mercado existe desde
el tratado de Roma. Darse cuenta hoy resulta un poco extraño.
En una Europa de 25, incumbirá a las políticas nacionales
(¡y a los ciudadanos que elegirán a personas de izquierdas
o de derechas!) el corregir las eventuales derivas, como anteriormente.
La construcción de Europa tiene más cualidades que defectos.
Sus efectos sobre el crecimiento de los países miembros han
sido fantásticos. La continuación de la construcción
europea es vital para todo el mundo.
Miembros de pleno derecho, los nuevos llegados evolucionarán
sobre le plano político, como lo han hecho otros países,
tales como Irlanda, España, Portugal.
Algunos partidarios del "no" (extrema derecha, soberanistas)
explotan miedos de tipo "milenarista" –mañana
el Apocalipsis – o hacen la demagogia de siempre – la hidra
administrativa bruselense. Abundar en su sentido sería indigno.
Sospecho
que Chirac escogió la vía del referéndum
para sembrar cizaña en las filas de la izquierda (en ese caso
lo logró).
No estoy
seguro de que la laboriosa renegociación que conllevaría
una victoria del no, desembocara en un mejor compromiso.
Por todas esas razones, y muchas más, votaré Sí en
el referéndum. Será un Sí realista y optimista.
¡No,
gracias!
Michèle
Lesbre, Novelista
trad. Lourdes Pérez
"Pues el ultraliberalismo genera miseria, que es un fermento
de rebelión y el abono para que resurjan las ideologías
racistas…" escribe Louise L Lambrichsen en Nous
ne verrons jamais Vukovar.
¿Así que el 29 de mayo me piden que diga sí o
no a una costitución para Europa? ¿Pero a qué Europa?
¿
La que contempla cómo el " demócrata" Putin
destruye Chechenia?
¿ La que aspira a abolir las fronteras y sin embargo rechaza a los exiliados
de la miseria?
¿ La que vende armas a los africanos y deja que se mueran de hambre y
de Sida?
¿
La que, al amparo de las normas europeas, está destruyendo la
protección social en nuestro país y en otros donde el
paro no cesa de aumentar?
¿
La que es incapaz de crear las condiciones que acaben con los estragos
de todas las masacres que tiñeron de sangre el siglo pasado,
para poder construir sobre algo que no sean ruinas?
¿
La que, negándose a analizar las verdaderas causas del terrorismo,
permite que un presidente americano fanático y peligroso campe
a sus anchas?
Podría añadir muchos más reproches a esta lista.
Todos nosotros somos responsables de esta Europa que me niego a avalar. ¡Votaré no!
No tengo otra manera de expresarme.

La
puerta abierta a un atisbo
Fernando
Martínez Laínez, Escritor
Soy escéptico con respecto a la realidad presente de
Europa. Una Europa falta de ilusión, sin proyecto político
común ni voluntad para dejar sentir con fuerza su presencia
en el mundo, y establecer un equilibrio más justo en el concierto
internacional. Por el momento, sólo desempeñamos el papel
de comparsas de Estados Unidos en el escenario mundial, y seguimos
siendo un continente fragmentado por intereses egoístas y el
recuerdo de rencillas pasadas. La reciente ampliación de la
UE a 25 miembros, no solo ha dejado sin resolver este problema esencial,
sino que lo ha agravado, y será muy difícil, por falta
de empeño real, que ese conglomerado difuso que llamamos Europa
pueda superar los desafíos que le esperan.
El panorama se agrava por el lastre de una casta burocrática
instalada en Bruselas que maneja las palancas de la Unión a
su aire, cada vez más descontrolada y endogámica.
Dicho esto, debo añadir que voté SI al proyecto de Constitución
europea porque supone dejar la puerta abierta a un atisbo de esperanza
en una futura Europa unida, respetada y libre.
