el policiaco en el punto de mira
n°1 Mayo-Junio de 2005

 

Sobre la constitución europea


Mouloud Akkouche, Si a... otra constituciòn
Didier Daeninckx, Un NO en nombre de Europa
Robert Deleuse, Porqué no
Christian v. Ditfurth, ¡El desarme es anticonstitucional!

Nacho Faerna, Más consumidor que ciudadano
Hervé Jaouen, Reférendum : un sí realista y optimista
Michèle Lesbre, No gracias !
Fernando Martínez Laínez, La puerta abierta a un atisbo

 


Si a... otra constituciòn

Mouloud Akkouche, Novelista
trad. Lourdes Pérez

El patrón de patrones franceses dijo recientemente con todo su aplomo que el salario mínimo en Francia era demasiado alto. ¿Y por qué no inventan un impuesto sobre el oxígeno que respiran los parados? Bien mirado, el aire no escasea. En cuanto a este proyecto de constitución, por principio yo no quería estar en contra. Y la idea de Europa me parecía interesante para frenar las tentaciones carniceras de los Bush y los Putin. Resumiendo: me habría inclinado a votar que sí. Pero, desgraciadamente, el especial del diario l’Humanité dedicado a este proyecto de constitución perturbó mi placidez. Luego, los artículos de un economista segaron de cuajo mis veleidades por el “sí”. Y empecé a informarme en serio. Y acabé llegando a la conclusión siguiente: quieren esquilmar todavía más al “pueblo europeo”. Estrujarlo más. El carburante de esta constitución es el máximo beneficio. A diario ya se aprecian los efectos de esa carrera febril: deslocalizaciones más o menos discretas, recortes de personal en centros educativos, colas cada vez más largas en los comedores de beneficencia. La lista es suficientemente larga, pero ellos quieren alargarla aún más.

Pero ¿quiénes son ELLOS?

Virtuosos internacionales del racaneo casi siempre incapaces de asomarse por la ventana de sus despachos — la miseria da vértigo—. Humanos como tú y como yo con sus correspondientes altibajos. La gran diferencia es que detentan el poder. Y con la mirada clavada en las fluctuaciones de la bolsa, sacrifican a otros humanos en aras de la economía.
Ustedes, los virtuosos del racaneo, deberían dejar de querer tener siempre en su plato un ”steak option “. Y dejar de subirse el sueldo (+ 23% en 2003 ) con una mano mientras con la otra despiden a todos los que no son suficientemente rentables para los accionistas. Familias rotas y regiones exangües con un simple gesto, mientras que la media de sus sueldos mensuales es de casi 200.000 euros. Y mientras se disparan los beneficios de empresas como la sociedad Total.

Este proyecto de constitución sólo tiene un objetivo: aumentar los beneficios de unos pocos y la miseria de muchos. Y nosotros no queremos ni una cosa ni otra. ¡Sin lugar a dudas hay que votar no!


Un NO en nombre de Europa

Didier Daeninckx, Escritor
trad. Lourdes Pérez

Tras la desaparición de las fronteras y de las monedas “locales” podía pensarse que Europa trataría de acabar con otras disparidades y, principalmente, con las fronteras económicas que separan a los individuos.

Los promotores de esa Constitución que nos piden que votemos han tomado otra dirección: la del refuerzo de las desigualdades.
Las disposiciones más preocupantes sin lugar a dudas se refieren a los servicios públicos, algunos de los cuales corren incluso riesgo de desaparición, dado que estarán sujetos a las Normas sobre Competencia (Art. III-166).
En cuanto a la financiación pública en materia cultural también lo que prima es la lógica liberal: Sólo podrán contemplarse ayudas “compatibles con el mercado interior” para “fomentar la cultura y la conservación del patrimonio” en el caso de que “no alteren las condiciones de los intercambios y de la competencia”.
El concepto de “excepción cultural” que la opinión pública logró imponer en las negociaciones sobre la Organización Mundial del Comercio queda sin efecto ya que según esta Constitución, la Unión europea “contribuirá al desarrollo armonioso del comercio mundial, a la supresión progresiva de las restricciones a los intercambios internacionales y a las inversiones extranjeras directas” (Art. III-314).

El hecho de que estas directivas sólo pueda revisarse por decisión unánime de los miembros de la Comunidad sólo nos deja la opción del NO si queremos preservar las posibilidades de una Europa social.


Porqué no

Robert Deleuse, Escritor
trad. Lourdes Pérez

De Gaulle y Mitterrand se dieron una cita con la Historia. El primero lanzó su proclama londinense un 18 de junio del año 40, y no el 17 o el 19. Hay que decir que el 18 coincidía con su correspondiente de 1815 testigo de la derrota de la marina francesa en Waterloo. Miterrand, por su parte, marcó en el calendario el domingo 20 de septiembre de 1992 para realizar su referéndum sobre Maastricht. O, lo que es lo mismo, doscientos años justos después de la victoria de Valmy. Chirac (que nunca creyó en casi nada y mucho menos en Europa) fijó la fecha de su referendum sobre la Constitución europea el domingo 29 de mayo, día de la Madre, fiesta creada por el Mariscal Pétain que, lamentablemente, también tenía su propia idea de Europa. Salvando todas las distancias ¿Podemos establecer una correspondencia ?

Seguramente sí en la renuncia de este Viejo Continente a convertirse en un modelo original en vez de ser el módulo de una potencia dominante. Ciertamente sí en la medida en que esta constitución no emana de ninguna asamblea constituyente, no consagra la soberanía popular, no fija ninguna frontera a la Unión y excluye cualquier ciudadanía europea en beneficio de identidades nacionalitarias. Evidentemente sí en la regresión social que impone al eliminar de su texto cualquier alusión a un salario mínimo, al subsidio de paro, a una vivienda habitable, a la formación continua.

Como vemos, abundan los motivos para votar NO. Sin embargo, algunos optarán por la vía de la colaboración diciendo sí. El domingo 29 de mayo de 2005, los ciudadanos europeos sinceros condensarán los verbos “resignarse” y “renunciar” en una única consigna : RESISTIR. Y sólo hay una forma de hacerlo : votando NO a esta Constitución de los “Guillotinos” de derechas y de los “Trissotinos” de Izquierdas.


¡El desarme es anticonstitucional!

Christian v. Ditfurth, Escritor
trad. Lourdes Pérez

Quién nos iba a decir que Lenin, el gran terrorista, iba a acabar teniendo razón cuando dijo que los Estados Unidos de Europa bajo el capitalismo son imposibles o son reaccionario. De todas formas, en las 250 páginas del proyecto de Constitución se ocultan párrafos totalmente absurdos.

Por ejemplo, en el artículo I-41, los Estados miembros se comprometen a mejorar sus capacidades militares. Sin duda es la única constitución del mundo que plantea semejante cosa: el desarme es anticonstitucional. Totalmente descabellado. También se afirma que el conjunto de las Fuerzas Armadas pueden intervenir en el mundo entero —de conformidad con la Carta de Naciones Unidas— como es lógico. Utilizando una expresión tan astuta como ésta, la OTAN se otorgó en su momento el derecho a hacer la guerra.

Pero, al margen de estas consideraciones, no será esta Constitución la que haga de Europa una gran democracia. La idea de una Europa libre, hija de las secuelas de las guerras y la opresión, corre el riesgo de morir asfixiada por una gigantesca burocracia. Europa necesita un parlamento con plenos derechos surgido de elecciones comunes, parecidas y libres, y no la comisión Fulanito o Manganito que sólo representa a los gobiernos nacionales. Pero es probable que el Proyecto de Constitución muera durante los Referendums y en Europa todo seguirá yendo tan mal como hasta ahora. Con este proyecto de Constitución sólo iría un poquito mejor. Europa necesita un verdadero salto hacia adelante o nada.


Más consumidor que ciudadano

Nacho Faerna, Escritor

Lo peor de esta Unión Europea es que tiene su origen en un Mercado. Probablemente sea el signo de los tiempos, estos gobiernos dirigidos por fenicios. Personalmente preferiría una Europa de ciudadanos antes que una de consumidores. Yo unificaría las ideas antes que la economía, los parlamentos antes que los bancos. Un español compra en carrefour, conduce un volkswagen, y viste de armani, pero a duras penas entiende el francés, el alemán o el italiano. Europa se ha convertido en una extraña babel de moneda única.

Por otro lado, lo mejor de esta Unión Europea es la superación de las fronteras. Estoy totalmente en contra de todos los nacionalismos. Sobre todo de los que se construyen con criterios raciales o religiosos. Lo mejor de Europa es que es aconfesional, geográficamente ampliable, étnicamente diversa. Me gusta la Europa heredera de la Ilustración, de la Revolución Francesa, de la Diosa Razón.

Pero la Ilustración ya inspiró una Constitución. En 1787. La de los Estados Unidos de América.

Y es que yo soy partidario de un imposible. Un imposible que sería la derrota definitiva del narcisismo nacionalista. Si de mí dependiera, la Unión Europea adoptaría la Carta magna americana. Sólo necesitaría pequeños ajustes en la letra, pero su espíritu humanista y liberal (en el mejor sentido de la palabra) permanecería inalterable en un razonable viaje de vuelta a Europa que enlazaría, al menos simbólicamente, el final del siglo XVIII con el comienzo del XXI, sorteando el ominoso XX de las dos Grandes Guerras.

Sería además un eficaz golpe de efecto contra las veleidades imperialistas del amigo americano. Porque, como todo el mundo sabe, los imperios se imponen a la fuerza, ésa es su razón de ser. No están preparados para la “sumisión activa”, si se me permite la paradójica expresión. Así, de paso, garantizaríamos que esa magnífica constitución se cumpliera en algún sitio, porque en donde fue promulgada gobiernan desde hace tiempo sus más acérrimos enemigos.

Nosotros, los Europeos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la convivencia, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de Europa...

No sería un mal comienzo, creo yo.


Référendum : un sí realista y optimista

Hervé JAOUEN, Escritor
trad. Zeki


Antes que nada hay que aclarar un malentendido: no se trata de una constitución, sino de un tratado constitucional para organizar una Europa económica de 25. Es el resultado de múltiples compromisos.
En relación con los tratados de Maastricht y de Niza no hay ningún retroceso.
No se trata de un resultado final sino de un paso más hacía una organización supranacional. Es un tratado que se añade a los precedentes y será seguido por otros tratados.
El debate, de hoy, no es de hacer o no una Europa política.
El problema no es votar sobre una Europa de izquierdas o de derechas. Mientras se espera la Europa política (dentro de 50 o de 100 años?), serán los regímenes de los países miembros los que serán de izquierdas o de derechas y actuarán en consecuencia. El nuevo tratado no modifica en nada ese punto de vista.
Sí, este nuevo tratado se apoya sobre el « liberalismo » o la ley del mercado. Podemos lamentarlo, pero es forzoso constatar que, desde la quiebra de los regímenes del Este, no existe más que este modelo. Esta referencia a la ley del mercado existe desde el tratado de Roma. Darse cuenta hoy resulta un poco extraño. En una Europa de 25, incumbirá a las políticas nacionales (¡y a los ciudadanos que elegirán a personas de izquierdas o de derechas!) el corregir las eventuales derivas, como anteriormente.

La construcción de Europa tiene más cualidades que defectos. Sus efectos sobre el crecimiento de los países miembros han sido fantásticos. La continuación de la construcción europea es vital para todo el mundo.
Miembros de pleno derecho, los nuevos llegados evolucionarán sobre le plano político, como lo han hecho otros países, tales como Irlanda, España, Portugal.
Algunos partidarios del "no" (extrema derecha, soberanistas) explotan miedos de tipo "milenarista" –mañana el Apocalipsis – o hacen la demagogia de siempre – la hidra administrativa bruselense. Abundar en su sentido sería indigno.

Sospecho que Chirac escogió la vía del referéndum para sembrar cizaña en las filas de la izquierda (en ese caso lo logró).

No estoy seguro de que la laboriosa renegociación que conllevaría una victoria del no, desembocara en un mejor compromiso.
Por todas esas razones, y muchas más, votaré Sí en el referéndum. Será un Sí realista y optimista.


¡No, gracias!

Michèle Lesbre, Novelista
trad. Lourdes Pérez

"Pues el ultraliberalismo genera miseria, que es un fermento de rebelión y el abono para que resurjan las ideologías racistas…" escribe Louise L Lambrichsen en Nous ne verrons jamais Vukovar.

¿Así que el 29 de mayo me piden que diga sí o no a una costitución para Europa? ¿Pero a qué Europa?
¿ La que contempla cómo el " demócrata" Putin destruye Chechenia?
¿ La que aspira a abolir las fronteras y sin embargo rechaza a los exiliados de la miseria?
¿ La que vende armas a los africanos y deja que se mueran de hambre y de Sida?
¿ La que, al amparo de las normas europeas, está destruyendo la protección social en nuestro país y en otros donde el paro no cesa de aumentar?
¿ La que es incapaz de crear las condiciones que acaben con los estragos de todas las masacres que tiñeron de sangre el siglo pasado, para poder construir sobre algo que no sean ruinas?
¿ La que, negándose a analizar las verdaderas causas del terrorismo, permite que un presidente americano fanático y peligroso campe a sus anchas?
Podría añadir muchos más reproches a esta lista. Todos nosotros somos responsables de esta Europa que me niego a avalar. ¡Votaré no! No tengo otra manera de expresarme.


La puerta abierta a un atisbo

Fernando Martínez Laínez, Escritor

Soy escéptico con respecto a la realidad presente de Europa. Una Europa falta de ilusión, sin proyecto político común ni voluntad para dejar sentir con fuerza su presencia en el mundo, y establecer un equilibrio más justo en el concierto internacional. Por el momento, sólo desempeñamos el papel de comparsas de Estados Unidos en el escenario mundial, y seguimos siendo un continente fragmentado por intereses egoístas y el recuerdo de rencillas pasadas. La reciente ampliación de la UE a 25 miembros, no solo ha dejado sin resolver este problema esencial, sino que lo ha agravado, y será muy difícil, por falta de empeño real, que ese conglomerado difuso que llamamos Europa pueda superar los desafíos que le esperan.
El panorama se agrava por el lastre de una casta burocrática instalada en Bruselas que maneja las palancas de la Unión a su aire, cada vez más descontrolada y endogámica.
Dicho esto, debo añadir que voté SI al proyecto de Constitución europea porque supone dejar la puerta abierta a un atisbo de esperanza en una futura Europa unida, respetada y libre.

 

 


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