el policiaco en el punto de mira
n°2 Julio-Agosto-Septiembre de 2005

 

 

>> Lectura

Líneas de sombra.
Historias de criminales y policías
Lorenzo Silva

Destino 2005

Javier Sánchez Zapatero

 

Lorenzo Silva, uno de los más prolíficos escritores del panorama literario hispánico (desde su ópera prima, allá por 1995, ha publicado ya más de veinte novelas, enmarcadas en un amplio espectro genérico), es el creador de la singular pareja de investigadores de la Guardia Civil, cuerpo de seguridad estatal del Estado español con funciones policiales y estructura militar, Bevilacqua y Chamorro. Hasta la fecha, los dos agentes han protagonizado tres novelas (El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente de la que se hizo una versión cinematográfica homónima- y La niebla y la doncella) y una colección de relatos que, bajo el nombre de Nadie vale más otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua, se publicó a finales del pasado 2004. Con esta última obra aún en los estantes de novedades de las librerías, Lorenzo Silva vuelve a hacer gala de su fecundidad creativa con la publicación de Líneas de sombra, recopilación de reportajes sobre algunos de los más truculentos casos de la más reciente crónica negra española ya publicados en diversos medios de comunicación y de artículos de corte ensayístico en los que el escritor reflexiona sobre su propia producción literatura y sobre el género negro al que se adscribe gran parte de ella.

Como bien reza su subtítulo, la obra es un compendio de historias de criminales y policías, de personajes, en definitiva, que siempre se mueven en ese fronterizo y umbrío territorio situado en los márgenes de la ley. Demostrando que la realidad casi siempre supera a la ficción, en la primera parte del libro esas historias están protagonizadas por personajes reales, actores principales de los más trágicos y escabrosos asuntos delictivos vividos en España en los últimos años. Los asesinatos de Rocío Wanninkhof y de Sonia Carabantes, el secuestro de María Àngels Feliu, la turbulenta peripecia carcelaria de El Vaquilla o el caso del psicópata del naipe son diseccionados por la crítica mirada y la siempre ágil pluma de Silva en un ejercicio literario cuya intensidad recuerda irremediablemente a las novela-reportaje de Truman Capote. Sin sensacionalismos y evitando caer en la acumulación de datos y declaraciones sin análisis previo, frecuente vicio del periodismo actual, el autor logra construir una rigurosa y amena crónica de la España negra en la que destaca la minuciosidad con que son reflejadas las rutinas de trabajo de las fuerzas de seguridad. Detrás del detalle con que se muestran esos hábitos laborales se esconde una intensa labor documental e investigadora, la misma que sostiene la verosimilitud y el hálito de realidad de sus novelas Silva se aleja de los viejos prejuicios hacia los cuerpos policiales para retratar, quizá en ocasiones con un exceso de adulación, la realidad de los agentes destinados a luchar contra el crimen. Los funcionarios de la ley que pasean por las páginas de Línea de sombra son, al igual que los delincuentes a los que tienen que atrapar y las víctimas cuya memoria desean honrar, personajes cargados de verdad. La capacidad del escritor para obviar el morbo y la demagogia populista que muchas veces se adhiere al tratamiento informativo de los temas policiales mostrando la incómoda realidad de todos los actores del mundo criminal hace necesaria la lectura de estos reportajes en un momento como el actual en el que cualquier trivialidad es considerada periodismo de investigación.

El protagonismo de los cuerpos de seguridad, especialmente de la Benemérita, está también presente en la segunda parte de la obra, en la que el escritor analiza algunas de las formas a través de las que la ficción refleja determinados aspectos del mundo criminal. Silva se detiene en algunas de las figuras clásicas del género, tanto en su vertiente literaria (Raymond Chandler o Georges Simenon) como cinematográfica (Fretiz Lang), así como en determinados aspectos de su evolución a lo largo del siglo XX. Especialmente interesante para sus lectores habituales resultarán los textos en los que Silva reflexiona sobre su obra policíaca, descubre el origen de su habitual pareja de investigadores, los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, y muestra cómo se documenta para escribir sus historias. En la meditación sobre su propia narrativa el autor pone de manifiesto, al explicar por qué se decantó por una pareja de Guardias Civiles como protagonistas, una de las tendencias de la narrativa negra europea actual, que ha ido dejando de lado la figura del detective privado para centrarse en la del investigador de los cuerpos de seguridad del Estado, como demuestran también los casos de Kurt Wallander, Petra Delicado, Salvo Montalbano o Costas Jaritos.

 


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