>> Lectura
Líneas
de sombra.
Historias de criminales y policías
Lorenzo Silva
Destino
• 2005
Javier
Sánchez Zapatero
Lorenzo
Silva, uno de los más prolíficos escritores
del panorama literario hispánico (desde su ópera prima,
allá por 1995, ha publicado ya más de veinte novelas,
enmarcadas en un amplio espectro genérico), es el creador
de la singular pareja de investigadores de la Guardia Civil, cuerpo
de
seguridad estatal del Estado español con funciones policiales
y estructura militar, Bevilacqua y Chamorro. Hasta la fecha, los
dos agentes han protagonizado tres novelas (El lejano país
de los estanques, El alquimista impaciente de la que se
hizo una versión cinematográfica homónima- y
La niebla y la doncella) y una colección de relatos que, bajo
el nombre de Nadie vale más otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua,
se publicó a
finales del pasado 2004. Con esta última obra aún en
los estantes de novedades de las librerías, Lorenzo Silva
vuelve a hacer gala de su fecundidad creativa con la publicación
de Líneas de sombra, recopilación de reportajes sobre
algunos de los más truculentos casos de la más reciente
crónica
negra española ya publicados en diversos medios de comunicación
y de artículos de corte ensayístico en los que el escritor
reflexiona sobre su propia producción literatura y sobre el
género negro al que se adscribe gran parte de ella.
Como
bien reza su subtítulo, la obra es un compendio de historias
de criminales y policías, de personajes, en definitiva,
que siempre se mueven en ese fronterizo y umbrío territorio
situado en los márgenes de la ley. Demostrando que la realidad
casi siempre supera a la ficción, en la primera parte del
libro esas historias están protagonizadas por personajes
reales, actores principales de los más trágicos y
escabrosos asuntos delictivos vividos en España en los últimos
años.
Los asesinatos de Rocío Wanninkhof y de Sonia Carabantes,
el secuestro de María Àngels Feliu, la turbulenta
peripecia carcelaria de El Vaquilla o el
caso del psicópata
del naipe son diseccionados por la crítica mirada y la siempre ágil
pluma de Silva en un ejercicio literario cuya intensidad recuerda
irremediablemente a las novela-reportaje de Truman Capote. Sin
sensacionalismos y evitando
caer en la acumulación de datos y declaraciones sin análisis
previo, frecuente vicio del periodismo actual, el autor logra construir
una rigurosa y amena crónica de la España negra en
la que destaca la minuciosidad con que son reflejadas las rutinas
de trabajo
de las fuerzas de seguridad. Detrás del detalle con que
se muestran esos hábitos laborales se esconde una intensa
labor documental e investigadora, la misma que sostiene la verosimilitud
y el hálito
de realidad de sus novelas Silva se aleja de los viejos prejuicios
hacia los cuerpos policiales para retratar, quizá en ocasiones
con un exceso de adulación, la realidad de los agentes destinados
a luchar contra el crimen. Los funcionarios de la ley que pasean
por las páginas de Línea de sombra son, al igual
que los delincuentes a los que tienen que atrapar y las víctimas
cuya memoria desean honrar, personajes cargados de verdad. La capacidad
del escritor para obviar el morbo y la demagogia populista que
muchas
veces se adhiere al tratamiento informativo de los temas policiales
mostrando la incómoda realidad de todos los actores del
mundo criminal hace necesaria la lectura de estos reportajes en
un momento
como el actual en el que cualquier trivialidad es considerada periodismo
de investigación.
El
protagonismo de los cuerpos de seguridad, especialmente de la Benemérita, está también presente en la segunda
parte de la obra, en la que el escritor analiza algunas de las formas
a través de las que la ficción refleja determinados aspectos
del mundo criminal. Silva se detiene en algunas de las figuras clásicas
del género, tanto en su vertiente literaria (Raymond Chandler
o Georges Simenon) como cinematográfica (Fretiz Lang), así como
en determinados aspectos de su evolución a lo largo del siglo
XX. Especialmente interesante para sus lectores habituales resultarán
los textos en los que Silva reflexiona sobre su obra policíaca,
descubre el origen de su habitual pareja de investigadores, los guardias
civiles Bevilacqua y Chamorro, y muestra cómo se documenta para
escribir sus historias. En la meditación sobre su propia narrativa
el autor pone de manifiesto, al explicar por qué se decantó por
una pareja de Guardias Civiles como protagonistas, una de las tendencias
de la narrativa negra europea actual, que ha ido dejando de lado la
figura del detective privado para centrarse en la del investigador
de los cuerpos de seguridad del Estado, como demuestran también
los casos de Kurt Wallander, Petra Delicado, Salvo Montalbano o Costas
Jaritos.