
El
alcalde de Barcelona y los autores que participaron en
el «primer
encuentro europeo de novela negra »,
entre los
que se encuentran Patrick Bard, Thierry Jonquet, Donna
Leon, Francisco González
Ledesma,
Andreu Martin, José Carlos Somoza, Antonio Lozano y Alicia Giménez
Bartlett.
© Anna Porta Abella
Los asistentes fueron recibidos en un
discreto y elegante salón
del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona presidido por
un retrato en blanco y negro de Manuel Vázquez Montalbán que, con melancólica sonrisa, dirigía su mirada a través
de los ventanales hacia el puerto; el encuentro —tan cargado de
simbolismo en estos tiempos inciertos de Constitución europea— se
celebraba bajo sus auspicios, un año después de su fallecimiento
y en la ciudad de la que es indisociable.
Además de las discusiones, se rindieron todo tipo de homenajes
al escritor; algunos académicos, como los textos a su memoria
leídos por los autores Petros Markaris, Donna
Leon y Francisco
González Ledesma en presencia del Alcalde de Barcelona. Otros
más emotivos: un paseo por los lugares más emblemáticos
de su Barcelona y una lectura intimista de un texto poco conocido publicado
con motivo del 25 aniversario de la aparición de Pepe Carvalho,
texto en el que autor y personaje cara a cara hacen un nostálgico
y polémico balance de sus años de vida en común.
En
cuanto al resto de los debates, aunque en un primer taller denominado « Novela
negra e identidad europea » se partía de la existencia de
un hipotético polar europeo reflejo de una aún más
hipotética identidad europea hilvanada por posibles continuidades
culturales y geográficas (los títulos de las dos mesas
redondas eran: « la novela negra mediterránea » y « De
Dublín a Moscú ») predominó la multiplicidad
de los conceptos y las prácticas a pesar de la interesante intervención
sobre la novela negra mediterránea del griego Markaris. Sin duda
la decisión de los organizadores de imponer los temas de debate
a los autores reunidos en dos talleres (el segundo bajo el título « Novela
negra, nueva novela social ») y repartidos en cuatro mesas redondas,
contribuyó a esta dispersión y redundó en perjuicio
del diálogo.
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Jean-Christophe
Granger © Anna Porta Abella
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Y cada autor se las arregló como pudo: Jean-Christophe
Granger,
encargado de hablar de las relaciones entre novela negra y cine, estaba
en su salsa; José Carlos Somoza, a quien le habían adjudicado
el « Polar cultural », a pesar de toda su buena voluntad,
no pudo explicar de qué se trataba ya que ni él mismo lo
sabía muy bien; "De la policía franquista a la policía
democrática en la novela negra española » fue el
tema de Lorenzo Silva, que lanzó un larguísmo alegato en
pro de esta institución, lo que provocó cierta crispación
entre algunos asistentes; Thierry Jonquet, que tenía que hablar
del "Polar como militancia política ", optó por
contar sin inmutarse diversas anécdotas, algunas muy divertidas;
en cuanto a Jakob Arjouni, sencillamente se olvidó de cuál
era el tema de su intervención.
No
obstante, todo ello se desarrolló en un clima distendido y
cordial gracias a un joven y entusiasta equipo de organizadores y algunas
de las intervenciones dieron en el clavo, sobre todo la de Antonio
Lozano,
escritor canario, autor de dos novelas sobre inmigración (Harraga y Donde
mueren los ríos), conmovedora por la pasión y precisión
con que trató el tema; y la de la portuguesa Filipa
Melo que,
partiendo de un análisis de la novela negra portuguesa, situó en
el meollo del género la obsesión metafísica de la
muerte. También hay que destacar la velada en la que participaron
Thierry Jonquet, Patrick
Bard, Carles Quílez y Andreu
Martín sobre el aglutinador tema « Sexo, mentiras y prensa » en
la que por fin se estableció el diálogo entre los autores
y el público en un ambiente más relajado por lo tardío
de la hora.
Diálogo que continuó al día siguiente en las bibliotecas
de barrio y en la librería Negra y criminal, donde se dieron cita
todos los autores para firmar libros tomando un vino, y también
y sobre todo —signo del excelente ambiente en el que se desarrolló este
festival— en los muchos bares del barrio de las Ramblas
hasta bien entrada la noche.