>> Festivales
Creciendo
sin perder las señas
de identidad
• Salamanca
(España) • 4-6 de mayo de 2005 •
Àlex
Martín Escribà
y Javier
Sánchez Zapatero
Coordinadores del I Congreso de
Novela y Cine Negro: Aproximación a un
género

Que
una institución tan anquilosada y oficialista como la Universidad
abra sus puertas al género negro es ya todo un logro. Inmersa
en centenarios quijotescos, relecturas de textos clásicos y búsqueda
de antiguos manuscritos, la celebración del I Congreso de Novela
y Cine Negro en la Facultad de Filología ha supuesto un soplo
de aire fresco en las caducas estructuras académicas de las letras
salmantinas. Reunir durante unos días a Alicia
Giménez
Bartlett, Paco Camarasa, Lorenzo
Silva, Mariano Sánchez Soler o Román Gubern, entre otros escritores, estudiosos y aficionados
a lo policiaco, no sólo ha servido para analizar algunas de las
más actuales problemáticas del género, sino también
y sobre todo para permitir un acercamiento teórico e intelectual
a una manifestación artística excluida del canon oficial
y sistemáticamente ignorada por los gurús de la alta
cultura.
Resulta curioso comprobar la férrea perdurabilidad de los prejuicios
discriminatorios, persistentes pese al viraje hacia la normalización
iniciado por el género negro y sus representantes durante los últimos
años. Frente a la patética imagen de Raymond
Chandler en
sus últimos años de vida, alcoholizado y dispuesto a pelearse
con cuantos guionistas de Hollywood fuese necesario, los escritores de
novela negra suelen ser hoy reputados intelectuales, a veces incluso
académicos, que conjugan su afición a las tramas policiacas
con diversas y variadas formas literarias.
Eduardo
Mendoza, Antonio Muñoz
Molina o la propia Alicia Giménez Bartlett no han perdido un ápice
de su credibilidad como novelistas por acercarse al género, sino
que, en un sano ejercicio de retroalimentación cultural, han enriquecido
sus trayectorias al tiempo que han permitido evolucionar a la literatura
negra a través de la constante subversión de sus cánones
clásicos. Siguiendo los postulados posmodernistas, el género,
tanto en su faceta narrativa como cinematográfica, es cada vez
menos puro y más maleable y heterogéneo. Paradójicamente,
a pesar de esa creciente voluntad de mixtificación, que ha hecho
que elementos como el suspense, la violencia o la intriga hayan dejado
ser eminentemente negros, la tópica mirada continua. Condenados
a arder en el fuego eterno de la literatura de aeropuerto y estación,
los libros de detectives y asesinos parecen no tener redención
posible. La santificada alta cultura no permite amenidad ni entretenimiento.
Si
algo caracteriza al género negro es su agilidad. Su apego a
la actualidad, muy superior al de otras formas literarias y cinematográficas,
hace de él un escenario adecuado para que los autores puedan captar
y enjuiciar los cambios de la realidad social. Los nuevos contextos a
los que han de enfrentarse los autores no permiten fácilmente
la inclusión de figuras prototípicas como la del detective
sin suponer una afrenta contra la verosimilitud que se le exige a una
forma artística que enlaza con lo realista y lo social. De ahí que
el funcionariado se haya erigido en los últimos años en
el principal protagonista de lo criminal. El inspector Wallander, el
sargento Bevilacqua o el comisario Montalbano, fieles cumplidores en
su servicio a la ley, han sustituido a los solitarios detectives que
con frecuencia deambulaban por la frágil frontera que separa el
bien del mal. En una época en la que los grandes focos de poder
se sitúan fuera de las estructuras del Estado, parece comprensible
que el género negro, crítico y antisistema desde su creación,
dé relevancia a un discurso en el que lo público se halle
en inferioridad de oportunidades. A la transformación de los personajes
no ha sido ajena la modificación de las tramas argumentales que,
a pesar de seguir regidas por las ansias de poder y las tensiones de
las más bajas pensiones, se han enriquecido con la incorporación
de elementos propios del avance de las nuevas tecnologías y de
la evolución de los modos de vida.
Actual y social como pocos, el género negro ha sabido cumplir
más de un siglo de existencia al calor del rechazo de las más
doctas literaturas. Iniciativas como la celebrada en Salamanca durante
la pasada semana, germen de un proyecto que aspira a repetirse en los
próximos años, han de servir para que, sin perder un ápice
de su tensión y vitalidad, lo policiaco pueda asentarse en unas
estructuras académicas e investigadores que le pertenecen
por derecho propio.