el policiaco en el punto de mira
n°2 Julio-Agosto-Septiembre de 2005

 

 

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Creciendo sin perder las señas de identidad

• Salamanca (España) • 4-6 de mayo de 2005 •

Àlex Martín Escribà
y Javier Sánchez Zapatero

Coordinadores del I Congreso de
Novela y Cine Negro: Aproximación a un género

 

Que una institución tan anquilosada y oficialista como la Universidad abra sus puertas al género negro es ya todo un logro. Inmersa en centenarios quijotescos, relecturas de textos clásicos y búsqueda de antiguos manuscritos, la celebración del I Congreso de Novela y Cine Negro en la Facultad de Filología ha supuesto un soplo de aire fresco en las caducas estructuras académicas de las letras salmantinas. Reunir durante unos días a Alicia Giménez Bartlett, Paco Camarasa, Lorenzo Silva, Mariano Sánchez Soler o Román Gubern, entre otros escritores, estudiosos y aficionados a lo policiaco, no sólo ha servido para analizar algunas de las más actuales problemáticas del género, sino también y sobre todo para permitir un acercamiento teórico e intelectual a una manifestación artística excluida del canon oficial y sistemáticamente ignorada por los gurús de la alta cultura.

Resulta curioso comprobar la férrea perdurabilidad de los prejuicios discriminatorios, persistentes pese al viraje hacia la normalización iniciado por el género negro y sus representantes durante los últimos años. Frente a la patética imagen de Raymond Chandler en sus últimos años de vida, alcoholizado y dispuesto a pelearse con cuantos guionistas de Hollywood fuese necesario, los escritores de novela negra suelen ser hoy reputados intelectuales, a veces incluso académicos, que conjugan su afición a las tramas policiacas con diversas y variadas formas literarias. Eduardo Mendoza, Antonio Muñoz Molina o la propia Alicia Giménez Bartlett no han perdido un ápice de su credibilidad como novelistas por acercarse al género, sino que, en un sano ejercicio de retroalimentación cultural, han enriquecido sus trayectorias al tiempo que han permitido evolucionar a la literatura negra a través de la constante subversión de sus cánones clásicos. Siguiendo los postulados posmodernistas, el género, tanto en su faceta narrativa como cinematográfica, es cada vez menos puro y más maleable y heterogéneo. Paradójicamente, a pesar de esa creciente voluntad de mixtificación, que ha hecho que elementos como el suspense, la violencia o la intriga hayan dejado ser eminentemente negros, la tópica mirada continua. Condenados a arder en el fuego eterno de la literatura de aeropuerto y estación, los libros de detectives y asesinos parecen no tener redención posible. La santificada alta cultura no permite amenidad ni entretenimiento.

Si algo caracteriza al género negro es su agilidad. Su apego a la actualidad, muy superior al de otras formas literarias y cinematográficas, hace de él un escenario adecuado para que los autores puedan captar y enjuiciar los cambios de la realidad social. Los nuevos contextos a los que han de enfrentarse los autores no permiten fácilmente la inclusión de figuras prototípicas como la del detective sin suponer una afrenta contra la verosimilitud que se le exige a una forma artística que enlaza con lo realista y lo social. De ahí que el funcionariado se haya erigido en los últimos años en el principal protagonista de lo criminal. El inspector Wallander, el sargento Bevilacqua o el comisario Montalbano, fieles cumplidores en su servicio a la ley, han sustituido a los solitarios detectives que con frecuencia deambulaban por la frágil frontera que separa el bien del mal. En una época en la que los grandes focos de poder se sitúan fuera de las estructuras del Estado, parece comprensible que el género negro, crítico y antisistema desde su creación, dé relevancia a un discurso en el que lo público se halle en inferioridad de oportunidades. A la transformación de los personajes no ha sido ajena la modificación de las tramas argumentales que, a pesar de seguir regidas por las ansias de poder y las tensiones de las más bajas pensiones, se han enriquecido con la incorporación de elementos propios del avance de las nuevas tecnologías y de la evolución de los modos de vida.

Actual y social como pocos, el género negro ha sabido cumplir más de un siglo de existencia al calor del rechazo de las más doctas literaturas. Iniciativas como la celebrada en Salamanca durante la pasada semana, germen de un proyecto que aspira a repetirse en los próximos años, han de servir para que, sin perder un ápice de su tensión y vitalidad, lo policiaco pueda asentarse en unas estructuras académicas e investigadores que le pertenecen por derecho propio.

 


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