>> Lectura
Un
clásico siempre vigente
"Las
calles de nuestros padres"
Francisco González Ledesma
La
factoría de idea • 2005 (1ª ed.:
1984) • 317
páginas
Javier
Sánchez Zapatero
Originalmente publicada
en 1984, Las calles de nuestros padres ha sido recientemente publicada
por La Factoría de Ideas. Su vuelta
a la actualidad es una buena noticia para todos los amantes del género
negro, y de la literatura en general, por, al menos, dos motivos. En
primer lugar, porque permite al público acceder fácilmente
a una obra fundamental dentro del policiaco español que hasta
ahora sólo se podía conseguir rebuscando en librerías
de viejo o en fondos de biblioteca. En segundo lugar, porque su vuelta
a los estantes de novedades editoriales –donde coincidirá,
por cierto, con la última novela del escritor, Cinco
mujeres y media- supone un reconocimiento a la producción de un autor
perseguido por la mala suerte e incapaz de conseguir el reconocimiento
público que su trayectoria literatura y personal merece.
Tildado
de “rojo” y “pornógrafo” por el aparato
cultural franquista, Francisco González Ledesma sufrió durante
la dictadura las prohibiciones de la censura, viendo limitada su capacidad
creativa a la composición de novelas de quiosco bajo el pseudónimo
de Silver Kane. Con la llegada de la democracia y la normalización
del proceso de distribución y recepción editorial, el
autor barcelonés pudo por fin desarrollar sin cortapisas sus
inquietudes literarias, dando lugar así a una de las más
logradas sagas de novelas negras de la literatura estatal.
El
hallazgo del cadáver de una mujer bajo la cama de una pensión
barata por un personaje gafado al que nada parece salirle bien supone
el punto de partida de la obra. Lo que en principio parecía
un crimen pasional, o un simple ajuste de cuentas, va descubriéndose
a medida que avanza la narración como un asesinato con implicaciones
políticas y económicas del más alto nivel.
A través
de tres investigaciones –una de ellas desarrollada por el comisario
Méndez, que ya aparecía en la anterior novela del autor,
Expediente Barcelona, y que se convertiría en protagonista habitual
de su producción posterior- cuyos resultados se le van ofreciendo
al lector casi en paralelo y que en la trama novelesca se van complementando
y cruzando entre sí, González Ledesma va poniendo de
manifiesto cómo las cloacas sociales están, más
a menudo de lo que se piensa, directamente relacionadas con los poderosos.
El fondo en el que el autor proyecta el fresco de corrupción
y crimen que es Las calles de nuestros padres es
una Barcelona muy diferente a la ciudad europea, moderna y de diseño que acostumbran
a vender los catálogos de turismo. La Barcelona de la que escribe
González Ledesma es una ciudad áspera, sórdida, “castigada –como
ha señalado Paco Ignacio Taibo II- por las cagadas de mosca
y los retretes donde el vaho de la orina perturba al usuario”...
Sobre ese paisaje de putas, soplones y mercenarios supervivientes se
impone la figura del comisario Méndez. De vuelta de casi todo,
Méndez, es, como los protagonistas clásicos del género
negro, un personaje descreído y desencantado que pulula por
las calles más miserables con los bolsillos llenos de libros.
Creado
en plena transición democrática, el comisario
representa, con su desengaño y escepticismo, la frustración
de toda una generación ante las transformaciones sociales, políticas
y económicas producidas después de 1975 y ante la constatación
del fracaso de todo el idealismo utópico que rodeó los
primeros meses de cambio político. Frente a la interpretación
histórica efectuada desde las fuentes de poder, que impusieron
el olvido como única forma de superar el pasado y propagaron
hasta la saciedad el éxito del modelo reformista, Francisco
González Ledesma y otros autores, como Manuel Vázquez
Montalbán o Juan Madrid, vertebraron a través de sus
novelas negras un discurso contracultural opuesto al mensaje oficialista
y recelaron del aparente éxito de la transición, porque,
como dice unos de los personajes de la novela, a pesar de todos los
cambios, “al pueblo siempre se le oculta la verdad”.