
¡Abajo
la historia, viva la publicidad!
o La lobotomía popular
Septiembre 2005
Etienne
Borgers,
crítico y guionista
Trad.:
Zeki
El porvenir de los héroes está en la memoria de los pueblos.
Si esta frase lapidaria encierra el fermento de la justa celebridad, le falta
sin embargo, su indispensable corolario: el porvenir de un pueblo está también
en su memoria. Los poderes de toda clase lo saben demasiado bien y la ocultación
del pasado es moneda corriente en las políticas que quieren controlar
al pueblo sin tener que padecer el esclarecimiento cruel, a menudo aguafiestas,
del pasado cercano.
El pasado está lobotomizado, prohibido o travestido, según el
humor de aquellos que dirigen a sus conciudadanos. Salvo el pasado oficial,
que es machaconamente exhibido con sus símbolos y su ceremonial, ese
pasado confitado que ocupa el escenario e impide que las franjas molestas del
pasado real bloqueen las maniobras de maquillaje del cotidiano y sus sucedáneas
verdades.
Tranquilícense, en los políticos no apunto sólo a los
aparatchiks y arrivistas que se hacen elegir «por vía legal » prometiendo
a las masas que resolverán sus falsos problemas. Es la clase política
en su conjunto la que es aludida.
Se
podría, por otro lado, pretender que una gestión es cuanto
más pervertida, falsaria y corrompida, cuando más niega los hechos
del pasado, los oculta o los ignora. Y no nos engañemos, la ocultación
y la ignorancia programadas son más peligrosas que la negación:
ahogan cualquier debate, para gran sosiego de los estranguladores oficiales
de la verdad.
La
ocultación de la memoria de un pueblo es generalmente proporcional
al grado de voluntad que tienen los detentadores del poder, oficial o paralelo...
de negar la democracia
En democracia o sin ella. Entre los gobiernos y sus «elites» cómplices,
dentro de los cuerpos constituidos, desde el ejercito a la policía pasando
por las Iglesias y los tecnócratas de todas las obediencias... y los “amigos” de
esos poderes...La cosa esta a ver quien olvidara más y más rápido.
Este 21º siglo occidental, pasó a ser maestro en manipulaciones
sociales, disfrazando con frenesí la pertenencia del ciudadano a una
clase o a un clan. ¡Todos consumidores! dirigidos por la coartada democrática.
Sometidos todos, a las leyes del mercado, leyes a las que sus grandes sacerdotes
vedan ferozmente el acceso a su casta y privilegios. A cualquier precio.
Precio – que sea humano o monetario – pagado, como debe ser, por
los demás. Siendo la casta fuertemente ayudada por el olvido oficial
impuesto, por el soterramiento de la memoria de los hechos esenciales, recientes
o distantes.
Los
poderes no quieren justificar su existencia. Ni sus exacciones. Ni sus “bajo
-manga” anti-democráticos. Menos aún, a aquellos que
los ejercen.
El olvido organizado es la esencia de su irresponsabilidad, irresponsabilidad
que desean completa y sin apelación. En el presente y frente al porvenir.
La verdad no pertenece más que al vencedor...
¡Abajo la historia viva la publicidad!

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