el policiaco en el punto de mira
n°4 Febrero-Marzo-Abril de 2006

 

 

Un Año Teñido de Negro

Àlex Martín Escribà
y Javier Sánchez Zapatero

 

El año que termina ha servido para consolidar al género negro como la forma literaria más activa y en mejor forma. A la ya legendaria Semana Negra de Gijón se han sumado iniciativas de reflexión y difusión como el Encuentro de Escritores celebrado en Barcelona, el “Mayo Negro” desarrollado en Alicante o el Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de Salamanca. Junto a estos actos, la creación de nuevas revistas y la constitución de una gran red de portales, foros y blogs han contribuido a consolidar una esfera de debate y divulgación que demuestra la vitalidad del género. En 2005, además, se han creado hasta diez colecciones editoriales especializadas, dedicadas en algunos casos a reeditar títulos clásicos sólo disponibles hasta ahora en librerías de viejo, y se han publicado cientos de nuevas novelas negras.

Desde que el neopolar francés reinventó el policiaco europeo con la sustitución de la influencia de los modelos norteamericanos por la introducción de contenidos críticos y sociales, las sagas de los autores europeos se han convertido en la referencia del género. Una de las más legendarias, la protagonizada por Kurt Wallander, ha dicho adiós este año con la publicación de una colección de relatos que muestran el pasado del inspector de Ystad. Sin su protagonista estrella, y a la espera del inicio de la serie protagonizada por la hija de éste, Henning Mankell ha publicado también en 2005 El retorno del profesor de baile. Otros que se han despedido de los lectores han sido el detective de pasado nazi Selb, creado por Bernard Schlink, y el comisario Bordelli. Con El recién llegado, Marco Vichi ha puesto fin a la trilogía protagonizada por el policía florentino. De Italia también han llegado tres de los éxitos editoriales de la temporada: el de Stefano Tura y su comisario Gerace en No apagues la luz, el del showman televisivo Faletti, autor de la historia de asesinos en serie Yo mato, y el de la estadounidense afincada en Venecia, Donna Leon, cuya última obra ha elevado a doce el número de novelas protagonizadas Guido Brunetti. La buena salud de este personaje es similar a la que muestran Méndez y Bevilacqua, que, más melancólicos que nunca, han entregado este año un nuevo capítulo de su saga. A los personajes creados por Francisco González Ledesma y Lorenzo Silva se les han unido los detectives Humphrey y Angel Esquius en el elenco investigadores nacionales. El primero, creado por Lluís Gutiérrez, se estrena con Putas, diamantes y cante jondo, mientras que el segundo debuta de la mano de Andreu Martín y Jaume Ribera. Anoten también para el futuro los nombres del inspector Gunnarstrand, de Jack Taylor y de Mma. Ramotswe, cuyas primeras aventuras (La muerte en una noche de verano, Maderos y La primera detective de Botsuana) han sido editadas en 2005 por primera vez en España.

Más violenta y menos reflexiva que la europea, la novela negra norteamericana aparece llena de corrupción, sexo, violencia, racismo... Con un lenguaje directo y un ritmo ágil y conciso, Walter Mosley, Jerome Charyn, Sue Grafton (cuya serie “Alfabeto del crimen” ya ha llegado a R de rebelde), James Ellroy o Charlotte Carter han sido algunos de los escritores estadounidenses cuyos títulos han llegado en 2005 a los estantes de novedades negras de las librerías.

De Cuba han llegado las obras más destacados del neopolicial sudamericano, tradicionalmente crítico y con un fuerte contenido social. Leonardo Padura y Lorenzo Lunar muestran en sus últimos libros la cara más dura y descarnada de la sociedad caribeña. Argentina goza también de una extraordinaria producción criminal. Este año ha sido el turno de Carlos Balmaceda con Manual del Caníbal y la continuidad de Raúl Argemí, que refleja la crisis del corralito en Patagonia Chu Chu, una novela llena de humor y aventuras. Paco Ignacio Taibo II entrega desde México su último neopolicial, Muertos incómodos, mientras se reeditan las obras de su detective e ingeniero Belascoarán. Y apunten un nombre guatemalteco: Dante Liano y su Hombre de Montserrat.

Todos estos nombres demuestran la buena salud que goza el género policíaca en la actualidad, reforzada por la concesión de premios literarios aún no demasiado contaminados a obras negras, como Las vidas ajenas, de José Ovejero, galardonada con el Premio Primavera 2005. Todo demuestra, en definitiva, el camino hacia el reconocimiento de una forma literaria que es algo más que “historias de policías y ladrones”.

 


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