Un
Año
Teñido
de Negro
Àlex
Martín Escribà
y Javier Sánchez Zapatero
El año que termina ha servido para consolidar al género
negro como la forma literaria más activa y en mejor forma. A
la ya legendaria Semana Negra de Gijón se han sumado iniciativas
de reflexión y difusión como el Encuentro de Escritores
celebrado en Barcelona, el “Mayo Negro” desarrollado en
Alicante o el Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de
Salamanca. Junto a estos actos, la creación de nuevas revistas
y la constitución de una gran red de portales, foros y blogs
han contribuido a consolidar una esfera de debate y divulgación
que demuestra la vitalidad del género. En 2005, además,
se han creado hasta diez colecciones editoriales especializadas, dedicadas
en algunos casos a reeditar títulos clásicos sólo
disponibles hasta ahora en librerías de viejo, y se han publicado
cientos de nuevas novelas negras.
Desde
que el neopolar francés reinventó el policiaco
europeo con la sustitución de la influencia de los modelos norteamericanos
por la introducción de contenidos críticos y sociales,
las sagas de los autores europeos se han convertido en la referencia
del género. Una de las más legendarias, la protagonizada
por Kurt Wallander, ha dicho adiós este año con la publicación
de una colección de relatos que muestran el pasado del inspector
de Ystad. Sin su protagonista estrella, y a la espera del inicio de
la serie protagonizada por la hija de éste, Henning Mankell
ha publicado también en 2005 El retorno del profesor
de baile.
Otros que se han despedido de los lectores han sido el detective de
pasado nazi Selb, creado por Bernard Schlink, y el comisario Bordelli.
Con El recién llegado, Marco Vichi ha puesto fin a la trilogía
protagonizada por el policía florentino. De Italia también
han llegado tres de los éxitos editoriales de la temporada:
el de Stefano Tura y su comisario Gerace en No apagues la
luz, el del
showman televisivo Faletti, autor de la historia de asesinos en serie
Yo mato, y el de la estadounidense afincada en Venecia, Donna Leon,
cuya última obra ha elevado a doce el número de novelas
protagonizadas Guido Brunetti. La buena salud de este personaje es
similar a la que muestran Méndez y Bevilacqua, que, más
melancólicos que nunca, han entregado este año un nuevo
capítulo de su saga. A los personajes creados por Francisco
González Ledesma y Lorenzo Silva se les han unido los detectives
Humphrey y Angel Esquius en el elenco investigadores nacionales. El
primero, creado por Lluís Gutiérrez, se estrena con Putas,
diamantes y cante jondo, mientras que el segundo debuta de la mano
de Andreu Martín y Jaume Ribera. Anoten también para
el futuro los nombres del inspector Gunnarstrand, de Jack Taylor y
de Mma. Ramotswe, cuyas primeras aventuras (La muerte en
una noche de verano, Maderos y La primera detective de Botsuana) han sido editadas
en 2005 por primera vez en España.
Más violenta y menos reflexiva que la europea, la novela negra
norteamericana aparece llena de corrupción, sexo, violencia,
racismo... Con un lenguaje directo y un ritmo ágil y conciso,
Walter Mosley, Jerome Charyn, Sue Grafton (cuya serie “Alfabeto
del crimen” ya ha llegado a R de rebelde), James Ellroy o Charlotte
Carter han sido algunos de los escritores estadounidenses cuyos títulos
han llegado en 2005 a los estantes de novedades negras de las librerías.
De Cuba han llegado las obras más destacados del neopolicial
sudamericano, tradicionalmente crítico y con un fuerte contenido
social. Leonardo Padura y Lorenzo Lunar muestran en sus últimos
libros la cara más dura y descarnada de la sociedad caribeña.
Argentina goza también de una extraordinaria producción
criminal. Este año ha sido el turno de Carlos Balmaceda
con Manual
del Caníbal y la continuidad de Raúl Argemí,
que refleja la crisis del corralito en Patagonia Chu
Chu, una novela
llena de humor y aventuras. Paco Ignacio Taibo II entrega desde México
su último neopolicial, Muertos incómodos, mientras se
reeditan las obras de su detective e ingeniero Belascoarán.
Y apunten un nombre guatemalteco: Dante Liano y su Hombre
de Montserrat.
Todos
estos nombres demuestran la buena salud que goza el género
policíaca en la actualidad, reforzada por la concesión
de premios literarios aún no demasiado contaminados a obras
negras, como Las vidas ajenas, de José Ovejero, galardonada
con el Premio Primavera 2005. Todo demuestra, en definitiva, el camino
hacia el reconocimiento de una forma literaria que es algo más
que “historias de policías y ladrones”.
