El
damero policíaco
Estrategia y táctica de la literatura policíaca
Artículo
de Moez Lahmédi
Trad.
Lourdes Perez
Moez
Lahmédi, de 29 años, es profesor
de francés en Haffouz (Kairouan, Túnez) y doctorando
en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de Sousse. Sus intereses
se centran, además de en la novela policíaca, en la sociología
de la literatura. Es colaborador del departamento de comunicación
de la UCL (Bélgica).
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Foto
de J. van der Hulst et E.Borgers
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Adoptar
una estrategia escritora lúdica para lograr una economía
narrativa es una de las opciones noveladoras preferidas por los autores de
novela policíaca. De hecho, sabemos que el polar se concibió desde
su nacimiento como un juego cuyas leyes se asemejaban a las del ajedrez : las
veinte reglas elaboradas por Van Dine se inscribían en esa lógica
lúdica que identificaba a los personajes con « meras piezas de
ajedrez en un damero : el rey, la reina, el alfil, etc. Cada pieza tiene « un
valor », se mueve de determinada manera; igualmente sucede con el detective,
el asesino, los sospechosos… »1.
Esta
asociación del relato criminal con el ajedrez explica en parte
la minimización que experimentó la novela policíaca
en el siglo XIX. Reducido a un simple juego de combinaciones
narrativas, el relato
policiaco se vio privado, a su pesar, de cualquier hondura
literaria. « Preferiría
jugar al quién es quién, que al menos me evitaría
consumir centenares de libros espantosamente mal escritos »2,
escribe Edmund Wilson en el artículo Qué nos
importa el asesinato Roger Ackroyd ?.
Actualmente,
hablar de la lectura de novela policíaca o de la propia
novela literaria como un juego ya no resulta peyorativo
para la novela policíaca.
Escritores y críticos contemporáneos han
comprendido el carácter
eminentemente lúdico, no sólo del polar sino
de cualquier actividad narrativa. El texto literario, dice
Bartthes, es « un objeto excepcional
cuya paradoja destacó la lingüística:
inmutablemente estructurado y sin embargo infinitamente
renovable ; algo así como el juego de ajedrez »3.
Michel
Picard y Umberto Eco también consideran el texto como un espacio
lúdico y estratégico. Desde esta óptica la lectura es
como una especie de duelo intelectual entre los dos estrategas, el autor y
el lector. Comprender el texto es descubrir la estrategia de escritura con
la que se organiza la tesitura narrativa. « Generar un texto significa
aplicar una estrategia que incluye prever los movimientos del otro —como
en cualquier estrategia—. En la estrategia militar
(o en la del ajedrez; en toda estrategia de juego) el
estratega se imagina un modelo de adversario »4.
En
la literatura policíaca, el juego textual se metatextualiza
mediante el juego de ajedrez: El jugador de Maelzel,
de Poe; Regreso de las cenizas, de Hubert Monteilhet; El
asesinato de Roger Ackroyd, de Christie; La tabla
de Flandes y El maestro de esgrima, de Pérez-Reverte
y Juegos y problemas de ajedrez
para Sherlock Holmes,
de Raymond Smullyan se basan estructuralmente
en esquemas lúdicos. Las partidas de ajedrez
que se juegan en el relato suelen ser representaciones
metatextuales (« metalúdicas »,
podríamos decir) del propio juego textual.
Los
personajes que mejor juegan al ajedrez también
suelen ser los más astutos y de los
que lector y detective deben desconfiar. En Regreso
de las cenizas de Monteilhet, asistimos
durante toda la novela a una confrontación
lúdica
entre dos excelentes jugadores de ajedrez: Stan,
cuyo propósito es apoderarse
de la fortuna de su mujer judía que creía
muerta durante la segunda guerra mundial y Elisabeth
Wolf (su mujer, irreconocible tras una operación
de cirugía estética) quien, por su
parte, pretende reconquistar a su marido. La última
partida de ajedrez descrita en la novela deja clara
la superioridad intelectual de la Señora Wolf
(la narradora) que seguirá siendo invencible
incluso después de muerta, pues el
diario que dejó escrito será una prueba
irrefutable contra su asesino:
- ¿Qué quieres
hacer conmigo ?
- ¿Qué te mereces? le respondí.
- No sé… de verdad… No lo sé.
Me gustaría inventarme un pequeño castigo que te causara
placer… Pero
me resulta muy difícil escoger… Creo
que, para juzgarme, habría
que ser al menos un semidiós. Tú sabes
mejor que yo lo que me conviene.5
Espacio lúdico, el polar es por definición la arena de luchas
estratégicas y de maniobras tácticas
intra (entre personajes) y extra textuales
(entre el lector y el autor).
En
La fée Carabine (El Hada carabina)
de Daniel Pennac (coll « Folio »,
Gallimard, 1987), mediante la invocación
palimpséstica de Novela
de Ajedrez de Stephan Zweig (p.176), el autor
destaca la importancia de modelo ajedrecístico
en la economía narrativa de la novela:
cada capítulo
se convierte en una especie de « blitz » narrativo
que, una vez integrado en la cadena de sucesos
del relato, debe conducir a la derrota del
culpable. En ese sentido, la progresión
narrativa de la intriga no es sino la sucesión
de jugadas de los dos principales jugadores;
el criminal y el detective. En el universo
novelesco (policiaco) el ajedrez constituye
una micro-representación metafórica
de la lucha entre el Bien y el Mal, entre
lo blanco y lo negro, entre la
verdad y la
mentira.
Sobre
las páginas blancas del objeto libresco, la escritura negra
parece dibujar los contornos de un « damero
de tinta »6,
un damero sobre el que cada protagonista
interpreta el papel que le ha tocado. Hemos
de reconocer,
como dice Muñoz en La tabla
de Flandes que « existen
muchos puntos en común entre el
ajedrez y las investigaciones policiales »7.
Es como si el universo de ficción
del polar sólo pudiera concebirse
como un damero textual sobre el cual los
personajes, extraordinario actores, representaran
la pantomima narrativa del modelo lúdico
ajedrecístico.
Refiriéndose a esa similitud entre
el damero real y el textual., George Steiner
afirma:
Quizá por
ser modelo de un cosmos que lo encierra, el ajedrez proporciona
en todos los casos la ventaja de
presentarse como una fracción entera
del mundo, como un pequeño
espejo de contenido circunscrito, finito,
totalizable, a pesar del número infinito de
combinaciones que es capaz de generar.
Dicho modelo es por ello susceptible
de ser « aplicable » a
cualquier mundo no anárquico
y en especial al texto literario.8
Una única
y misma lógica lúdica rige,
pues, el funcionamiento interno ya sea
del ajedrez o del objeto textual: la
finitud del espacio lúdico
o de lo que Michel Picard llama « el área
de juego» y la
infinidad de guiones lúdicos,
dos principios que pueden considerarse
como las variantes de la dicotomía
de Nietzsche (apolíneo
/ dionisiaco)9,
funcionan como garantes del placer
buscado por la parte jugadora,
que
debe estar muy atenta durante toda
la partida (textual) pues, como ya
hemos
indicado, cada
jugada o cada gesto interpretativo
puede
invertir irremediablemente
el desarrollo del juego. Nada se pierde
en el polar, porque todo se interpreta.
Partiendo
de un ejemplo narrativo de una escena en la que un agrimensor
trepa a
un árbol,
G. K. Chesterton dice:
«… el
instinto del lector que juega al escondite con el escritor [debe
de estar] siempre presente, sospechando, inquiriendo: « sí,
sé que
un agrimensor podría trepar
a un árbol ; sé perfectamente
que existen árboles y
que existen agrimensores, pero ¿qué va
a hacer usted con ello? ¿Por
qué usted— autor
astuto de mente retorcida —ha
decidido que ese agrimensor concreto
esté trepando
a un árbol en esa historia
concreta? »10
El
ajedrecista, el personaje novelesco
y el lector-jugador son, desde
este punto de
vista,
auténticos artistas que
deben actuar para que el proyecto
lúdico
adquiera sentido: « El creador
inventa el damero, el folletinista
inventa las jugadas »11,
opina atinadamente Boileau-Narcejac.
1 Boileau-Narcejac, Le
roman policier, coll « Que
sais-Je »,
PUF, 1975, p. 55. | retour |
2 In « Autopsies du roman policier », dir. Uri Eisenzweig,
10 / 18, 1983, p. 96. | retour |
3 Le plaisir du texte, Seuil, Paris, 1973, p. 82.El subrayado es nuestro. | retour |
4 Umberto Eco, Lector in fabula, Grasset, 1985, p. 65. (Lumen 1999). | retour |
5 Edition Denoël, 1961, p. 175. | retour |
6 Cf Echiquiers d’encre. Le jeu d’échecs et les lettres
(XIXe- XXe siècle), Colectivo, dir. Jacques Berchtold, Droz, 1998. | retour |
7 Pérez-Reverte. | retour |
8 In Echiquiers d’encre, op.cit, p. 20. | retour |
9 Marc Lits, Le roman policier, introduction à la théorie
et à l’histoire
d’un genre littéraire, Editions de C.E.F.A.L, Liège
1993, p. 123 : « la novela policíaca no sería sino
el reflejo de los principios apolíneos y dionisíacos, planteados
por Nietzsche, que continuamente pugnan en nuestro interior y nos inclinan
bien hacia una
voluntad de orden, bien hacia una preferencia por el desorden. » | retour |
10 « Comment écrire un roman
policier » in Autopsies
du roman policier, op.cit, p.48-49. | retour |
11 Citado por Marc Lits, Pour lire
le roman policier, Bruxelles-Paris,
De Boeck-Duculot, 1989, p. 7. | retour |