el policiaco en el punto de mira
n°4 Febrero-Marzo-Abril de 2006

 

 

El damero policíaco
Estrategia y táctica de la literatura policíaca

Artículo de Moez Lahmédi
Trad. Lourdes Perez

Moez Lahmédi, de 29 años, es profesor de francés en Haffouz (Kairouan, Túnez) y doctorando en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de Sousse. Sus intereses se centran, además de en la novela policíaca, en la sociología de la literatura. Es colaborador del departamento de comunicación de la UCL (Bélgica).

Foto de J. van der Hulst et E.Borgers

Adoptar una estrategia escritora lúdica para lograr una economía narrativa es una de las opciones noveladoras preferidas por los autores de novela policíaca. De hecho, sabemos que el polar se concibió desde su nacimiento como un juego cuyas leyes se asemejaban a las del ajedrez : las veinte reglas elaboradas por Van Dine se inscribían en esa lógica lúdica que identificaba a los personajes con « meras piezas de ajedrez en un damero : el rey, la reina, el alfil, etc. Cada pieza tiene « un valor », se mueve de determinada manera; igualmente sucede con el detective, el asesino, los sospechosos… »1.

Esta asociación del relato criminal con el ajedrez explica en parte la minimización que experimentó la novela policíaca en el siglo XIX. Reducido a un simple juego de combinaciones narrativas, el relato policiaco se vio privado, a su pesar, de cualquier hondura literaria. « Preferiría jugar al quién es quién, que al menos me evitaría consumir centenares de libros espantosamente mal escritos »2, escribe Edmund Wilson en el artículo Qué nos importa el asesinato Roger Ackroyd ?.

Actualmente, hablar de la lectura de novela policíaca o de la propia novela literaria como un juego ya no resulta peyorativo para la novela policíaca. Escritores y críticos contemporáneos han comprendido el carácter eminentemente lúdico, no sólo del polar sino de cualquier actividad narrativa. El texto literario, dice Bartthes, es « un objeto excepcional cuya paradoja destacó la lingüística: inmutablemente estructurado y sin embargo infinitamente renovable ; algo así como el juego de ajedrez »3.

Michel Picard y Umberto Eco también consideran el texto como un espacio lúdico y estratégico. Desde esta óptica la lectura es como una especie de duelo intelectual entre los dos estrategas, el autor y el lector. Comprender el texto es descubrir la estrategia de escritura con la que se organiza la tesitura narrativa. « Generar un texto significa aplicar una estrategia que incluye prever los movimientos del otro —como en cualquier estrategia—. En la estrategia militar (o en la del ajedrez; en toda estrategia de juego) el estratega se imagina un modelo de adversario »4.

En la literatura policíaca, el juego textual se metatextualiza mediante el juego de ajedrez: El jugador de Maelzel, de Poe; Regreso de las cenizas, de Hubert Monteilhet; El asesinato de Roger Ackroyd, de Christie; La tabla de Flandes y El maestro de esgrima, de Pérez-Reverte y Juegos y problemas de ajedrez para Sherlock Holmes, de Raymond Smullyan se basan estructuralmente en esquemas lúdicos. Las partidas de ajedrez que se juegan en el relato suelen ser representaciones metatextuales (« metalúdicas », podríamos decir) del propio juego textual.

Los personajes que mejor juegan al ajedrez también suelen ser los más astutos y de los que lector y detective deben desconfiar. En Regreso de las cenizas de Monteilhet, asistimos durante toda la novela a una confrontación lúdica entre dos excelentes jugadores de ajedrez: Stan, cuyo propósito es apoderarse de la fortuna de su mujer judía que creía muerta durante la segunda guerra mundial y Elisabeth Wolf (su mujer, irreconocible tras una operación de cirugía estética) quien, por su parte, pretende reconquistar a su marido. La última partida de ajedrez descrita en la novela deja clara la superioridad intelectual de la Señora Wolf (la narradora) que seguirá siendo invencible incluso después de muerta, pues el diario que dejó escrito será una prueba irrefutable contra su asesino:

- ¿Qué quieres hacer conmigo ?
- ¿Qué te mereces? le respondí.
- No sé… de verdad… No lo sé.
Me gustaría inventarme un pequeño castigo que te causara placer… Pero me resulta muy difícil escoger… Creo que, para juzgarme, habría que ser al menos un semidiós. Tú sabes mejor que yo lo que me conviene.
5

Espacio lúdico, el polar es por definición la arena de luchas estratégicas y de maniobras tácticas intra (entre personajes) y extra textuales (entre el lector y el autor).

En La fée Carabine (El Hada carabina) de Daniel Pennac (coll « Folio », Gallimard, 1987), mediante la invocación palimpséstica de Novela de Ajedrez de Stephan Zweig (p.176), el autor destaca la importancia de modelo ajedrecístico en la economía narrativa de la novela: cada capítulo se convierte en una especie de « blitz » narrativo que, una vez integrado en la cadena de sucesos del relato, debe conducir a la derrota del culpable. En ese sentido, la progresión narrativa de la intriga no es sino la sucesión de jugadas de los dos principales jugadores; el criminal y el detective. En el universo novelesco (policiaco) el ajedrez constituye una micro-representación metafórica de la lucha entre el Bien y el Mal, entre lo blanco y lo negro, entre la verdad y la mentira.

Sobre las páginas blancas del objeto libresco, la escritura negra parece dibujar los contornos de un « damero de tinta »6, un damero sobre el que cada protagonista interpreta el papel que le ha tocado. Hemos de reconocer, como dice Muñoz en La tabla de Flandes que « existen muchos puntos en común entre el ajedrez y las investigaciones policiales »7. Es como si el universo de ficción del polar sólo pudiera concebirse como un damero textual sobre el cual los personajes, extraordinario actores, representaran la pantomima narrativa del modelo lúdico ajedrecístico. Refiriéndose a esa similitud entre el damero real y el textual., George Steiner afirma:

Quizá por ser modelo de un cosmos que lo encierra, el ajedrez proporciona en todos los casos la ventaja de presentarse como una fracción entera del mundo, como un pequeño espejo de contenido circunscrito, finito, totalizable, a pesar del número infinito de combinaciones que es capaz de generar. Dicho modelo es por ello susceptible de ser « aplicable » a cualquier mundo no anárquico y en especial al texto literario.8

Una única y misma lógica lúdica rige, pues, el funcionamiento interno ya sea del ajedrez o del objeto textual: la finitud del espacio lúdico o de lo que Michel Picard llama « el área de juego» y la infinidad de guiones lúdicos, dos principios que pueden considerarse como las variantes de la dicotomía de Nietzsche (apolíneo / dionisiaco)9, funcionan como garantes del placer buscado por la parte jugadora, que debe estar muy atenta durante toda la partida (textual) pues, como ya hemos indicado, cada jugada o cada gesto interpretativo puede invertir irremediablemente el desarrollo del juego. Nada se pierde en el polar, porque todo se interpreta.

Partiendo de un ejemplo narrativo de una escena en la que un agrimensor trepa a un árbol, G. K. Chesterton dice:

«… el instinto del lector que juega al escondite con el escritor [debe de estar] siempre presente, sospechando, inquiriendo: « sí, sé que un agrimensor podría trepar a un árbol ; sé perfectamente que existen árboles y que existen agrimensores, pero ¿qué va a hacer usted con ello? ¿Por qué usted— autor astuto de mente retorcida —ha decidido que ese agrimensor concreto esté trepando a un árbol en esa historia concreta? »10

El ajedrecista, el personaje novelesco y el lector-jugador son, desde este punto de vista, auténticos artistas que deben actuar para que el proyecto lúdico adquiera sentido: « El creador inventa el damero, el folletinista inventa las jugadas »11, opina atinadamente Boileau-Narcejac.



1 Boileau-Narcejac, Le roman policier, coll « Que sais-Je », PUF, 1975, p. 55. | retour |
2 In « Autopsies du roman policier », dir. Uri Eisenzweig, 10 / 18, 1983, p. 96.
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3 Le plaisir du texte, Seuil, Paris, 1973, p. 82.El subrayado es nuestro.
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4 Umberto Eco, Lector in fabula, Grasset, 1985, p. 65. (Lumen 1999).
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5 Edition Denoël, 1961, p. 175.
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6 Cf Echiquiers d’encre. Le jeu d’échecs et les lettres (XIXe- XXe siècle), Colectivo, dir. Jacques Berchtold, Droz, 1998.
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7 Pérez-Reverte.
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8 In Echiquiers d’encre, op.cit, p. 20.
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9 Marc Lits, Le roman policier, introduction à la théorie et à l’histoire d’un genre littéraire, Editions de C.E.F.A.L, Liège 1993, p. 123 : « la novela policíaca no sería sino el reflejo de los principios apolíneos y dionisíacos, planteados por Nietzsche, que continuamente pugnan en nuestro interior y nos inclinan bien hacia una voluntad de orden, bien hacia una preferencia por el desorden. »
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10 « Comment écrire un roman policier » in Autopsies du roman policier, op.cit, p.48-49.
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11 Citado por Marc Lits, Pour lire le roman policier, Bruxelles-Paris, De Boeck-Duculot, 1989, p. 7.
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