El
carácter policial, la profundización de los personajes
y la reconstrucción de unos hechos verídicos son algunos
de los rasgos más destacados de una narración que nos
deja atónitos desde la primera página. Todo ello lo podemos
encontrar en El hombre de Montserrat, una novela del autor guatemalteco
Dante Liano, un escritor multidisciplinar que ha sabido ganarse el
reconocimiento a través de un repertorio bien heterogéneo
a lo largo de su trayectoria literaria.
En
esta ocasión, el escritor decide insertarse en terrenos combatientes
narrando los hechos históricos—entre los años setenta
y ochenta—de las guerrillas internas nicaragüenses. Todo
ello viene adornado con una angustiosa y concentrada trama que a pesar
de su corta extensión, alrededor de un centenar de páginas,
nos deja sin respiración a medida que transcurren los acontecimientos
finales.
Con el fin de denunciar toda esta situación, Liano decide contarnos
la historia del teniente Carlos García, un burócrata
encargado de elaborar programas informáticos para combatir la
guerrilla nicaragüense. Su vida se vera envuelta de engaños
y suspicacias el día que se encuentra con un cadáver
aparecido en la colina de Montserrat. A partir de ahí, el protagonista
cree reconocer a la víctima y espera que sea notificada para
reconocer su identidad. Dicho defunción no es declarada por
ninguno de los órganos oficiales con lo cual él protagonista
decidirá empezar a investigar la causa de su encubrimiento.
Todo ello, le llevará a tener que enfrentarse con altos
cargos del poder, a las amenazas de patrullas civiles, a tiroteos
callejeros
y a salvaguardarse de una sociedad corrompida por doquier.
A
medida que van sucediéndose los hechos nos percatamos que
cada vez más el escritor nos conduce a una encrucijada donde
ni su familia va a quedar al margen de inculpaciones, persecuciones
e intentos de asesinatos por parte de altos cargos. Por ello, el protagonista
se verá obligado a emplearse a contrarreloj en una novela no
apta para cardíacos.
Todos
estos aspectos vienen caracterizados con un lenguaje directo donde
la acción no decrece en ningún momento. Liano utiliza
a lo largo de toda la narración expresiones descarnadas, retóricas
y llenas de ironías en una sociedad tan inaceptable como corrupta
desde cualquier perspectiva. Además, el escritor rellena el
lenguaje con expresiones que dan una veracidad atroz a todos los
hechos.
Todos estos elementos hacen de El
hombre de Montserrat una
excelente novela corta, tan sobrecogedora como escalofriante
que cuestiona,
ante todo, conciencias, morales y comportamientos.
