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Ora
Zero
(Hora Cero)
Stefano
Di Marino
Editrice
Nord • 2005 • 696 páginas
Giovanni
Zucca
Trad.: Empar Fernández
Viena, pocos años después del 2000. Un francotirador so
bre un tejado, un disparo de fusil. El objetivo es Georg Bruckner, jefe
de la DES, división europea para la seguridad, la nueva agencia
de seguridad antiterrorista que depende directamente del Parlamento Europeo.
Bruckner era un veterano del mundo cauteloso y paranoico del espionaje
que había luchado en los oscuros callejones de la Guerra Fría.
Su segundo, un italiano llamado Bruno Genovese, ocupa su lugar. Es un
tipo que al no le gustan los despachos, ni los ordenadores, ni las reuniones;
alguien que "desde su infancia ha deseado convertirse en un héroe" y
que ha descubierto que los héroes no existen, que se convierten
en asesinos o en cadáveres, tanto da, que el juego es sucio, lleno
de trampas, y a menudo inútil. La tensión que precede a
la acción, la adrenalina que circula por las venas. Bruno ha vivido
y vive todavía para eso (aunque permanezca todavía de un
pasado doloroso), y como él Linda, Regina, Werner, Marie y el
resto de los lobos cobijados al abrigo helado y fortificado de la DSE,
en Viena, para ese temblor que origina el juego, a veces más excitante
que el juego mismo. Pero esta vez la misión es mayor que nunca;
hoy Europa, mañana (quizás) el mundo entero. Un ente poderoso
que se mueve en la sombra, el Comité, conspira desde hace años
para impedir que la Europa unida adquiera una autonomía distinta
e independiente de los USA, padres-patrones. Para conseguir su propósito
los miembros de esta asociación secreta (cuyo primer objetivo
es hacer creer, como el Diablo, que no existe) están preparados
para utilizar cualquier medio, por cruel o inhumano que éste sea.
Por ejemplo, facilitar la evasión de un sector de alta seguridad
de Caspar Dragan, un feroz caudillo serbio, culpable de innumerables
atrocidades durante el conflicto de Kosovo y capturado (en el curso de
un violento prólogo que se desarrolla en el año 2000) gracias
en especial a la actuación de Genovese. Dragan ha de preparar
un chantaje nuclear para evidenciar la fragilidad de Europa y reforzar
la necesidad de una mayor tutela ejercida por el amigo/enemigo americano.
Pero Dragan, al margen del Comité, tiene en la cabeza un proyecto
personal todavía más demencial y sanguinario que concierne
Europa entera. Así empieza una partida a muerte, donde nada es
lo que parece y donde el amigo de hoy es el enemigo de mañana:
siete días, sólo siete, en un mundo de dobles y triples
juegos, mientras se desgrana la cuenta atrás del reloj y entre
espías, agentes secretos, asesinos y contra-asesinos, los muertos
suceden a los muertos.
Inspirado en un mecanismo narrativo de
24 horas, tenso y fascinante, Hora
Cero está construido en
capítulos cortos, a menudo
muy breves, determinados por el curso inexorable de las agujas del
reloj. Un thriller "americano" en su mecanismo que recuerda al mejor
Ludlum ( sin perder nunca su dimensión de credibilidad, pertenece
a la más pura ficción) y al mismo tiempo un thriller "europeo":
no sólo y no tanto por los decorados ( muy cuidados, que van
desde las galerías subterráneas de la base de la DSE
al círculo
polar, vía Budapest, Praga, París, Dublín la isla
de la Magdalena, Strasbourg.) sino también por la sensibilidad
de la mirada del autor. Escritor - "popular" en el mejor sentido de
la palabra- reconocido ( especialmente bajo el pseudónimo de
Stephen Gunn), hábil constructor de trama y de relojería
en las que sabe metabolizar un imaginario alimentado de la ficción
escrita, dibujada y filmada, de las últimas décadas,
Stefani Di Marino no acepta etiquetas políticas en su imponente
Hyper-thriller. Sólo entretenimiento, con toda seguridad (pero
entretenimiento a lo grande) Y, sin embargo, aquí y allá entre
líneas,
emergen algunas consideraciones rápidas sobre la política
y el poder, sobre la violencia, la traición o la fidelidad,
así mismo
ante todo. Algunas consideraciones amargas; suficientes para afirmar
que Hora Cero pertenece al género, no tan poblado, de los thrillers
que poseen alma.