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Más
que una investigación...
La
reina sin espejo
Lorenzo Silva
Destino • 2005 • 382
pp.
Javier
Sánchez Zapatero
Con
la salida al mercado de La reina sin espejo, son ya tres las obras
publicadas por Lorenzo Silva en menos de un año. Tras el volumen
de cuentos Nadie más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua y la compilación de ensayos y reportajes Líneas de sombra.
Historias de criminales y policías, el escritor madrileño
vuelve a la sección de novedades de las librerías con
la cuarta novela de la saga protagonizada por el sargento Bevilacqua
y la cabo Chamorro. Tras El lejano país de los estanques, El
alquimista impaciente y La niebla y la doncella, los personajes de
los dos guardias civiles aparecen en esta última obra plenamente
consolidados, dotados de una entidad individual que les hace ser mucho
más que elementos al servicio de la trama deductiva. A través
de las cuatro novelas, Silva, que, según ha manifestado en más
de una ocasión, nunca creó a los dos investigadores con
voluntad de que perduraran como proyecto literario, ha conseguido trazar
dos personajes de raza, singulares, complejos y muy alejados de los
tópicos con los que se sigue identificando a la Guardia Civil.
La aparición del cadáver de la conocida periodista catalana
Neus Barutell en un pequeño pueblo de Zaragoza supone el punto
de partida de la novela. Lo que en principio se presenta como un simple
crimen pasional va complicándose a medida que avanza la investigación,
narrada con el lujo de detalles y la verosimilitud que suele caracterizar
al police procedural, hasta el punto de que los dos agentes han de
trasladarse a Barcelona para entrar en contacto con el círculo
personal y profesional de la finada. Además de relatar el desarrollo
de las pesquisas policiales, en las que cada vez tienen más
peso los medios tecnológicos, La reina sin espejo cuenta,
como las grandes novelas del género, una búsqueda personal.
Al llegar a Barcelona, Bevilacqua se da de bruces con un pasado incómodo
con nombre de mujer al que no le queda más remedio que enfrentarse.
De esa nostalgia, que en ocasiones se transforma en dolor al recordar
lo que pudo ser y no fue, nace el tono crepuscular de la obra, cuyo
protagonista aparece más desengañado y escéptico
que nunca. El lector tiene así la oportunidad de asistir a un
doble descubrimiento: por una parte, el que le permite conocer el vínculo
que une al sargento con la ciudad; por otra, el que le muestra
los miedos e inseguridades de la otra protagonista del libro, la
periodista
fallecida, cuya vida se va desgranando a medida que su muerte se
va esclareciendo.
La
localización de la trama en la capital catalana no sólo
supone un homenaje a la ciudad con más tradición negra
y criminal en las letras españolas, sino que sirve también
a Silva para reflejar una novedosa realidad en la que han de convivir
tres cuerpos policiales. La acción de la obra transcurre en
el momento, plenamente actual, en el que las fuerzas de seguridad nacionales
han iniciado su repliegue en Cataluña, por lo que Bevilacqua
y Chamorro han de colaborar con los Mossos d’Esquadra para realizar
su investigación. Esas relaciones, así como la búsqueda
por los ambientes en los que se movía la fallecida, permiten
al autor trazar una radiografía de la Barcelona contemporánea.
A pesar de pertenecer a los más selectos ambientes sociales
y culturales de la ciudad, Neus Barutell estaba en contacto con los
sectores marginales de la población por su trabajo como periodista
de investigación, que le había llevado a indagar en la
problemática de las mafias europeas, el tráfico de blancas
o la inmigración clandestina. Sin caer en prejuicios ni tópicos
centralistas, Silva muestra así la cambiante actualidad de una
ciudad en la que conviven pueblos y culturas y en la que junto al diseño
más exquisito aparece la más sórdida delincuencia.
A través de ese retrato, el autor madrileño pone una
vez más de manifiesto la capacidad del género negro para,
sin perder un ápice de amenidad, reflejar la realidad contemporánea
y ser testigo crítico de sus cambios.