>> Lecturas
Recordando
a los hard-boiled
Putas,
diamantes y cante jondo
Lluís Gutiérrez
Abadia
Editors, La capa negra • 2005 • 190
páginas
Àlex
Martín Escribà
Un
detective que es adicto al zumo de naranja natural, que comparte su
vida con una perra que se llama Cariño y que de vez en cuando mantiene
relaciones sexuales con Maruchi, más conocida como la Desdentá,
solo puede ser un loco callejero o un macarra investigador privado.
Con esta
descripción Lluís
Gutiérrez nos presenta
a su personaje, Basilio Céspedes, conocido como Humphrey, un
detective que junto a su amigo y vecino el gallego-americanizado y
conocido como Billy Ray Cunqueiro-, mantienen la agencia "Humphrey
y Cunqueiro Asociados. Agencia de Investigación y soporte a
la Empresa".
Con estos
personajes Gutiérrez
irrumpe con fuerza en el panorama negro español con Putas,
diamantes y cante jondo,
una novela narrada en primera persona donde se nos relata cuatro flamantes
historias plagadas de humor, ironía y con una visión
del mundo militante y sarcástica.
La trama
de la novela se abre con la muerte del Tío Matías,
un gitano patriarca del barrio barcelonés del Poble Sec. Paralelamente,
un obrero encuentra un montón de diamantes ocultos en diversas
cajas de mercancías y un militar ruso llamado Yuri Samshuck, viene
a España para negociar unos asuntos turbios ya que le han dicho
que la "policía es tierna y los jueces, gilipollas". Simultáneamente,
Billy Ray sueña con comprarse un yate de lujo, llenarlo de putas
y viajar con ellas.
Con toda
esta trama los dos personajes centrales-ayudados por una secretaria
muy ineficiente pero con unas grandes curvas y un sargento jubilado llamado
García-se enfrentarán a un sinfín de asuntos sucios
donde a ninguno de ustedes se le ocurriría meter las narices
en ellos.
En una
ocasión, Manuel Vázquez Montalbán afirmaba
que "El hampa ya no es lo que era". Pues bien, con Lluís Gutiérrez
se recupera muchos de los ingredientes de las novelas negras más
clásicas de los setenta y ochenta. Sin perder un ápice
de contemporaneidad, la novela de Gutiérrez recuerda a las viejas
historias de Méndez o Miguel Vargas Reinoso por Barcelona, así como
los polémicos comportamientos de Toni Romano por Madrid. Con esta
novela regresamos a aquel microcosmos poblado de putas, gitanos y mafiosos
donde las informaciones solo se obtienen en los puticlubs y donde la
ley se impone de nuevo-como en los años del pistolerismo-en las
calles más oscuras de Barcelona.
Les corroboro
sin lugar a dudas lo que dice Jordi Canal en su prólogo:
cojan el sillón más cómodo de la casa, una buena
botella de whisky maltés, los cigarrillos americanos y disfruten
porque el espectáculo está asegurado.