>> Lecturas
Salvaje
inocencia
Sangre nuestra
Carlos Pérez Merinero
La Factoría de Ideas • 2005
Javier
Sánchez Zapatero
Gracias
a títulos como Llamando a las puertas del
infierno o El ángel
triste, Carlos Pérez Merinero se constituyó a
mediados de la década de 1980 como una de las más personales
voces de la narrativa policiaca española. A medio camino entre
la literatura de terror y la novela criminal, el autor sevillano
construyó una
obra en la que todo parecía marcado por las más bajas
pulsiones. Sus personajes, seres absolutamente salvajes e irracionales
guiados por el ansia de violencia y de sexo, pululaban, como si de
entes creados por Jim Thompson se tratase, por escenarios repletos
de sangre y muerte, en un devenir caótico en el que nunca
había
lugar para la ética ni para el sentido de la responsabilidad.
Su amoralidad, no exente de humor negra, hizo de su obra una de las
más insólitas de la "época dorada" de las letras
negras españolas.
Esas señas de identidad permanecen
en su última
novela, Sangre
nuestra, segunda parte de la trilogía Fronteras
de la inocencia, que se inició con Razones para
ser feliz y
que finalizará con la próxima publicación de La
niña que hacía llorar a la gente. La demencia
de sus anteriores novelas es aplicada en éstas a personajes
infantiles, algo que, utilizando con maestría la figura del
narrador no fiable, ése que presenta el mundo según
su visión
perturbada, se traduce en un grado mayor de horror y espanto. Allí donde
la mirada convencional ve seres ingenuos y angelicales, la prosa
de Merinero ve el germen del horror y de la violencia que domina
el mundo.
Curtido como guionista (suyo
es el libreto de Amantes o
el de varios capítulos de la televisiva La huella
del crimen)
y con una larga trayectoria novelística a sus espaldas, Pérez
Merinero combina su prosa fluida y directa con una visión del
mundo inquietante que hace ver que incluso en lo más inocente
puede residir lo más terrible.