el policiaco en el punto de mira
n°5 Mayo-Junio-Julio de 2006

 

 

La polizia moderna
e il cittadino europeo

 

Etienne Borgers, Ayuda! Los policías están por todos sitios


Ayuda! Los policías están por todos sitios

Etienne Borgers
Traduction : Ernesto Rubio

La novela policíaca usa y abusa de la policía...

No obstante, inicialmente se desarrolló centrándose en la figura del investigador privado, amateur o profesional, heredero del aventurero de los folletines del siglo XIX sumergido en intrigas y enigmas; a pesar de lo cual la policía rápidamente formó parte del conjunto, como auxiliar del detective privado, y sobre todo, como la imagen de la justicia y del castigo del crimen. Es suficiente la remisión a Edgar Poe o al Conan Doyle de las aventuras de Sherlock Holmes, etapas importantes de la tradición anglo sajona.

Esencialmente a la búsqueda del equilibrio y la armonía, la investigación en los inicios de la novela policíaca servía para restablecer el orden y la normalidad en una sociedad puesta en escena como repentinamente expuesta al desorden del crimen. Preferentemente al crimen de sangre, la mayor de las transgresiones, lo inadmisible frente a lo cual el investigador es el héroe que se bate para descubrir la solución del enigma; su investigación y su lucha deben al final restablecer el orden, el equilibrio y el bienestar de una sociedad inmutable, raramente criticada en sus pilares o fundamentos en el texto de ficción en la que se refleja.

Al hilo del desarrollo y de las variantes introducidas en la novela policíaca, se hizo rápidamente palpable para muchos autores, que aquellos que de manera cotidiana están en contacto con lo inadmisible se encuentran en el seno de las organizaciones de policía. En las secciones de investigación criminal. Así, de manera gradual, el segundo héroe recurrente que creará la novela policíaca del siglo XX, se encontrará en el corazón mismo del sistema judicial: miembro de la policía. Se vuelve por tanto a las fuentes de la novela policíaca francesa, con los policías y sus indagaciones oficiales, de Vidocq a Gaboriau. Modernizados, por supuesto, adaptados a la época del autor ... para llegar a la creación magistral del comisario Maigret, de Simenon, personaje que protagonizará cerca de 80 volúmenes a partir de finales de los años 20, y cuya influencia fue enorme en este género de literatura.

A través de diversas vías, el personaje central del policía será inevitable en la novela policíaca, francófona o anglosajona.

Y ello a pesar de que la tradición americana va a crear uno de los arquetipos más sólidos de la novela policíaca moderna: el detective privado, ese investigador privado profesional que se debate en un mundo más realista que el de sus predecesores, que se convierte a veces en justiciero y que no triunfa en todas sus empresas, que ha sido maltratado por la vida y por una sociedad que él mismo no siempre acepta tal como la descubre. La corriente americana de la novela policíaca va a acabar concentrándose también en el papel del policía, ya sea en los thrillers que mezclan acción e investigación, ya sea en las novelas negras. El deslizamiento hacia el policía como personaje central, así como la sobre-utilización del mito del detective privado a la americana en la literatura policíaca negra de todo origen, y en sus pastiches, a partir del fin de los años 50, se hará rápidamente. Sin olvidar su magistral trasposición al cine a partir de los años 40, adaptación del personaje de detective privado salido directamente de la literatura policíaca americana “hard – boiled” y negra que dará lugar a las primeras obras maestras del cine negro. Y a una acusada representación del mito del detective privado.

La aparición de la comisaría del distrito 87 de McBain y de sus policías, saga que comenzó en 1956, y que perdurará hasta nuestros días, es uno de los ejemplos más señalados de ese retorno del personaje del policía, después del reino del detective privado.

Además, a partir de los años 80, se asistirá a la irrupción de la policía en las novelas policíacas anglo sajonas, sobre todo americanas. Pero en esta ocasión, se rastreará ampliamente, y la novela policíaca reclutará médicos forenses, brigadas especiales “anti” todo lo que se pueda imaginar (desde estupefacientes a terrorismo), policías de la “policía de los policías” (los famosos Asuntos Internos), policía judicial, servicios de protección, y alguno que no recordaré.

Sin hablar de la irrupción, en los años 90, de los servicios científicos de la policía, prolongación sutil del médico forense que estaba, él también, en el camino del pluriempleo en la literatura policíaca. En adelante, serán los expertos científicos, las claves privilegiadas de las intrigas y de la resolución de los enigmas.

Hay que rendirse a la evidencia: la policía ha invadido literalmente la novela policíaca de finales del siglo XX y principios del XXI.

Sin olvidar los folletines y series policíacas de la TV. También ahí, la adhesión es masiva en este “media” popular, cuyas series reemplazan en la actualidad la difusión en masa que conoció la literatura de género durante el siglo XX hasta la mitad de los años 70, novelas policíacas incluidas. Las series que ponen en escena a policías detectives, comisarios, policías de calle y especialistas de la policía científica están en expansión constante desde los años 80, hasta el punto de ser omnipresentes en los programas de TV franceses, ingleses y americanos actuales. Nadie se escapa.

En la abundancia de novelas y series televisivas que utilizan al policía como personaje central, se pueden encontrar algunos autores que alejan a este héroe oficial de la sociedad moderna hacia espacios más sombríos, incluso desoladores, debiendo sin embargo reconocer que la mayoría de las historias que nos cuentan, preservan al pacificador de los comienzos de las novelas de intriga, pero en esta ocasión bajo la forma de un policía, reforzando así la imagen de la búsqueda de normalidad y equilibrio en la sociedad moderna, por medio de este personaje con vocación oficial. Y que ha prestado juramento.

¿Por qué? ¿Nuestras sociedades actuales tienen realmente tal necesidad de tranquilizarse, que hace falta exhibir la imagen sosegada del poder paternalista y represor a través de esta policía de ficción, un principio de sosiego reclamado por un público que parece no encontrarlo por sí mismo? ¿El exorcismo de sus demonios? ¿De aquellos de la sociedad?

Por otra parte, el misterio (y la búsqueda de su explicación) es uno de los grandes componentes de la psique humana, una llamada primaria que viene del fondo de nuestra humanidad, una imagen deformada de las cuestiones esenciales almacenadas en el fondo de nosotros mismos. Ese misterio que moviliza, que está en la base de la curiosidad científica, de las supersticiones, de las religiones ... y de la novela policíaca en general.

El misterio que puede ser interpretado y resuelto por el mago. Como esos investigadores científicos tan populares, que utilizan la magia, un conocimiento reservado a sus castas y del todo impenetrable para el hombre ordinario; es a través de la magia que los investigadores explican el misterio, que resuelven la crisis. Al lector, o al espectador, solo se le reclama fe. La tranquilidad es la recompensa.

Durante este tiempo, la policía que nos rodea se quiere moderna, sin que realmente se sepa qué dimensión dar a ese calificativo. Ciertamente, como en el pasado, hay una determinada policía que debería servir al ciudadano directamente, protegiéndole y ayudándole.

Si el camino es ciertamente el lugar donde mejor se ve el ejercicio de esa facultad, para el beneficio directo del ciudadano, en los otros dominios donde actúa la policía, su papel y sus objetivos permanecen muy difusos y aleatorios. Por el contrario, el poder oficial, cualquiera que sea, ha permanecido como el motor del brazo armado de esta policía, un poder político que está presto para volver el arma contra aquellos que se supone ha de proteger. Esta “moderna” policía no ha podido ser moderna más que para controlar mejor al ciudadano, contenerle, y proteger a los privilegiados y ostentadores del poder. Como en el pasado... Poco ha cambiado.

Salvo que la modernidad permite al poder político transmitir con insistencia un temor oscuro a los espíritus débiles (sistemática y cínicamente, vía “mass media” cada vez menos independientes), y llevarles, cual tropa sumisa, a reivindicar cada vez más, controles “modernos” de los cuales serán las primeras víctimas. Con el celo policial de fondo.

Sin mucha responsabilidad sobre las cuestiones fundamentales, esta policía en Europa vive sobre el impulso de su gran tradición de fornicación con el “homo politicus”.

Pero en nuestro inventario de personajes mayores, no olvidemos a los psicólogos de toda clase, aliados venidos a la ayuda del poder judicial y los tecnócratas. Psicólogos que han invadido en la actualidad nuestras novelas, conceptuadas como policíacas a la fuerza, cuando no los tribunales de justicia en la vida real.

Otros grandes sacerdotes de una falsa ciencia que ha alcanzado el estatus de religión en nuestros tiempos modernos, esos psicólogos, cómplices de todas las manipulaciones mediáticas, sostenes ocultos de la publicidad, de los medios televisivos y ... de la presentación del político a los electores, son omnipresentes, y ellos también se han convertido en los adivinos de la literatura policíaca actual. Remítanse a sus thrillers y best sellers habituales. Y no ha terminado. En breve se les va a llamar a la fuerza: se ha descubierto que los estigmas del delincuente son detectables desde la edad de los 3 años. Supongo que pronto se van a medir de nuevo los cráneos y la longitud de las narices, en paralelo con los tests mágicos ideados para evaluar el espíritu. Buenos tiempos se avecinan para ellos ... La alianza del Mago y de Pinocho. En lo real y en la ficción policial. En nuestra vida cotidiana.

Que el policía de a pie me perdone, pero yo no veo policía próxima al ciudadano, tan querida por la propaganda política. Por el contrario, en el thriller y la novela policíaca tradicional moderna, es omnipresente ... Se ven policías por todos sitios!

La narrativa general no trata, desde hace ya más de 50 años, los verdaderos problemas de la sociedad y no supone una gran ayuda. Es pues urgente replegarse en la novela negra, a menudo muy pesimista, pero que parece ser la única que ha tratado con clarividencia los temas de la corrupción, las desviaciones de los policías y el verdadero combate contra el Mal y el crimen.

La novela negra será el único remedio al virus policíaco y a la fiebre autoritaria, el último bastión ante la pandemia de seguridad que se aprestan a expandir los aprendices de brujo que, desde lo alto de su poder, se proclaman nuestros guías y protectores. Y nos gobiernan.

 


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