Etienne
Borgers, Ayuda!
Los policías están por todos sitios
Ayuda!
Los policías están por todos sitios
Etienne Borgers
Traduction : Ernesto Rubio
La novela
policíaca usa y abusa de la policía...
No obstante,
inicialmente se desarrolló centrándose
en la figura del investigador privado, amateur o profesional, heredero
del aventurero de los folletines del siglo XIX sumergido en intrigas
y enigmas; a pesar de lo cual la policía rápidamente
formó parte del conjunto, como auxiliar del detective privado,
y sobre todo, como la imagen de la justicia y del castigo del crimen.
Es suficiente la remisión a Edgar Poe o al Conan Doyle de
las aventuras de Sherlock Holmes, etapas importantes de la tradición
anglo sajona.
Esencialmente
a la búsqueda del equilibrio y la armonía,
la investigación en los inicios de la novela policíaca
servía para restablecer el orden y la normalidad en una sociedad
puesta en escena como repentinamente expuesta al desorden del crimen.
Preferentemente al crimen de sangre, la mayor de las transgresiones,
lo inadmisible frente a lo cual el investigador es el héroe
que se bate para descubrir la solución del enigma; su investigación
y su lucha deben al final restablecer el orden, el equilibrio y el
bienestar de una sociedad inmutable, raramente criticada en sus pilares
o fundamentos en el texto de ficción en la que se refleja.
Al hilo
del desarrollo y de las variantes introducidas en la novela policíaca, se hizo rápidamente palpable para muchos
autores, que aquellos que de manera cotidiana están en contacto
con lo inadmisible se encuentran en el seno de las organizaciones
de policía. En las secciones de investigación criminal.
Así, de manera gradual, el segundo héroe recurrente
que creará la novela policíaca del siglo XX, se encontrará en
el corazón mismo del sistema judicial: miembro de la policía.
Se vuelve por tanto a las fuentes de la novela policíaca francesa,
con los policías y sus indagaciones oficiales, de Vidocq a
Gaboriau. Modernizados, por supuesto, adaptados a la época
del autor ... para llegar a la creación magistral del comisario
Maigret, de Simenon, personaje que protagonizará cerca de
80 volúmenes a partir de finales de los años 20, y
cuya influencia fue enorme en este género de literatura.
A través de diversas vías, el personaje central del
policía será inevitable en la novela policíaca,
francófona o anglosajona.
Y ello
a pesar de que la tradición americana va a crear uno
de los arquetipos más sólidos de la novela policíaca
moderna: el detective privado, ese investigador privado profesional
que se debate en un mundo más realista que el de sus predecesores,
que se convierte a veces en justiciero y que no triunfa en todas
sus empresas, que ha sido maltratado por la vida y por una sociedad
que él mismo no siempre acepta tal como la descubre. La corriente
americana de la novela policíaca va a acabar concentrándose
también en el papel del policía, ya sea en los thrillers
que mezclan acción e investigación, ya sea en las novelas
negras. El deslizamiento hacia el policía como personaje central,
así como la sobre-utilización del mito del detective
privado a la americana en la literatura policíaca negra de
todo origen, y en sus pastiches, a partir del fin de los años
50, se hará rápidamente. Sin olvidar su magistral trasposición
al cine a partir de los años 40, adaptación del personaje
de detective privado salido directamente de la literatura policíaca
americana “hard – boiled” y negra que dará lugar a las primeras
obras maestras del cine negro. Y a una acusada representación
del mito del detective privado.
La aparición de la comisaría del distrito 87 de McBain
y de sus policías, saga que comenzó en 1956, y que
perdurará hasta nuestros días, es uno de los ejemplos
más señalados de ese retorno del personaje del policía,
después del reino del detective privado.
Además, a partir de los años 80, se asistirá a
la irrupción de la policía en las novelas policíacas
anglo sajonas, sobre todo americanas. Pero en esta ocasión,
se rastreará ampliamente, y la novela policíaca reclutará médicos
forenses, brigadas especiales “anti” todo lo que se pueda imaginar
(desde estupefacientes a terrorismo), policías de la “policía
de los policías” (los famosos Asuntos Internos), policía
judicial, servicios de protección, y alguno que no recordaré.
Sin
hablar de la irrupción, en los años 90, de los
servicios científicos de la policía, prolongación
sutil del médico forense que estaba, él también,
en el camino del pluriempleo en la literatura policíaca. En
adelante, serán los expertos científicos, las claves
privilegiadas de las intrigas y de la resolución de los enigmas.
Hay
que rendirse a la evidencia: la policía ha invadido literalmente
la novela policíaca de finales del siglo XX y principios del
XXI.
Sin
olvidar los folletines y series policíacas de la TV.
También ahí, la adhesión es masiva en este “media” popular,
cuyas series reemplazan en la actualidad la difusión en masa
que conoció la literatura de género durante el siglo
XX hasta la mitad de los años 70, novelas policíacas
incluidas. Las series que ponen en escena a policías detectives,
comisarios, policías de calle y especialistas de la policía
científica están en expansión constante desde
los años 80, hasta el punto de ser omnipresentes en los programas
de TV franceses, ingleses y americanos actuales. Nadie se escapa.
En la
abundancia de novelas y series televisivas que utilizan al policía como personaje central, se pueden encontrar algunos
autores que alejan a este héroe oficial de la sociedad moderna
hacia espacios más sombríos, incluso desoladores, debiendo
sin embargo reconocer que la mayoría de las historias que
nos cuentan, preservan al pacificador de los comienzos de las novelas
de intriga, pero en esta ocasión bajo la forma de un policía,
reforzando así la imagen de la búsqueda de normalidad
y equilibrio en la sociedad moderna, por medio de este personaje
con vocación oficial. Y que ha prestado juramento.
¿Por qué? ¿Nuestras sociedades actuales tienen
realmente tal necesidad de tranquilizarse, que hace falta exhibir
la imagen sosegada del poder paternalista y represor a través
de esta policía de ficción, un principio de sosiego
reclamado por un público que parece no encontrarlo por sí mismo? ¿El
exorcismo de sus demonios? ¿De aquellos de la sociedad?
Por
otra parte, el misterio (y la búsqueda de su explicación)
es uno de los grandes componentes de la psique humana, una llamada
primaria que viene del fondo de nuestra humanidad, una imagen deformada
de las cuestiones esenciales almacenadas en el fondo de nosotros
mismos. Ese misterio que moviliza, que está en la base de
la curiosidad científica, de las supersticiones, de las religiones
... y de la novela policíaca en general.
El misterio
que puede ser interpretado y resuelto por el mago. Como esos investigadores
científicos tan populares, que utilizan
la magia, un conocimiento reservado a sus castas y del todo impenetrable
para el hombre ordinario; es a través de la magia que los
investigadores explican el misterio, que resuelven la crisis. Al
lector, o al espectador, solo se le reclama fe. La tranquilidad es
la recompensa.
Durante
este tiempo, la policía que nos rodea se quiere moderna,
sin que realmente se sepa qué dimensión dar a ese calificativo.
Ciertamente, como en el pasado, hay una determinada policía
que debería servir al ciudadano directamente, protegiéndole
y ayudándole.
Si el
camino es ciertamente el lugar donde mejor se ve el ejercicio de
esa facultad, para el beneficio directo del ciudadano, en los otros
dominios donde actúa la policía, su papel y sus
objetivos permanecen muy difusos y aleatorios. Por el contrario,
el poder oficial, cualquiera que sea, ha permanecido como el motor
del brazo armado de esta policía, un poder político
que está presto para volver el arma contra aquellos que se
supone ha de proteger. Esta “moderna” policía no ha podido
ser moderna más que para controlar mejor al ciudadano, contenerle,
y proteger a los privilegiados y ostentadores del poder. Como en
el pasado... Poco ha cambiado.
Salvo
que la modernidad permite al poder político transmitir
con insistencia un temor oscuro a los espíritus débiles
(sistemática y cínicamente, vía “mass media” cada
vez menos independientes), y llevarles, cual tropa sumisa, a reivindicar
cada vez más, controles “modernos” de los cuales serán
las primeras víctimas. Con el celo policial de fondo.
Sin
mucha responsabilidad sobre las cuestiones fundamentales, esta
policía en Europa vive sobre el impulso de su gran tradición
de fornicación con el “homo politicus”.
Pero
en nuestro inventario de personajes mayores, no olvidemos a los
psicólogos de toda clase, aliados venidos a la ayuda del
poder judicial y los tecnócratas. Psicólogos que han
invadido en la actualidad nuestras novelas, conceptuadas como policíacas
a la fuerza, cuando no los tribunales de justicia en la vida real.
Otros
grandes sacerdotes de una falsa ciencia que ha alcanzado el estatus
de religión en nuestros tiempos modernos, esos psicólogos,
cómplices de todas las manipulaciones mediáticas, sostenes
ocultos de la publicidad, de los medios televisivos y ... de la presentación
del político a los electores, son omnipresentes, y ellos también
se han convertido en los adivinos de la literatura policíaca
actual. Remítanse a sus thrillers y best sellers habituales.
Y no ha terminado. En breve se les va a llamar a la fuerza: se ha
descubierto que los estigmas del delincuente son detectables desde
la edad de los 3 años. Supongo que pronto se van a medir de
nuevo los cráneos y la longitud de las narices, en paralelo
con los tests mágicos ideados para evaluar el espíritu.
Buenos tiempos se avecinan para ellos ... La alianza del Mago y de
Pinocho. En lo real y en la ficción policial. En nuestra vida
cotidiana.
Que
el policía de a pie me perdone, pero yo no veo policía
próxima al ciudadano, tan querida por la propaganda política.
Por el contrario, en el thriller y la novela policíaca tradicional
moderna, es omnipresente ... Se ven policías por todos sitios!
La narrativa
general no trata, desde hace ya más de 50 años,
los verdaderos problemas de la sociedad y no supone una gran ayuda.
Es pues urgente replegarse en la novela negra, a menudo muy pesimista,
pero que parece ser la única que ha tratado con clarividencia
los temas de la corrupción, las desviaciones de los policías
y el verdadero combate contra el Mal y el crimen.
La novela
negra será el único
remedio al virus policíaco
y a la fiebre autoritaria, el último bastión ante la
pandemia de seguridad que se aprestan a expandir los aprendices de
brujo que, desde lo alto de su poder, se proclaman nuestros guías
y protectores. Y nos gobiernan.
