Tras una agotadora y deprimente jornada
de trabajo persiguiendo morosos en una gestoría de mala muerte abocada a la ruina, Pablo se
encuentra en el metro con Trendy, antiguo amigo de juventud del que
hace años que no sabe nada. A las pocas horas de formularse
las rituales preguntas con las que ponerse al día, intercambiar
los teléfonos y despedirse prometiendo llamarse pronto para
ya no volver a perder contacto, Trendy aparece muerto de una puñalada
en el pecho. La vida de Pablo, en permanente zozobra por su desastrosa
situación laboral y el reciente abandono de su novia, se ve
envuelta a partir de entonces en una kafkiana espiral que le obliga
a implicarse personalmente, junto a un taciturno y enigmático
inspector, en la investigación del crimen de su amigo, recorriendo
para ello los lugares en los que pasó su adolescencia y se fraguó su
relación con la víctima. Resucitando antiguos fantasmas
de un pasado que creía ya olvidado, el protagonista de la obra
se reencuentra con viejas amistades perdidas y se enfrenta a recuerdos
que no siempre le remiten a tiempos gloriosos. La novela establece
así una doble intriga para el lector, expectante ante la resolución
de una investigación en la que se habla de ajustes de cuentas,
drogas y corruptelas inmobiliarias, y ante las claves de una amistad
que, marcada por el amor hacia la misma chica, parece esconder más
cosas de las que en un principio muestra. El protagonista intenta poner
orden a todo aquello que quedó sin resolver años atrás,
como si con ello pudiera reestablecer la normalidad en su tormentosa
existencia. Se asiste así, junto al sorprendente descubrimiento
del criminal, a la reconstrucción de una época de la
vida de Pablo que él mismo parecía haber olvidado ya,
una época en la que el mundo se extendía por los portales
de alrededor, en la que parecía que los amigos del instituto
iban a ser eternos, en la que a la gente se le llamaba siempre por
el mote, en la que tener mil pesetas en el bolsillo hacía a
uno sentirse poderoso, en la que el único remedio para el hastío
de las tardes de invierno era meterse en un bar de jubilados a tomar
cubatas de garrafón...
Deudas pendientes es
una novela de casualidades y sorpresas cuya trama está ompuesta
por golpes de efecto de ésos
que hacen que la vida cambie para siempre. Escrita con solvencia por
el debutante Antonio Jiménez Barca, redactor del periódico El
País, la novela gana enteros cuando se zambulle, con nostalgia,
cierto toque costumbrista y mucha verdad, en los recuerdos del protagonista
y en su relación con el barrio periférico en el que creció.
Su impacto al encontrarse con antiguos compañeros que en su
mente seguían siendo jóvenes imberbes convertidos ya
en respetables padres de familia, al descubrir que el páramo
de sus juegos infantiles está lleno de viviendas de nueva construcción
y al comprobar que poco queda ya de todo aquello junto a lo que creció demuestra
la importancia de la fidelidad a los orígenes y la necesidad
de dejar siempre saldadas las cuentas con un pasado que, a pesar de
los intentos por huir de él, no deja nunca de ser compañero
de viaje.