Si tuvo la impresión de que el Broker de Grisham, que se desarrolla
en unas cuantas calles de una Bolonia de cartón piedra, era
un poco artificial, encontrará en Ella es mi pecado ,
todo lo que le faltaba a la novela americana. Una ciudad creíble,
compleja, donde la mafia rumana emergente se combina con la burguesía
masona decidida a defender por todos los medios sus propios privilegios.
Una ciudad en la que no sólo hay un centro con sus monumentos
sino también villas lujosas en las colinas y lugares descuidados,
abandonados a ellos mismos, donde la criminalidad prospera sin ser
perturbada (el hotel Romania de la novela, por ejemplo, así como
el lugar llamado el Infierno, son inmediatamente reconocibles como
lugares reales, teatros de numerosos sucesos boloñeses).
Una ciudad muy italiana, con sus dos
policías, que se ocupan
de los mismos casos, que se hacen competencia a menudo sin intercambiar
información, y que, para justificar su existencia autónoma,
se ven obligados a dividir los barrios en sectores de influencia, policías
y carabineros, por turnos, según los días. Una ciudad
en la que ser masón es muy diferente de lo que podría
ser en Inglaterra, por ejemplo. Ella es mi pecado es una
novela bella y consistente, llena de suspense, que desmiente el mito
de que la acción del relato va a menudo contra la profundidad
de los personajes. Y el estilo seguro de Bettini aumenta el placer
de la lectura.
Un hombre es asesinado en el parque de
una clínica siquiátrica.
Se trata de Gianfranco Marozzi, agente inmobiliario. El propietario
de la clínica, es un dudoso promotor, miembro de la burguesía "que
cuenta", esa misma que intenta poner obstáculos a la investigación
de Paolo Mormino, jefe de la policía criminal, utilizando todos
sus apoyos sociales y políticos, haciendo malas jugadas. Paralelamente
al asesinato de Marozzi, una importante operación de carabineros
para capturar un peligroso contumaz rumano falla. Si existe un vínculo
entre los dos casos, nadie se da cuenta, porque las dos fuerzas públicas
conducen sus investigaciones cada una por su lado. Y, tras un segundo
homicidio, le retiran el caso a Mormino para confiarlo a los carabineros.
Pero el jefe de la criminal quiere conocer el fondo de la historia.
Ha comenzado a seguir una pista, a partir de un DVD porno rodado por
el muerto con sus amantes y con prostitutas.
Se entrevistó con Francesca, la novia de Marozzi, joven, provocante,
muy guapa, que aparece varias veces en el DVD. Sin tener en cuenta
el proceso de instrucción, literalmente embrujado por la fuerza
sensual de Francesca, Mormino, tiene relaciones con ella, ritmadas
por la escansión oscura de She's my sin, de Nightwish. Cuando
los acontecimientos se precipitan, Paolo Mormino, ayudado por el superintendente
Comper (un trentino testarudo que nunca hará carrera porque
habla siempre en su dialecto) deberá arriesgarlo todo, incluida
su vida, para encontrar una solución. Y lo hará por diversos
motivos, pero quizás sobre todo porque en su deseo de justicia,
no hay ninguna inocencia.
Fotos de los lugares de la novela y otras informaciones en: www.marcobettini.it