Ocupada en la obsesiva composición de una tesis sobre las representaciones
simbólicas de la oscuridad y en la cría de un cerdo en
la bañera de su casa para combatir así la escasez de
alimentos que azota su país, la existencia del profesor Claudio
Cañizares transcurre anodina e insulsa en la mediocridad más
absoluta hasta el día en que descubre, de forma azarosa, que
su vida corre peligro. Desde el momento en que se entera de que dos
hombres le persiguen para acabar con él, el comportamiento del
protagonista de la novela se modifica de forma brutal y violenta para
conseguir las que desde entonces parecen ser sus únicas metas
vitales: averiguar los motivos de la amenaza y acabar con quienes han
sido designados para llevarla a cabo. A medida que Cañizares
va acercándose al cumplimiento de sus objetivos, más
profunda parece ser su inmersión en la paranoia salvaje y vengativa.
De ahí que la trama de la novela desemboque en una doble intriga
para el lector, expectante (y angustiado) no sólo ante la incertidumbre
que ocupa al personaje principal, sino también ante la incógnita
de la conclusión de la oleada de bestialidad y horror en la
que se ha visto envuelta su hasta entonces apacible rutina. Toda su
peripecia aparece dominada por la figura del gorrino que esconde en
su cuarto de baño, cuya bestialidad omnívora terminará por
convertirse en elemento esencial de la obra.
Estructurada bajo
un complejo entramado que incluye diversos puntos de vista, súbitos cambios de registro, variaciones temporales
y polifonía textual, Las Bestias -segunda novela del
escritor cubano afincado en España Ronaldo Menéndez,
autor de varias colecciones de relatos- logra mantener hasta su desenlace
el misterio que subyace a toda la trama al unir, en un final tan inesperado
como brillante, todas las piezas disgregadas hasta entonces en el rompecabezas
narrativo que conforma la novela. Sin llegar a engañar nunca
al lector, que tiene desde la primera página de la obra toda
la información necesaria para resolver el enigma que inquieta
a su protagonista, el autor va introduciendo de forma pertinente pasajes
y personajes que, más allá de cumplimentar una función
narrativa al servicio de la intriga, sirven sobre todo para detallar
el contexto social en el que transcurre la trama, inscrita en el marco
de una isla asfixiada por el calor, la pobreza y el estado policial.
Pero ni el mantenimiento de la tensión narrativa ni la descripción
localista de la sociedad caribeña -nunca citada pero perfectamente
identificable- son los objetivos únicos que mueven la habilidosa
y expresiva escritura de Menéndez, que reflexiona en Las
bestias sobre la violencia irracional que nos rodea. Brutal y
llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo francés
hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando
por la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin
Tarantino, la novela logra conjugar así una intriga que termina
por volverse inquietante y perversa con una compleja meditación
de dimensiones universales.