"Acostumbrado
a las calles sucias, a las papeleras a rebosar, a los contenedores
desbordados y a las aceras en las que hay que andar sorteando excrementos
de muy diversas procedencias". Así definen los dos autores del
libro a Santiago Escalona, un inspector de policía que trabaja
en la comisaría del Raval, uno de los barrios más marginales
de la ciudad de Barcelona.
La trama, narrada de forma omnisciente-como las clásicas novelas
negras-y estructurada según exige este tipo de narraciones presenta
la figura de un personaje que debe enfrentarse a dos casos sin una
aparente conexión.
El primero de ellos se manifiesta en
el barrio del Poble Sec, donde una mujer ha caído de su piso hacía el patio interior.
Escalona debe resolver este homicidio, donde los vecinos no parecen
querer mucho a su víctima. A medida que avanzan los "procedimientos"-tal
y como los define el protagonista a lo largo de la novela-el lector
asiste a un desenlace bien propio del género. De forma simultánea,
Escalona investiga la desaparición de una joya mesopotámica
en una rica mansión de los barrios altos de Barcelona. El caso
se complica con la muerte de su propietario, el señor Canals,
permitiendo al protagonista sumergirse en el mundo de la prostitución,
de la drogadicción y de la prostitución en las altas
esferas.
Todo ello, ambientado bajo
un intenso calor que reluce aún
más la construcción de una atmósfera asfixiante.
A medida que transcurre la acción el protagonista se mueve por
los barrios de Barcelona mostrando las desigualdades sociales. De esta
manera se establece así una fuerte crítica social al
sistema, tan característica ya del género que nos ocupa.
Con esta novela-segunda ya del dúo Pablo Bonell Goytisolo y
Empar Fernández después de Cienfuegos,
17 de agosto -asistimos
a una excelente narración a cuatro manos. Esperamos pronto nuevas
aventuras de este singular personaje, pues la novela parece destinada
a convertirse en saga debido a los interrogantes que quedan sin resolver
en la caracterización del protagonista. Su lograda interpretación
nos lleva a recordar el paso de detectives tan célebres como
Enric Vidal o Lluís Arquer de Jaume Fuster por los bajos fondos
de la ciudad o el inspector Méndez de Francisco González
Ledesma por las calles negras de Barcelona. Esperamos pues, muy pronto,
unas nuevas aventuras de este inspector.