Lady Mba está inquieta. La patrona
de Féeries de
Dakar no tiene noticias de Louis, su ayudante de peluquería
y huele que algo grave ha pasado. Se confía a Maxime Duchamp
gerente, y también vecino, del restaurante de Belles de
jour comme de nuit. Y Maxime se dirige a dos de sus clientes
y amigas, Lola Jost e Ingrid Diesel.
La primera es una comisaria de policía jubilada y la segunda,
de nacionalidad americana, da masajes durante el día y ondula
por la noche en un número de striptis muy artístico.
Vínculos sólidos unen a esas dos mujeres a las que todo
podría separar. Juntas, investigan para dilucidar los problemas
de sus amigos.
¡Pero es verano y hace calor! Lola, su edad y sus kilos protestan
con la tarea en un Paris en el que hace un calor bochornoso mientras
que Ingrid ve en eso mismo la ocasión de ocupar su mentalidad
triste. El dúo abre así la puerta del salón de
peluquería de Lady Mba y se encuentra sumergido en un universo
coloreado y perfumado, frecuentado por una asidua clientela adecuada
al lugar. La misma Lady es un verdadero personaje. Es la única
mujer del barrio capaz de rivalizar, por el talle y por la fuerza de
carácter con Lola Jost. Citas literarias frente a proverbios
africanos, las dos mujeres traban rápidamente una relación
de estima recíproca. Todo esto sin embargo no explica dónde
está Louis y qué ha incitado al muchacho a desaparecer.
Reconstruyendo pacientemente el puzzle
del pasado de Louis, Ingrid y Lola acaban descubriendo la existencia
de un club de submarinismo en la otra punta del mundo y cuya reputación está enturbiada
por un accidente.
Este tercer volumen de las investigaciones
de Ingrid Diesel y Lola Jost es una verdadera delicia. Encontramos todo
lo que rinde atractiva esta serie: personajes pintorescos que siguen
su curso en una reconfortante solidaridad de barrio, una narración
muy cuidada, diálogos
cincelados y mucho humor. Dominique
Sylvain celebra así elegantemente
su décima novela.