La anodina y solitaria vida de Jaime
Areta, un joven e introvertido informático, se transforma radicalmente la noche en la que descubre,
en una de sus habituales y morbosas búsquedas de imágenes
pornográficas por Internet, a Noelia, una chica de la que estuvo
profunda e infructuosamente enamorado tiempo atrás. Después
de varios años sin tener ningún contacto con ella, ni
ninguna referencia del grupo de amigos al que ambos pertenecían,
Jaime se encuentra de bruces con un pasado que creía olvidado
y que se le antoja presente, intensamente presente, en forma de fotografía
explícita y carnal. Convencido de que, como dice la canción, "no
hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" y
consciente de que la vida da tan pocas veces segundas oportunidades
que siempre se han de aprovechar, Jaime no duda en poner todos sus
esfuerzos al servicio de la localización de la mujer que le
obsesionó cuando ésta vuelve a interponerse en su camino.
La búsqueda del paradero de Noelia, y de las razones que le
han llevado a formar parte del inquietante mundo de la pornografía,
no sólo le hace reencontrarse con algunos de sus antiguos amigos,
sino que también le obliga a entrar en contacto con un ambiente
de corrupción, chantaje, asesinato y tráfico de blancas
mucho más temible de lo que en principio el simple intercambio
de imágenes sexuales pudiese sugerir.
Con este interesante punto de partida
se inicia Muñecas
tras el cristal, la segunda novela del joven escritor madrileño
Pedro de Paz, una historia de acción e intriga que muestra
el lado más perverso de las nuevas tecnologías. Los
contextos del delito cambian, y ya no es necesario que la literatura
negra hable de crímenes perfectos, de mayordomos que siempre
tienen algo que esconder o de políticos sin escrúpulos
obsesionados con el poder y con el dinero. En un mundo dominado por
las redes cibernéticas y la sociedad de la información,
las tramas novelescas se han de adaptar a los nuevos ambientes en
aras de la verosimilitud y el realismo que suelen demandar el género
policiaco.
Aunque en determinados pasajes el argumento
de la obra se antoja algo estereotipado y poco convincente, con cierta
tendencia a utilizar el recurso conspirativo propio de cierto tipo
de thrillers,
la lectura resulta amena y ágil. Bien estructurada y con los
golpes de acción precisos para sorprender al lector sin caer
en el recurso folletinesco, la novela, en la que no es descabellado
ver una buena base para la composición de un guión cinematográfico,
engancha al lector con la voracidad de las obras intensas que demandan
ser leídas de un tirón. El estilo del autor se amolda
de forma precisa a la tensión narrativa de cada momento de la
trama, siendo en ocasiones envolvente y sugestivo, y volviéndose
rítmico y directo en las escenas de acción. Esos dos
registros se ajustan a la dualidad temática que plantea la novela,
cuya línea argumental presenta dos búsquedas bien diferenciadas.
Por encima de la investigación sobre el paradero de la mujer
que se presenta ante el protagonista en forma de imagen pornográfica
años después de su último encuentro, lo que narra
Muñecas
tras el cristal es una búsqueda introspectiva que tiene
como objetivo encontrar sentido a un pasado que ya se fue. Porque,
aunque a veces la vida da segundas oportunidades, nunca llegan a ser
iguales que las primeras.