Se
cumplen treinta años de la desaparición de uno de
los directores cinematográficos que supo realzar y situar el
cine negro en su punto más álgido.
Fritz Lang, nacido
en Austria en 1890,
decidió emigrar a los
EUA después del ascenso de los nazis al poder hecho que le supondrá un
gran reconocimiento como cineasta. Su posición ideológica,
sus ideales políticos y su manera de entender y plasmar el cine
lo convirtieron de manera fulgurante en uno de los directores más
reconocidos de este movimiento.
Antes de su reconocimiento en tierras
americanas, el director austriaco ya dirigió algunos filmes
en su tierra natal: entre ellos, Dr.
Mabuse (1922), Los Nibelungos (1924) y sobre todo,
M. El vampiro de Düsseldorf (1931) una de sus obras más
reconocidas. A partir de entonces fue cuando Lang conoció a
la escritora Thea von Harbou, con quien estuvo casado desde 1922 hasta
1933, año en que decidió abandonar Alemania tras el triunfo
nazi.
Será entonces cuando el director se
traslada a los EUA donde se consagrará como una de las personalidades
más prolíficas
de todo el cine negro. La aportación del director austriaco
fue determinante para introducir, sobre todo, la transferencia expresionista,
un aspecto que trascendió a lo largo de todo el género.
Esta tendencia-que deformaba la realidad para conseguir expresar adecuadamente
aquellos valores que se ponen en evidencia-se plasma en sus dos primeros
filmes en Hollywood como fue Fury (Furia,
1936) y You Only Live Once (Sólo
se vive una vez,
1937). En ambas películas, además del expresionismo se
dieron otra serie de aspectos novedosos y que serán una constante
a lo largo de sus tramas cinematográficas: entre ellas, la actitud
crítica hacia la justicia establecida y sobre todo, la fatalidad
del individuo a través del desarrollo trágico de los
acontecimientos, aspectos que provocaron que sus guiones estuvieran
llenos de ambigüedades y reflexiones.
Fue a partir de entonces cuando el director
trató de manera
definitiva temáticas relacionadas con el cine negro: atendiendo
a su orden cronológico cabe citar Man Hunt (El
hombre atrapado, 1941), que gira alrededor del nazismo, Hangmen
Also Die (Los verdugos también mueren, 1943),
película que trataba sobre la GESTAPO y la resistencia checa,
y Ministry of Fear (El Ministerio del
miedo, 1944), ésta última,
relacionada con la temática de espionaje.
A partir de entonces llegaron algunas
de sus mejores obras: entre ellas, la trilogía con Joan Bennett
a mediados de los años
cuarenta. Esta trilogía se inicia con la obra maestra The
woman in the window (La mujer del cuadro, 1944), obra
que reafirmaba el interés del director hacia el género
criminal. Posteriormente, Lang dirigió Scarlet
Street (Perversidad,
1945) una película que guardaba muchas concomitancias con la
anterior no solo por su trama argumental sino por utilizar a Edward
G. Robinson como protagonista en ambos proyectos. Esta trilogía
finaliza con Secret beyond The Door (Secreto
tras la puerta, 1947), donde en esta ocasión el director indagaba
en tramas más psicoanalistas.
Fue entonces cuando
asistimos a la última
etapa cinematográfica
de Lang, que continuó con una brillantez y genialidad al alcance
de muy pocos directores. Entre sus proyectos más reconocidos
estuvo The big heat (Los
sobornados,
1953) un film que afronta principalmente la corrupción policial. Después
ya siguieron While the City Sleeps (Mientras
Nueva York duerme,
1956) y Beyond
a reasobable doubt (Más
alla de la duda, 1956)
que resultaron sus dos últimas obras majestuosas dentro del cine
negro. A partir de entonces y tras su retirada asistiremos al final de
unos de los periodos más significativos del cine negro. Por
ello, y conmemorando su treinta aniversario de su muerte queremos reivindicar
la figura de un hombre que supo dotar al cine negro de todos aquellos
elementos que hoy tanto brillan por su ausencia.