"Tart Noir"
Lector, Lo adobé:
Un aroma a tarta
negra
Lee Horsley
Trad.: Pilar Herrero Fernandez
(Conferencia de Lee
Horsley sobre: "La
novela del siglo XXI: Lectura y escritura de de la ficción contemporánea"1.
Universidad de Lancaster. 2-3 de Septiembre de 2005)
El
título de este artículo está pensado para transmitir
algo del espíritu, el tono y el orden subyacente del 'tart noir'2,
su humor tímido, su comicidad subversiva, la tendencia hacia
la guasa genérica y su mezcla de las convenciones de la novela
negra con las de la novela romántica y gótica. Sus 'madres
fundadoras' Lauren Henderson y Sparkle Hayter, trataron de definir su
nuevo subgénero a mitad de los 90. Su propuesta original 'Slut
Noir'3, inspirada por una camiseta de Barbie
en la que decía 'Barbie
is a slut'- se cambió a 'Tart Noir' cuando decidieron que los "estadounidenses
no responderían positivamente a la palabra putón". Henderson,
en colaboración con Stella Duffy, editó la antología
que aquí se discute - un grupo de veinte historias titulada Tart
Noir, publicada por la editorial Pan en 2002 - y ambas organizaron
la página Web 'Tart
City' website, que ofrece noticias, 'consejo en el amor y la vida',
muñecas
de papel de "tus personajes favoritos del Tart Noir" y otras expresiones
del "distintivo tart- su picardía, su irreverencia, y el intento
constante de reinventar cómo escriben las mujeres y de lo que
se suponen que escriben". Lo que estoy interesado en considerar en esta
conferencia es la forma en que esta reinvención tiene lugar en
la antología Tart Noir: ¿qué estrategias
se despliegan en este deliberado desmantelamiento de algunas de las bases
tradicionales de la novela criminal? ¿cómo están
jugando estas escritoras con las expectativas de sus lectores? ¿y
qué nuevas directrices se pueden encontrar en la novela criminal
del siglo XXI, dadas las numerosas revisiones genéricas que emergieron
en las dos o tres últimas décadas del siglo XX?
La proliferación y el
desarrollo de géneros populares
de ficción sugiere que los enfrentamientos y la violación
de las normas son aspectos esenciales para que el lector disfrute. Si
pensamos de modo general en las transformaciones de la novela criminal,
lo qué vemos es una sucesión de transformaciones de las
formas familiares del género, con cada nuevo punto de salida basado
en cambios que han ocurrido ya. Cuando el feminismo desafió y
rescribió las tradiciones del detective duro en los años
80, una de sus estrategias centrales - una estrategia enormemente acertada - fue,
por supuesto, el cambio de género del detective. El tipo de protagonista
en gran medida más conocida en la novela criminal femenina contemporánea
es la investigadora dura, la detective 'chicazo', poco sensible, con
el arma a cuestas e invariablemente muy lanzada. Hubo objeciones feministas
a esta estrategia (muchos discuten que "la detective chicazo" es una
frase oximorónica que sugiere un tipo intrínsicamente contradictorio
de protagonista, un Philip Marlowe o Mike Hammer disfrazados de mujer,
poco más que una parodia del detective masculino) ; pero se pueden
imaginar que para muchos escritores la mayor fuente de dificultades radica
en el hecho de que, después de veinticinco años la mujer
detective es a menudo demasiado predecible - tanto como los innumerables
clones de los protagonistas de Chandler o de Spillane. Las escritoras
del Tart noir crean de hecho detectives femeninas (hay siempre
una demanda para los caracteres fuertes en las novelas, y por razones
obvias la detective está más demandada como protagonista
que como víctima o asesina). En la antología Tart Noir,
sin embargo, una ventaja clara del formato de relato único es
que liberó a las escritoras de la necesidad de satisfacer a sus
propios editores. La invitación para contribuir a la antología
ofreció la ocasión de "ir a algo muy diferente de lo tuyo
habitual... algo que quizás tu siempre quisiste escribir pero
sabías que el editor nunca te publicaría". El resultado
fue, en su conjunto, un grupo de relatos que son, historias de crímenes
en contraposición con historias de detectives, presentándolas
dentro de la tradición dominante negra (que es no-investigadora)
y ofreciendo oportunidades para muchas más clases de subversión,
para manipulaciones maliciosas de una gama de estereotipos de la novela
negra - tanto los estereotipos creados por la primera tradición
dura (masculina) como los establecidos en posteriores reescrituras femeninas
de la tradición masculina.
Si pensamos en la novela tipo 'tart noir' en contraste con la de detective 'chicazo',
lo que tenemos son protagonistas que en vez de utilizar sus energías
intelectuales y físicas en restaurar el orden, según la
tradición de la novela negra, son manejadas en direcciones transgresivas
por el apetito y el deseo. La antología Tart Noir incluye
una o dos variaciones del tipo 'chicazo' con el pelo corto, una pose
y un físico para dar patadas, pero la colección en su totalidad
es mucho más una subversión inventiva y divertida de la
ideología del género. Hay más oportunidades de explorar
la fluidez de la identidad femenina. Los relatos de la antología Tart
Noir no nos dan modelos femeninos positivos sino personajes que
se apartan de las formas de identidad y deseo femeninos culturalmente
permitidas (o por lo menos culturalmente de moda). Éstos son,
como digo, relatos que parodian tanto la novela negra escrita por hombres
como el subgénero feminista. Rompen con las clásicas relaciones
trasgresor-víctima, sexy-casera, consumo-alimentación,
agresiva-pasiva, y una de sus estrategias clave para conseguir esto es
su mezcla de mujer fatal y de ama de casa . Esta mezcla de dos tipos
de carácter tradicionalmente antitéticos se logra a menudo
mediante el despliegue de motivos culinarios, que son el centro de algunos
de los mejores relatos de esta colección. Lo que quiero discutir
aquí son cuatro de los relatos en lo cuales los temas clásicos
de la ley y la transgresión, el poder y la vulnerabilidad, se
reimaginan lo más vívidamente posible en términos
de apetitos femeninos exuberantemente libres - no sólo la sexualidad
voraz y el hambre de supervivencia que caracterizan a la mujer fatal
sino también un apetito prodigioso de comida y un cuerpo desagradable
y a menudo grotesco.
Las actividades culinarias no
están, por supuesto, ausentes en
las novelas negras de detectives femeninos . De hecho, son a menudo un
marcador importante del protagonista 'femenino' en oposición al 'masculino',
aunque esto, en general, es colateral en la estructura de la narración. Patricia
Cornwell, por ejemplo, dice que tal como ella desarrolló el
personaje de Kay Scarpetta, era natural para ella "decidir que le gustaba
cocinar. Después de que Scarpetta tenga todo el día sus
manos puestas en los muertos, necesita al volver a casa cosas buenas,
vino y una deliciosa comida con su familia y sus amigos. Necesita buscar
mozarella auténtica de leche de búfalo o aceite de oliva
extra virgen". Hay incluso un libro de cocina que acompaña la
serie de Scarpetta. La función altamente simbólica de la
comida en las narraciones criminales es también familiar a cualquiera
que vea las obras clásicas del cine negro , en las cuales,
por supuesto, el 'lado oscuro' de la comida es más frecuente,
con personajes destruidos rutinariamente por sus apetitos y sus peligrosos
impulsos eróticos a menudo imaginados como un tipo de consumo
mutuo (pensad, por ejemplo, en El Cartero Siempre Llama Dos Vece,
en el cual el hambre, el deseo y la avaricia destructiva de Frank y Cora
se sugieren simbólicamente en la escena de la cena).
Las metáforas culinarias en los
cuatro relatos de Tart noir a
que nos referimos se pueden ver de forma positiva o negativa; en algunos
de los relatos se evocan asociaciones oscuras respecto al consumo capitalista
y otros están ligados con cualidades que afianzan la vida en comunidad,
como la mejora del bienestar o los ritos. Los significados más
positivos tienden a emerger (como se ve en el tercer y cuarto relato)
cuando la utilización de la comida sirve para unir los caracteres
tradicionalmente separados de la mujer fatal y del ama de casa.
Las protagonistas en las cuatro historias son, de un modo u otro, 'duras',
pero contrastan de forma deliberada con las chicas lanzadas, heroínas
independientes pero virtuosas del tipo chicazo; cada una de ellas estableciendo
su propio orden, aunque éste no es, en ninguno de los relatos,
una restitución del orden que aprobaría la sociedad dominante
(si es que la sociedad dominante quisiera conocer la verdad). Excepto,
quizás, por la "Naúfraga" que escribe su diario, todas
las protagonistas son 'tarts' en el sentido de ser mujeres fatales ,
pero las relaciones personales en las que se involucran se distinguen
claramente de las de la novela negra tradicional: pueden controlar a
los hombres de sus vidas, pero también los alimentan genuinamente,
satisfaciendo las funciones de la mujer "maternal" que es generalmente
(según los cánones del negro) la antítesis de la
mujer fatal. En las dos primeras historias, tenemos anti-heroínas
jóvenes, despiadadamente fuertes de carácter cuya dureza
es tan extrema que no se le puede dar la mínima aprobación
oficial, aunque su presunción de hecho actúa en última
instancia para colocarlas donde desean estar dentro de una sociedad controlada
por el hombre; en el segundo par de historias, las protagonistas están
definidas de manera que inmediatamente se distinguen del tipo de detective
femenino ágil o (superficialmente) del tipo curvilíneo,
que fascinan con la sexualidad convencional de la mujer araña,
y son estos personajes (y eso es lo que me gustaría discutir)
las que minan más efectivamente los estereotipos genéricos.
Las connotaciones más
oscuras de la comida y del comer se encuentran en los dos primeros relatos
de los que estoy hablando, "El diario de la
naúfraga Sue Peaner Contestant" ,de Sparkle Hayter y "Mujeres
Necesarias 5 " de Karin Slaughter. Hayter, a la que se le ocurrió "El
diario" mientras veía en la TV "Supervivientes¡ 6 " (comiendo
palomitas de maíz especiales) construye la historia como un asesinato
combinado con una mezcla de parodia cómica extrema - los supervivientes
llegan, por ejemplo a la 'Isla de los caníbales'. La pregunta
en la que Hayter está interesada es, ¿"qué sucedería. si
los concursantes fueran realmente forzados a sobrevivir en ese ambiente,
sin las cámaras?" Y las respuestas que da no solamente ponen al
descubierto lo que pretende ese tipo de programa de TV sino que envuelven
una crítica de una sociedad que comercializa y recompensa al ganador
de la lucha más elemental por la supervivencia. La propia autora
del diario aparece como la más espabilada de todos los personajes
con el resultado de que el canibalismo no es solo una metáfora
del consumo voraz sino también tiene un papel algo más
positivo - la ruptura de un tabú significa la capacidad de liberarse
a sí mima de las restricciones convencionales. Como en los otros
relatos que estamos viendo, el efecto que éste tiene en los ingredientes
del crimen es la reestructuración de una representación
estándar y una nueva evaluación de personajes convencionales.
Este tipo de representación y sus personajes relevantes se pueden
encontrar en las novelas criminales (bastante numerosas) de mitad de
siglo escritas por varones, en las cuales el escenario básico
implicaba a un grupo reunido por algún tipo de desastre o de accidente,
o por la búsqueda común de algo que implicara una ganancia
financiera. Quizás el ejemplo más famoso sea El Halcón
Maltés : con el protagonista masculino duro (Bogart/Spade),
la chica buena (Effie, secretaria de Sam Spade), la mujer fatal, el decadente
y corrupto Gutman, el afeminado Joel Cairo, y así sucesivamente - todos
persiguiendo al halcón, el símbolo (símbolo vacío
según se ve después ) de riquezas más allá de
toda imaginación. El reparto organizado en la isla de Hayter no
es en absoluto diferente, sino que (forzando la analogía del Halcón
Maltés ) es como si Sam Spade fuera un fraude y los únicos
personajes caracteres competentes fueran la secretaria y el individuo
gay. La secretaria de Hayter, Sue, la que escribe el diario, está al
principio "horrorizada por la experiencia de esta gente", que incluye
a un médico y a un veterano de guerra con "entrenamiento de supervivencia
en la selva". Pero cuando las primeras impresiones se ponen bajo tensión
resulta que el supuesto veterano de guerra es un "pelmazo pomposo" que
no ha estado nunca cerca de una guerra de verdad y el "médico" es
sólo un profesor de literatura de la universidad - y, cuando las
cosas se ponen realmente mal, el único miembro verdaderamente
competente de la "tribu" es el cocinero filipino gay, único aliado útil
de Sue, que golpea subrepticiamente la cabeza del superviviente más
molesto, asa las partes más tiernas y pone el resto en salmuera
para hacer cecina. Finalmente quedan sólo ellos dos - y en ese
punto, tomando ejemplo de él, Sue toma la iniciativa, mata y adoba
al cocinero y subsiste comiéndoselo hasta que la rescatan y la
llevan rápidamente a cenar un filete y langosta en un ostentoso
hotel dónde recibe el magnífico premio de un millón
que era todo que perseguía.
Como la de Hayter, el segundo relato al
que quiero echar un vistazo, el cuento macabro de Karin Slaughter, "Mujeres Necesarias", nos presenta
a una joven que juega con los hombres su propio juego, convirtiendo sus
tareas domésticas en tácticas de supervivencia. Una vez
más la preparación y el consumo de comida son centrales
para la reivindicación del poder de la protagonista, y el canibalismo
actúa como una metáfora tanto para el salvajismo de la
sociedad que retrata, y - desde el punto de vista de la protagonista
- como para una demostración de libertad análoga a la indiferencia
descarada de la mujer fatal hacia la represión de la sociedad.
Como la protagonista de Hayter, está poco dispuesta a aguantarse
con las tradiciones que gobiernan su papel como mujer - aun cuando su
meta sea de hecho asegurarse un lugar en una sociedad tradicionalmente
dominada por el hombre. En su epílogo, Karin Salughter define
su postura como contraposición a la clásica del autor de
novela negra, un género, dice ella, en el cual un hombre honrado
encuentra a la Mujer Incorrecta - "Adán y Eva, sólo que
con más licor y sexo". Las mujeres del noir "definidas por los
hombres de su vida" y capaces de alcanzar el poder solamente mediante
el ejercicio de su sexualidad, son invariablemente castigadas por ello.
El Tart Noir por otra parte, opina Slaughter, trata "sobre todo de la
recompensa a las mujeres que toman el poder": al aprovechar ese poder,
pueden tomar malas decisiones, pero son sus propias decisiones,
y los hombres implicados son solamente medios para llegar a su meta - cómplices,
enemigos o víctimas. La propia historia de Slaughter toma un triángulo
tradicional de la novela negra - ama de casa, mujer fácil y hombre
en el centro - y se propone romper nuestras presunciones subyacentes
acerca de los papeles que desempeña cada personaje: la historia
está contada desde la perspectiva de una joven (en edad escolar),
atrapada aparentemente en una familia de gentuza blanca con una madre
muerta y un padre abusivo, de la que suponemos que ha tenido algo que
ver con la muerte de su madre y que ahora está planeando librarse
de 'la otra mujer'. Hay un giro que reajusta nuestra comprensión
del triángulo, y esto se consigue cambiando el papel del ama de
casa en un papel enfático distinto al concepto masculino de la "mujercita" definida
por las necesidades masculinas: la 'mujer necesaria' toma totalmente
sus propias decisiones; éstas son, según los estándares 'normales',
decisiones míticamente horribles (no sólo duerme con su
padre sino que, en interés de mantener cosas como son, ha matado
a su madre y la ha servido para la cena - y planea el mismo destino para
cualquier madrastra potencial). Su elección es permanecer
en casa con papá; al perseguir este objetivo alimenta hábilmente
el apetito masculino en ambos sentidos sexual y culinario (el guiso que
hizo con los trozos de su madre era deliciosa). Habla con su padre en
términos de dedicación y sumisión filiales pero
ella no sólo guisa sino que maneja el cuchillo, y las últimas
líneas de la historia, ofreciendo la sumisión verbal a
su cómplice masculino, es en realidad una afirmación de
su control futuro tanto sobre su padre como sobre cualquier 'otra mujer'
a la que él invite: "Que bien, papá," dije, forzando el ánimo
en mi voz. Le miré con mi mejor sonrisa. ¿"Por qué no
la invitas el domingo próximo? Podemos cenar con ella"
En términos de la manipulación
de los personajes de la novela negra, lo que tenemos en el relato de
Karin Slaughter es una protagonista femenina que combina la
mujer fatal y diosa doméstica
que proporciona alimento, una combinación expresada lo más
obviamente posible por la mezcla de sexo y de comida. Este minado subversivo
de uno de los dúos más establecidos de la novela negra
( amalgamación mejor que oposición de la mujer
sexy y casera) se lleva incluso más allá en los otros dos
relatos de los que quiero hablar: "Toma, por ejemplo, pastel de carne
7 ", de Jen Banbury y "Martha Grace 8 " de Stella Duffy. En ambos relatos,
se establece un fuerte sentido de los rituales comunitarios en la preparación
y/o el compartir la comida. El acto de comer no pierde todos sus potenciales
significados oscuros ("Martha Grace", por ejemplo, conlleva el asesinato
por sobrealimentación), pero la tensión está en
las conexiones entre la riqueza alimenticia de la comida y la experiencia
erótica, entre el comer y la satisfacción de los apetitos
sexuales. En contraste con las primeras dos historias que veíamos,
la ascendencia femenina se alcanza mediante una línea maternal
esencialmente positiva, a través de una vieja ama de casa que
provee tanto alimento como instrucción, transformando y mejorando
a los jóvenes que acoge bajo sus alas. Aunque tienen finales totalmente
negros - pérdida, partida, muerte - los acontecimientos centrales
de las historias suponen actos alegres de comer, actos que rescatan,
por lo menos temporalmente, los caracteres masculinos y femeninos de
la marginalidad de los protagonista del noir. Aunque son parias, su comer/cocinar
significa una incorporación al mundo; en vez de un protagonista
enajenado separado y derrotado por 'el mundo', lo que hay son protagonistas
femeninos que se integran e incorporan al mundo y lo recrean brevemente
para los hombres a los que educan, en su forma de madre -tierra, en una
unidad rica, primaria y casi edénica.
"Toma, por ejemplo, pastel de carne" se posiciona en contra de un típico
esquema de la novela negra, en el cual una mujer fuerte y resuelta coge
de la mano a un hombre débil, lo doblega a su voluntad y - habiéndolo
hecho suyo y minado totalmente su sentido de identidad - lo destruye.
Aquí, de manera similar, hay una mujer fuerte que educa y moldea,
una anciana que toma al muchacho menos prometedor y menos prepotente
que puede encontrar y lo mete en su vida y en su cama. "Meatpie",a quien
se le ha puesto este despectivo apodo por su gusto por la comida, es
seducido con galletas y dulces junto con sexo, música y poesía.
La protagonista le enseña creatividad - pero también le
anima a romper las convenciones de una sociedad que lo menosprecia y
le persuade de estar orgulloso de ser "Meatpie"; le agota sexualmente
pero también (en un contra-ritmo de la novela negra tradicional)
utiliza este consumismo para darle su propia identidad, usando la interacción
mujer fatal - hombre débil no para minar y traumatizar al varón
sino para ayudarle a definir su propia madurez. Esta anciana maestra
no tiene ninguna posición en el escenario socioeconómico
tradicional sino que se coloca totalmente fuera de la sociedad convencional
y, una consecuencia de esto es que conserva su potencial de transformación
más allá del alcance del relato en sí mismo, llegando
al extremo de "alimentar las fantasías" de un nuevo varón
débil que con el tiempo, como Meatpie, será iniciado en
la edad adulta seguro de sí mismo. La metáfora culinaria
que Stella Duffy utiliza en "Martha Grace" 5 sirve también para
el relato de de Jen Banbury: hablando de los parias de la sociedad, Duffy
sostiene que son "el jugo que alimenta la imaginación febril de
los conformistas".
Mi voto para la mujer más espléndida de colección Tart
Noir es para Martha Grace" de Duffy, una figura descrita en unos
términos que recuerdan al lector los cuerpos amplios y carnavalescos
de las mujeres pintadas por Jenny Saville. Como Saville, Duffy se pregunta
acerca de los cánones sobre la belleza, describiendo un cuerpo
que no es bello en el sentido convencional, sino que por el contrario
está hinchado, es carnoso e inquietantemente grotesco; Como
Saville, nos pide que miremos las cosas a las que se anima a las mujeres
a que encubran según las normas culturales, - "esas partes de
sus cuerpos consideradas gordas, bamboleantes, fuera de control, y
excesivas". La constitución de la protagonista cariñosamente
dibujada por Duffy es la antítesis del cuerpo liso, "firmemente
constituído" que personifica el ideal contemporáneo de
la belleza y de la atracción femeninas; es una subversión
de los estereotipos masculinos sobre la mujer atractiva y un contraste
claro con lo que Duffy llama "la heroína delgada y ágil" que
es ya un clásico de la novela policíaca femenina post
años 80. El cuerpo de Martha Grace, con sus gorduras, sugiere
apetitos y deseos libres. "Yo quería", dice Duffy en el epílogo
de la antología, "una mujer que fuera gorda, vieja e... inmensamente
follable. Esto hace de Martha Grace el material ideal del Tart -
autosuficiente, que guarda secretos y que sólo busca unos cariñitos
y un poco de amor." En el relato de Duffy, controla los fines de semana
de un estudiante de secundaria que es listo y guaperas "Y decente.
Y maduro." La mezcla de sexo y comida constituye el fondo del relato. "Frescura
y calidez en una cocina putera [pero inmaculadamente limpia]", Martha
lo alimenta y devora sexualmente: después de prepararle, por
ejemplo, pan recién hecho con mantequilla y capas de crema,
lo besa mientras come ("Tim Culver es delicioso" y le gusta la boca
de ella siempre hambrienta "); como la anciana protagonista de "Meatpie",
Martha educa a su muchacho en la cama, hasta que se convierte en un
universitario.
La relación dura hasta que ella entra de forma breve en su ambiente,
haciéndole una visita inesperada a la cafetería de la universidad.
Duffy utiliza la cafetería como la antítesis culinaria
y emocional de todo lo que la propia casa de Martha representa: Tim es
chillón y descarado y Martha Grace se sienta sola en una esquina
con "un resto pálido de espuma seca del cappuccino en la comisura
de su boca"; puesta en ridículo por sus amigos, su cuerpo y sus
ademanes se vuelven torpes e incómodos, en esta parodia comercial
del lugar dónde se encuentra la verdadera comida. Está físicamente
rodeada, clavada en su esquina, y la escena termina en un caos grotesco
de comida que se desparrama de la cesta que ha llevado - magnífica
comida, tarta de fresas, caída, trayendo la humillación.
Después de este desastre, Martha ve que la relación tiene
que terminar, y la escena final del relato es una proeza de comida y
sexo en la que Martha prepara los platos más ricos y deliciosos
posibles, las cosas que ella sabe que a Tim le gustan más, "chocolate
de verdad, oscuro y chorreante en una tarta de arándanos", condimentados
con esencias destiladas, según la receta de su abuela, y servidos
con vino y sexo, un "festín especial" al que el muchacho no sobrevive.
Es pues el relato de un asesinato, con los ingredientes tradicionales
de la novela negra - mujer casera, mujer fatal y un hombre que muere
por haberse metido en su guarida - pero otra vez, con las relaciones
invertidas y los significados alterados: la mujer fatal y la mujer casera
son una, y el varón muerto ha encontrado tanto su identidad como
su realización con esta mujer mítica. Cuando él
muere de un ataque al corazón, Martha Grace le saca fuera y a
escondidas deja su cuerpo en la calle oscura, oliendo a "comida, chocolate
y sexo". Él ha disfrutado de las experiencias mas satisfactorias
que la vida puede ofrecer y ha muerto feliz, de un exceso de placer que
le ha proporcionado una mujer (en todos los aspectos) de inmensa energía
- una conclusión que es tanto un cumplimiento y una inversión
de los patrones de la tradición del noir.
Copyright © 2005 por Lee Horsley
Notas de la traductora:
1 (Lancaster
University's 'The Twenty-First Century Novel: Reading and Writing Contemporary
Fiction' )
2 "Tart" tiene un triple significado en inglés:
tarta, caústico
y prostituta
3 "Slut noir" se podría traducir como Putón
negro
4 Título en inglés : "The Diary of Sue Peaner,
Marooned! Contestant"
5 Título en inglés: "Necessary
Women"
6 En España se ha emitido como " La isla de los
famosos "
7 Título en inglés: "Take, for Example,
Meatpie"
8 Se podría traducir como "Marta la tolerante"