El espejo del monstruo
Juan
Ramón Biedma
Ediciones B
Zeki
"Como la infección se abre paso inevitablemente por el tejido
orgánico con el que permanece en contacto, también en
la literatura académica surgen mutantes procedentes de su exposición
a las distintas ingenierías genéricas."
Dijo el autor recientemente; y a fe que
lleva a gala demostrarlo en su nueva obra. El
espejo del monstruo, en efecto, transita por los
espacios lóbregos del romanticismo gótico, la oscura hemoglobina
gore, un regusto por lo bizarro y una feroz crítica
social. El relato se empeña "en sacar a la luz" -es un decir-
los aspectos de nosotros mismos que obstinadamente nos negamos a ver
en lo cotidiano. Esta sociedad complacida de sí misma donde el
que pasa de una talla 38 no sale en la foto y que funda sus logros sobre
valores estéticos irreales que empujan a suplir las carencias con
apósitos consumistas. El derecho a la diferencia se ha convertido
en un peligroso y subversivo anhelo capaz de romper el consenso gregario.
Ese es el espejo que nos refleja.
Biedma, recurre a las técnicas más variadas de la literatura
popular, del folletín al relato de suspense y terror, para conformar
un discurso narrativo sugerente que mantiene al lector atrapado en la
contemplación de un encadenamiento de grabados sensacionalistas
en punta seca, como aquellos que ilustraban los periódicos del
siglo XIX. A la vez, esa propuesta narrativa bajo la envoltura de una
historia donde se mezcla la aventura con el misterio, sazonada por elementos
de la fenomenología y con mecanismos del policial transplantado
a los decorados del cuento gótico, se convierte en vehiculo inquietante
de una serie de cuestionamientos y actitudes muy generalizadas sobre
los lazos que unen la estética y la ética.
Un cortejo de 'monstruos' ha
convertido la ciudad en un circo Barnum homicida. En una Sevilla lluviosa
y sombría en la que las
fuerzas de lo "extraño" están desatadas, el inspector Vendimia,
un policía con el rostro desfigurado por cicatrices dejadas por
el fuego y Set Santiago, ex abogado que acaba de salir de la cárcel
por el homicidio de una de sus hijas, son los que persiguen, cada uno
por razones muy distintas, desentrañar la verdad de esta pesadilla.
Personas con deformidades poco corrientes,
un cíclope, un chapero
con alas atrofiadas, un medico con un homúnculo pegado al cuerpo,
un individuo con astas... otro con tres piernas, etc... son victimas de
una serie de horribles asesinatos que siguen el patrón de ancestrales
suplicios de santos. Una mujer hervida en una olla, otra, como Santa
Daniela, cortada transversalmente... a otra víctima con el cuerpo
recubierto de escamas le arrancan los dientes después de cortarle
los labios con unas tijeras... Las raíces de este delirio sangriento
apuntan a un antiguo hospicio, una "obra de caridad" puesta en pie por
un tal Doctor Galera.
Como en su anterior novela la estampa costumbrista de una Sevilla resplandeciente
de sol, oropel y tauromaquia, es contrarrestada por una incesante penumbra,
callejones oscuros que abrigan una ciudad tenebrista de barrios de chabolas, áreas
sombrías reductos de yonquis y prostitutas. El autor no deja
resquicio para la empatía con los personajes... ' el menos
malo' ha tirado a su hija de un cuarto piso, y el vano intento
de simpatizar con los "monstruos" es cortado de cuajo. Son igual de
malignos que todo el mundo.
Juan Ramón Biedma alerta al respetable sobre los peligros de
los "buenos sentimientos". La falsa compasión elevada como un
muro de hipocresía entre los diferentes a los que se
quiere ver cargados de bondades y los bien-pensantes necesitados
de redimir sus pecados. Sin discursos grandilocuentes ni moralina que
se desprenda, la exposición de los hechos basta para despejar
lo que en realidad subyace en el relato: el reflejo de una sociedad distorsionada
por sus contradicciones.