el policiaco en el punto de mira
n°7 Noviembre-Diciembre-Enero de 2006/07

 

 

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El espejo del monstruo
Juan Ramón Biedma 

Ediciones B

Zeki

 

"Como la infección se abre paso inevitablemente por el tejido orgánico con el que permanece en contacto, también en la literatura académica surgen mutantes procedentes de su exposición a las distintas ingenierías genéricas."

Dijo el autor recientemente; y a fe que lleva a gala demostrarlo en su nueva obra. El espejo del monstruo, en efecto, transita por los espacios lóbregos del romanticismo gótico, la oscura hemoglobina gore, un regusto por lo bizarro y una feroz crítica social. El relato se empeña "en sacar a la luz" -es un decir- los aspectos de nosotros mismos que obstinadamente nos negamos a ver en lo cotidiano. Esta sociedad complacida de sí misma donde el que pasa de una talla 38 no sale en la foto y que funda sus logros sobre valores estéticos irreales que empujan a suplir las carencias con apósitos consumistas. El derecho a la diferencia se ha convertido en un peligroso y subversivo anhelo capaz de romper el consenso gregario. Ese es el espejo que nos refleja.

Biedma, recurre a las técnicas más variadas de la literatura popular, del folletín al relato de suspense y terror, para conformar un discurso narrativo sugerente que mantiene al lector atrapado en la contemplación de un encadenamiento de grabados sensacionalistas en punta seca, como aquellos que ilustraban los periódicos del siglo XIX. A la vez, esa propuesta narrativa bajo la envoltura de una historia donde se mezcla la aventura con el misterio, sazonada por elementos de la fenomenología y con mecanismos del policial transplantado a los decorados del cuento gótico, se convierte en vehiculo inquietante de una serie de cuestionamientos y actitudes muy generalizadas sobre los lazos que unen la estética y la ética.

Un cortejo de 'monstruos' ha convertido la ciudad en un circo Barnum homicida. En una Sevilla lluviosa y sombría en la que las fuerzas de lo "extraño" están desatadas, el inspector Vendimia, un policía con el rostro desfigurado por cicatrices dejadas por el fuego y Set Santiago, ex abogado que acaba de salir de la cárcel por el homicidio de una de sus hijas, son los que persiguen, cada uno por razones muy distintas, desentrañar la verdad de esta pesadilla.

Personas con deformidades poco corrientes, un cíclope, un chapero con alas atrofiadas, un medico con un homúnculo pegado al cuerpo, un individuo con astas... otro con tres piernas, etc... son victimas de una serie de horribles asesinatos que siguen el patrón de ancestrales suplicios de santos. Una mujer hervida en una olla, otra, como Santa Daniela, cortada transversalmente... a otra víctima con el cuerpo recubierto de escamas le arrancan los dientes después de cortarle los labios con unas tijeras... Las raíces de este delirio sangriento apuntan a un antiguo hospicio, una "obra de caridad" puesta en pie por un tal Doctor Galera.

Como en su anterior novela la estampa costumbrista de una Sevilla resplandeciente de sol, oropel y tauromaquia, es contrarrestada por una incesante penumbra, callejones oscuros que abrigan una ciudad tenebrista de barrios de chabolas, áreas sombrías reductos de yonquis y prostitutas. El autor no deja resquicio para la empatía con los personajes... ' el menos malo' ha tirado a su hija de un cuarto piso, y el vano intento de simpatizar con los "monstruos" es cortado de cuajo. Son igual de malignos que todo el mundo.

Juan Ramón Biedma alerta al respetable sobre los peligros de los "buenos sentimientos". La falsa compasión elevada como un muro de hipocresía entre los diferentes a los que se quiere ver cargados de bondades y los bien-pensantes necesitados de redimir sus pecados. Sin discursos grandilocuentes ni moralina que se desprenda, la exposición de los hechos basta para despejar lo que en realidad subyace en el relato: el reflejo de una sociedad distorsionada por sus contradicciones.


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