el policiaco en el punto de mira
n°7 Noviembre-Diciembre-Enero de 2006/07

 

 

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Gomorra
Roberto Saviano

Mondadori, Coll. "Strade Blu" • 2006 • pag. 334

Giancarlo Pagani
Traducción del italiano: Anaïs Bokobza

Giancarlo Pagani vive en Piacenza. Apasionado por la literatura, experto conocedor de las novelas, no tan sólo policíacas y negras, es también autor de Il diavolo non profuma di zolfo, Ed. Llibreria dell'orso, 2004, y de numerosos relatos publicados en revistas y antologías. (Traducción del francés: Empar Fernández)

 

En la faja del libro, en lugar del número de copias vendidas, deberíamos poder leer: "¡Atención! Este libro perturba gravemente la indiferencia".

Porque de eso se trata: Gomorra es un libro contra la indiferencia, el desapego y el desinterés por lo que sucede en el sur de Italia. No es una novela, pero tampoco es un ensayo. Es una especie de Transgénero. de mutación socioantropológica de la escritura. Este libro deja una huella como pocos otros lo han hecho últimamente. Yo lo situaría muy cerca del colosal Roman criminel (Novela criminal) de Giancarlo de Cataldo.

Son textos nuevos, importantes porque sobrevuelan los viejos artificios del misterio, la utilización de los golpes de teatro, del suspense, del diálogo prolongado (siempre denostado en los textos históricos.), partiendo de una persecución febril de los detalles, de la construcción de una nueva figura de detective, e intentando de esta manera explicarnos la realidad. De explicárnosla, haciendo literatura. Si el lector prefiere continuar llamándola "polar" nadie se lo impide.

La primera imagen de Gomorra es emblemática. Cabezas de chinos que se golpean contra el cemento de los bancos del puerto de Nápoles que han salido rodando de un contenedor abierto. El ruido de las sandías maduras que explotan. Inolvidable. Lo que me interesa no es saber si ocurrió de verdad, si Saviano estaba allí, ni si lo vio con sus propios ojos. Lo que me interesa es que yo no lo olvidaré nunca, y cada vez que leeré alguna cosa o contemplare un vago reportaje sobre Nápoles, pensaré en esa imagen y veré el mundo de otra manera - un poco, sólo un poco, es verdad. - diferente.

Ésta es, sin duda, la función del misterio contemporáneo, el que llega tras James Ellroy. Porque a fuerza de excavar, de buscar el misterio con las manos, y de hacerlo con la forma de explicarlo que el "polar" ha utilizado siempre, encontramos el lado más oscuro de la sociedad. El que todo el mundo esconde porque no complace. aquél con el que todos desearíamos guardar las distancias.

Gomorra-Transgénero lo hace utilizando una escritura cinematográfica, en la que las imágenes son bombas visuales. Y el libro nos explica el corto-circuito perverso entre mentalidad criminal, ficción que querría inspirarse en la realidad, y criminalidad, que crea su propio imaginario a través de la ficción. Cuando nunca se ha sido otra cosa que un delincuente, es difícil encontrarse con mucho dinero en el bolsillo y saber cómo se debe gastar.

Este razonamiento complejo intenta explicar el capítulo "Hollywood", en el que Saviano relata la historia de un capo que se ha hecho construir una casa idéntica en todo a la de Tony Montana en Scarface, con la misma sala de control, sus pantallas y su bañera de dos plazas con cabeza de león. Una mansión que, naturalmente, jamás existió en realidad, porque en Hollywood no fue más que un decorado, pero que no podía ser otra cosa que el sueño de un jefe. Y esta mansión ha sido construida a pocos cientos de metros de un vertedero-incineradora ilegal, porque cuando se vive de esa manera no existe nada más que el presente, el jefe ni tan siquiera se ha parado a pensar en los riesgos de vivir cerca de los humos cancerígenos.

Gracias a la falta de pudor de Saviano, y gracias también al empleo de nombres siempre reales, se tiene la sensación de que lo que se está leyendo no sólo es papel, sino carne, sangre, billetes rosas de quinientos euros y bolsas llenas de cocaína; mucho más que en el trailer más suculento y con más ritmo.

Los once capítulos nos explican un mundo que la televisión ha presentado siempre como un cliché. A partir del momento en el que todo el mundo sostiene que el periodismo de investigación está muerto y enterrado, Saviano, en lugar de describir las tribulaciones de 17 ociosos, nacidos de familias ricas, que fuman por las costuras, pasan el día meditando, cambiando de compañera cada noche pero que están enamorados de la única que no quiere saber nada de ellos (no se inquieten el la antepenúltima escena, ella cambiará de opinión), nos explica un modo de pensar que lo envuelve todo en la niebla. Hay que ganar dinero. Mucho dinero. Siempre más dinero. Poco importa cómo. Poco importa dónde, sólo que sea pronto, enseguida. Que formes parte del mundo del contrabando o del de las marcas, de la moda o de sus artificios, o que te enroles como soldado en una guerra que se declara en un instante y que carece de reglas de reclutamiento, que seas hombre o mujer, el principio no cambia y el hormigón, la "droga" celebrada por Verga, será siempre la más alta moneda de cambio.

Su conclusión y su mensaje son claros. Dice abiertamente que la Camorra (con C mayúscula) no es una asociación, sino un sistema. Su lógica, la lógica de la empresa criminal y la del pensamiento del capo, coinciden con el neo-liberalismo más avanzado.

Leed el libro como habéis leído Roman Criminal, y Nápoles nunca volverá a ser la misma.


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