Gomorra
Roberto Saviano
Mondadori, Coll. "Strade
Blu" • 2006 • pag. 334
Giancarlo Pagani
Traducción del italiano: Anaïs
Bokobza
Giancarlo Pagani vive en Piacenza.
Apasionado por la literatura, experto conocedor de las novelas,
no tan sólo policíacas y negras,
es también autor de Il diavolo non profuma di zolfo, Ed.
Llibreria dell'orso, 2004, y de numerosos relatos publicados en revistas
y antologías.
(Traducción del francés:
Empar Fernández)
En
la faja del libro, en lugar del número de copias vendidas,
deberíamos poder leer: "¡Atención! Este libro perturba
gravemente la indiferencia".
Porque de eso se trata: Gomorra es
un libro contra la indiferencia, el desapego y el desinterés
por lo que sucede en el sur de Italia. No es una novela, pero tampoco
es un ensayo. Es una especie de Transgénero. de
mutación socioantropológica de la escritura. Este libro
deja una huella como pocos otros lo han hecho últimamente. Yo
lo situaría muy cerca del colosal Roman criminel (Novela
criminal) de Giancarlo de Cataldo.
Son textos nuevos, importantes porque sobrevuelan
los viejos artificios del misterio, la utilización de los golpes de teatro, del suspense,
del diálogo prolongado (siempre denostado en los textos históricos.),
partiendo de una persecución febril de los detalles, de la construcción
de una nueva figura de detective, e intentando de esta manera explicarnos
la realidad. De explicárnosla, haciendo literatura. Si el lector
prefiere continuar llamándola "polar" nadie se lo impide.
La primera imagen de Gomorra es
emblemática. Cabezas de chinos
que se golpean contra el cemento de los bancos del puerto de Nápoles
que han salido rodando de un contenedor abierto. El ruido de las sandías
maduras que explotan. Inolvidable. Lo que me interesa no es saber si
ocurrió de verdad, si Saviano estaba allí, ni si lo vio
con sus propios ojos. Lo que me interesa es que yo no lo olvidaré nunca,
y cada vez que leeré alguna cosa o contemplare un vago reportaje
sobre Nápoles, pensaré en esa imagen y veré el mundo
de otra manera - un poco, sólo un poco, es verdad. - diferente.
Ésta
es, sin duda, la función del misterio contemporáneo,
el que llega tras James Ellroy. Porque a fuerza de excavar, de buscar
el misterio con las manos, y de hacerlo con la forma de explicarlo que
el "polar" ha utilizado siempre,
encontramos el lado más oscuro de la sociedad. El que todo el
mundo esconde porque no complace. aquél con el que todos desearíamos
guardar las distancias.
Gomorra-Transgénero lo hace utilizando una escritura cinematográfica,
en la que las imágenes son bombas visuales. Y el libro nos explica
el corto-circuito perverso entre mentalidad criminal, ficción
que querría inspirarse en la realidad, y criminalidad, que crea
su propio imaginario a través de la ficción. Cuando nunca
se ha sido otra cosa que un delincuente, es difícil encontrarse
con mucho dinero en el bolsillo y saber cómo se debe gastar.
Este razonamiento complejo intenta explicar
el capítulo "Hollywood",
en el que Saviano relata la historia de un capo que se ha hecho construir
una casa idéntica en todo a la de Tony Montana en Scarface, con
la misma sala de control, sus pantallas y su bañera de dos plazas
con cabeza de león. Una mansión que, naturalmente, jamás
existió en realidad, porque en Hollywood no fue más que
un decorado, pero que no podía ser otra cosa que el sueño
de un jefe. Y esta mansión ha sido construida a pocos cientos
de metros de un vertedero-incineradora ilegal, porque cuando se vive
de esa manera no existe nada más que el presente, el jefe ni tan
siquiera se ha parado a pensar en los riesgos de vivir cerca de los humos
cancerígenos.
Gracias a la falta de pudor de Saviano,
y gracias también al
empleo de nombres siempre reales, se tiene la sensación de que
lo que se está leyendo no sólo es papel, sino carne, sangre,
billetes rosas de quinientos euros y bolsas llenas de cocaína;
mucho más que en el trailer más suculento y con más
ritmo.
Los once capítulos nos explican un mundo que la televisión
ha presentado siempre como un cliché. A partir del momento en
el que todo el mundo sostiene que el periodismo de investigación
está muerto y enterrado, Saviano, en lugar de describir las tribulaciones
de 17 ociosos, nacidos de familias ricas, que fuman por las costuras,
pasan el día meditando, cambiando de compañera cada noche
pero que están enamorados de la única que no quiere saber
nada de ellos (no se inquieten el la antepenúltima escena, ella
cambiará de opinión), nos explica un modo de pensar que
lo envuelve todo en la niebla. Hay que ganar dinero. Mucho dinero. Siempre
más dinero. Poco importa cómo. Poco importa dónde,
sólo que sea pronto, enseguida. Que formes parte del mundo del
contrabando o del de las marcas, de la moda o de sus artificios, o que
te enroles como soldado en una guerra que se declara en un instante y
que carece de reglas de reclutamiento, que seas hombre o mujer, el principio
no cambia y el hormigón, la "droga" celebrada por Verga, será siempre
la más alta moneda de cambio.
Su conclusión y su mensaje son claros. Dice abiertamente que
la Camorra (con C mayúscula) no es una asociación, sino
un sistema. Su lógica, la lógica de la empresa criminal
y la del pensamiento del capo, coinciden con el neo-liberalismo más
avanzado.
Leed el libro como habéis leído
Roman Criminal,
y Nápoles nunca volverá a ser la misma.