el policiaco en el punto de mira
n°7 Noviembre-Diciembre-Enero de 2006/07

 

 

>> Lecturas

La punizione (El castigo)
Salvatore Scalia

Marsilio éditeur • 2006 • 135 pages

Giuseppina La Ciura
Trad.: María Marcos

Salvatore Scalia, periodista y dramaturgo, dirige las páginas culturales de "La Sicilia" de Catania. Ha publicado "Teatro" "Trilogía del dolor" y "Efectos".

 

"La Sicilia como metáfora", decía Sciascia. Y dentro de esta Sicilia, Catania es una ciudad importante, emblemática por su vitalidad mediterránea, hecha de sonidos, de olores, de gestos a menudo violentos, y por su encanto descarado, exhibido, un poco vulgar, incluso si, como lo anota Tahar ben Jalloun, "el color dominante resta el gris sombrío, el gris de las rocas del Etna y. el mismo cielo coge durante muchos meses del año los colores del Etna"(1). En Catania, en los márgenes de la vieja villa espléndida y barroca, se abren barrios populares, pobres, degradados, con inmuebles ruinosos, con calles disjuntas, dónde las basuras se amontonan entre los excrementos de perros y el vómito rojo de los borrachos, las carniceras fumigadas en los braseros en los que se tuesta la noche, a cielo abierto, la carne de caballo y los establecimientos miserables donde se vende las mejores croquetas de arroz, tan caras por el comisario Montalbano. En sus laberintos oscuros vive una humanidad que por razones históricas muy complicadas (o demasiado simples) se ha hecho diferente, en su lenguaje (incluido el gestual), sus reglas de vida, su visión del mundo (2). Saint Christophe es un de estos barrios, aquel en el se desarrolla la historia narrada por Salvatore Scaglia.

Mayo 1976. Cuatro chicos jóvenes, entre doce y trece años, sobre sus vespas 50 con motores trucados, "flacos como la muerte, imberbes, mal peinados, vestidos de forma parecida, zapatillas, jerseys y vaqueros" se van de caza de turistas ingenuos, extranjeros o continentales, que no saben. Ellos vagan, zumbando y danzando entre la gente, los coches, las carretas de los vendedores ambulantes. Es el primer sábado de mes, el día del mercado del barrio. Buscan la presa adecuada. La encuentran, después de numerosos pasos. La palabra que ordena es dicha. La presa es una vieja totalmente arrugada, gorda, vestida de negro, que camina por el centro de la calle y que trata a los transeúntes como una reina. El honor obliga a que robe a Pinuccio, debutante en su primer golpe. La vieja trata de resistirse, se cae y suelta su bolso. Los chicos desaparecen "como rápidas sombras". Van a esconderse en los laberintos de los callejones sombríos, en la casbah. La vieja se queda en el suelo, se lamenta con grandes gritos, pero nadie la ayuda. Nadie osa a tocarla. Un extraño silencio, luego el espanto les atrapa también. Esta vieja es la "capitana", la madre de Iddu, el Jefe, el Boss, del barrio, de la ciudad, de la mitad de Sicilia, amigo de numerosos policías que viven en Roma. Una eminencia.

En su código, esto se llama una ofensa, un crimen muy grave que exige un castigo ejemplar "purificante", una ofensa que no se lava más que con sangre. Los empleados desaparecen en el silencio ensordecedor de todos. Años más tarde, un arrepentido revelará la verdad (pero, ¿qué es la verdad? En la tierra de Pirandello, lo sabemos, todo es así, tal y como parece). Hasta en este negro existencial en la cual el autor reúne, con un lenguaje desnudo, con una gran maestría, la macabra y la obscena, la sagrada y la profana, la crónica y la leyenda, el epílogo está previsto "el fin es característico".
"Piedad para los justos", como decía Camus.

(1) Tahar Ben Jelloun "El ángel ciega" Edition le Seuil, 1992.
(2) "El mafioso no sabe que es mafioso, vivo en la mafia como en su propia piel" Leonardo Sciascia, "En futura memoria" 1959.


powered by FreeFind

© 2005 europolar Portada | Editorial | Equipo | Traductores | Archivo | Enlaces | Webmaster | Plan de la web | Webmaster: Emma