Discurso contracultural
Usted es la culpable
Lorenzo Lunar
Almuzara • 2006 •139 páginas
Javier Sánchez Zapatero
Gracias
a autores como Leonardo Padura, Amir Valle o Lorenzo Lunar, la narrativa
negra cubana está alcanzando en los últimos
años un inusitado desarrollo, convirtiéndose así de
uno de los más eficaces instrumentos culturales de que dispone
la sociedad caribeña para analizar de forma crítica su
actual situación. En el caso de Lunar, esa radiografía
del presente de la isla se vertebra a través de unas novelas que,
a diferencia de las de sus colegas, no transcurren en La Habana, sino
en la más desconocida Santa Clara, una pequeña ciudad en
la que las necesidades y los problemas del pueblo cubano se manifiestan
con mucha más fuerza que en la capital. En uno de sus barrios
marginales ha de desarrollar su actividad profesional Leo Martín,
el policía creado por Lunar, protagonista también de Que
en vez de infierno encuentres gloria y de La
vida es un tango.
Como en las primeras entregas de la saga, Usted es la culpable mantiene
una unidad espacial que permite incorporar a su trama espacios y personajes
ya conocidos por los
lectores familiarizados con la serie de libros del
Jefe del Sector de la Policía Leo Martín, como Chago el
Buey o Manolito el Buey.
En ese ambiente marginal que ha de convivir
con las miserias provocadas por el Periodo Especial impuesto por el
régimen castrista la muerte,
como dice la frase inicial de la novela -repetida varias veces después,
convirtiéndose así en uno de sus leiv-motivs -,
es algo cotidiano. La aparición del cadáver de Panchita,
un proxeneta dedicado a la explotación sexual en el centro turístico
de Varadero, así lo pone de manifiesto. Encargado de investigar
el asesinato, Leo Martín habrá de enfrentarse al sórdido
mundo que frecuentaba el muerto. A través de diversos interrogatorios,
el protagonista va así exponiendo una visión del mundo
cubano bastante diferente a la que tradicionalmente ofrecen los medios
de comunicación oficiales de la isla que le lleva a plantearse,
en una reflexión escéptica y desencanta, la utilidad de
su trabajo y el sentido de valores como el amor o la amistad en un mundo
dominado por la podredumbre moral y la corrupción.
La novela, escrita con el habitual dinamismo
y con el peculiar ritmo de las obras de Lorenzo Lunar, se compone,
como las obras clásicas
del género negro, con una presencia continua del diálogo.
La incidencia de la estructura dialogada en el desarrollo de la obra
se amplifica al ser el interrogatorio el modo con el que Martín
llega a la verdad del caso. A través de diversas entrevistas personales
con soplones, tramperos y, sobre todo, prostitutas, el protagonista logra
alcanzar la resolución del asesinato. La dependencia del diálogo
provoca que, en determinados pasajes, la obra parezca una simple enumeración
de retazos personales, como si no hubiese más modos de narrar
la marginalidad del barrio -y, por extensión, de Cuba- que a través
del estilo directo y de las confesiones de los personajes de la obra.
A pesar de esos pequeños lastres, la novela logra su objetivo
de transmitir una radiografía actual de la sociedad isleña
y de establecerse como discurso contracultural frente al típico
oficialismo castrista.