el policiaco en el punto de mira
n°8 Febrero-Marzo-Abril de 2007

 

>> Lecturas

La gueule du loup*
Max Servais

Noir de Noir, Espace Nord, Belgique, Editions Labor
2006 • 240 páginas

Etienne Borgers
Traducción: María Marcos

 

El policiaco y los surrealistas belgas

Novela policiaca originalmente publicada en 1944 en la famosa colección "El Jurado", publicada en Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial por Stanislas-André Steeman, uno de los maestros del género de la época, El hocico del lobo es una novela antes que una carta, escrita por Max Servais, uno de los surrealistas del Grupo Belga. Servais tenía experiencia tanto de periodista como de escritor, antes de la guerra, pero era sobre todo conocido por sus pinturas y collages surrealistas. Mantenía relaciones muy próximas con otros surrealistas de la época, y desde 1928, tenía como amigo a René Magritte (gran lector de novelas policiacas), Paul Nougé, o también Louis Scutenaire.

Conocemos el atragantamiento de los surrealistas, franceses o belgas, con las formas de arte primaria o con todas las formas de literatura popular. Sin embargo, en Bélgica, la novela policíaca entonces en expansión plena, retuvo toda la atención de los surrealistas francófonos, mientras que, como lo recuerda Léo Malet en sus memorias, Bretón no soportaba en absoluto el género y Malet ponía sus actividades en el dominio a la sordina, para indisponer al Papa André en las reuniones del Grupo.

Numerosos surrealistas belgas escribieron numerosos policíacos, pasando de la imitación paródica al mejor "whodunit", pero siempre utilizando toques de humor, ligero o negro. Diversos niveles de lecturas por sus alusiones y referencias fueron estudiados por los surrealistas.

Max Servais debuta en el género policiaco en 1941 y, justo en 1947, produce una docena de policiacos, todos publicados en Bélgica. Hasta fue, en 1942, el guionista de un cómic: El secreto de la Mastaba. Su última tentativa policiaca datará de 1982, escribiendo una novela erótica negada por los editores: La Salope de Neanderthal.

 

El hocico del lobo

Un homicidio bastante violento tiene lugar en un pequeño edificio que protegía a inquilinos bastante heterogéneos. El fotógrafo Dorlet, la víctima, es proveedor de fotos para revistas de encargo, y un mujeriego emérito. Hasta una de sus vecinas, casada con un refugiado ruso, forma parte del lote. Y fotos. Todo el mundo se cruzaba con Dorlet, que es visto por los inquilinos, pero muchos le conocían mejor sin embargo, por motivos bastante diferentes y no siempre evaluables. De la vidente clarividente al viejo Señor Jules. Hay también este hijo de familia, débil, gastoso y perdido de amor por la joven mujer escultural que vive en el edificio que, también parece conocer al fotógrafo mucho mejor de lo que admite.

La investigación será confiada al comisario Edmund Roy, llamado " La Libélula ", por su pequeña talla. Policía bastante atípico, Roy se interesa mucho por el bibliofilia, por el arte en general y por la literatura. También por la poesía moderna y por Marcelo Schwob. No vacilará en instalarse en un apartamento vacío del edificio para estar más cerca de este pequeño mundo de las artimañas equívocas.

La Libélula va a mariposear y va a aflorar a todos estos inquilinos algunas de sus relaciones y muy rápidamente él emergerá un mundo lleno de deudas, de adulterios, de venganzas, de chantajes y de apariencias engañosas. Pero si parece bastante confiado, el comisario debe lanzarse muy a su pesar por vías que no le gustan demasiado, para sacar finalmente una conclusión amarga y bastante sombría que le hará identificar al asesino.

La escritura de Max Servais nos cautiva por su estilo inhabitual, mezcla de las formas más en desuso, participando en la imitación, y de finas observaciones sobre la inmensa mayoría de los personajes protagonistas del cuento, con tono muy directo. Cuenta con estos personajes prototípicos de la intriga convencional del "whodunit", la intriga que normalmente - en un cuento convencional debía ser el centro, el motor único. En este relato esta intriga transforma a nuestro investigador en paseante, mariposeando a merced de sus descubrimientos y a merced de su fantasía, para encontrar finalmente el camino que lleva en el corazón del laberinto que formaba el misterio. Somos también golpeados por una "cierta duplicidad tranquila" de la inmensa mayoría de los interventores que todos tiene una personalidad doble, las dos caras de Janus. El baile de las máscaras. Y para alguno de ellos, la cara escondida es bastante sombría, si no negra. Hasta el comisario tiene dos caras muy distintas: su función oficial y el honrado hombre (en el sentido del siglo 18). El relato está también esmaltado por indicadores, por alusiones, que se encuentran en dos niveles de lectura en algunas de sus partes. Hay citas tiradas extraídas de poemas de Apollinaire, Max Jacob y otros poetas modernos, utilizadas por el comisario en las circunstancias más diversas. También alusiones a amigos surrealistas de Max Servais, algunas muy próximas a bromas privadas, referencias a centros de intereses de los surrealistas de los años 1930-40 (como el Jazz, la foto, etc.). La lista es larga. El autor es bastante directo en sus exposiciones de las relaciones sociales de sus personajes, si se tiene en cuenta el período descrito por la novela (años 40), asistimos - sin la trivialización de tabúes burgueses de la época a temas como: el aborto, el arte moderno, la mujer libertada, la sexualidad, o la muerte violenta. Tabúes que formaban parte de temas tratados por los surrealistas, estos artistas que intentaban transgredirlos en sus obras. Incluso en su vida.

Pero tranquilo, en La boca del lobo, Max Servais no hace de la novela una tesis, la demostración de erudito. Saca provecho de las posibilidades ofrecidas por un cuento policiaco para divertirse con las dobles caras y con las apariencias, para manejar así una cierta irrisión un poco sombría que se agrega a un humor ligero destinado a dar el pego, construyendo una novela policíaca muy estructurada e interesante.

Novela muy bien servida por el estilo de Servais distintamente por encima de la media de lo que se encontraba en este género de novela en la época. Novela que, todavía hoy, ejerce una cierta fascinación.

La edición publicada por Labor acaba con una interesante lectura de Pablo Aron (que enseña historia literaria en La Universidad Libre de Bruselas, e interesado entre otras cosas por la literatura popular y la novela policíaca). Vuelve a trazar allí el contexto y las grandes líneas de la obra de Max Servais, así como su trayecto de autor de novelas policíacas.
Sus elementos muy pertinentes de análisis que concierne a La boca del lobo son de una gran utilidad para el lector poco familiar de Max Servais y de los surrealistas belgas. (Encontramos allí algunas indicaciones factuales, concernientes a la obra de Servais, de las que nos servimos en el artículo presente).

* El hocico del lobo


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