La gueule du loup*
Max Servais
Noir de Noir, Espace Nord, Belgique,
Editions Labor
2006 • 240 páginas
Etienne Borgers
Traducción: María Marcos
El policiaco y los surrealistas belgas
Novela
policiaca originalmente publicada en 1944 en la famosa colección "El
Jurado", publicada en Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial
por Stanislas-André Steeman, uno de los maestros del género
de la época, El hocico del lobo es una novela antes
que una carta, escrita por Max Servais, uno de los surrealistas del
Grupo Belga. Servais tenía experiencia tanto de periodista como
de escritor, antes de la guerra, pero era sobre todo conocido por sus
pinturas y collages surrealistas. Mantenía relaciones muy próximas
con otros surrealistas de la época, y desde 1928, tenía
como amigo a René Magritte (gran lector de novelas policiacas),
Paul Nougé, o también Louis Scutenaire.
Conocemos el atragantamiento de los surrealistas,
franceses o belgas, con las formas de arte primaria o con todas las
formas de literatura popular. Sin embargo, en Bélgica, la
novela policíaca
entonces en expansión plena, retuvo toda la atención
de los surrealistas francófonos, mientras que, como lo recuerda
Léo Malet en sus memorias, Bretón no soportaba en absoluto
el género y Malet ponía sus actividades en el dominio
a la sordina, para indisponer al Papa André en las reuniones del
Grupo.
Numerosos surrealistas belgas escribieron
numerosos policíacos,
pasando de la imitación paródica al mejor "whodunit",
pero siempre utilizando toques de humor, ligero o negro. Diversos niveles
de lecturas por sus alusiones y referencias fueron estudiados por los
surrealistas.
Max Servais debuta en el género policiaco
en 1941 y, justo en 1947, produce una docena de policiacos, todos publicados
en Bélgica.
Hasta fue, en 1942, el guionista de un cómic: El
secreto de la Mastaba. Su última tentativa policiaca datará de 1982,
escribiendo una novela erótica negada por los editores: La
Salope de Neanderthal.
El hocico del lobo
Un homicidio bastante violento tiene
lugar en un pequeño edificio
que protegía a inquilinos bastante heterogéneos. El fotógrafo
Dorlet, la víctima, es proveedor de fotos para revistas de encargo,
y un mujeriego emérito. Hasta una de sus vecinas, casada con
un refugiado ruso, forma parte del lote. Y fotos. Todo el mundo se
cruzaba con Dorlet, que es visto por los inquilinos, pero muchos le
conocían mejor sin embargo, por motivos bastante diferentes
y no siempre evaluables. De la vidente clarividente al viejo Señor
Jules. Hay también este hijo de familia, débil, gastoso
y perdido de amor por la joven mujer escultural que vive en el edificio
que, también parece conocer al fotógrafo mucho mejor
de lo que admite.
La investigación será confiada al comisario Edmund Roy,
llamado " La Libélula ", por su pequeña talla. Policía
bastante atípico, Roy se interesa mucho por el bibliofilia,
por el arte en general y por la literatura. También por la poesía
moderna y por Marcelo Schwob. No vacilará en instalarse en un
apartamento vacío del edificio para estar más cerca de
este pequeño mundo de las artimañas equívocas.
La Libélula va a mariposear y va a aflorar a todos estos inquilinos
algunas de sus relaciones y muy rápidamente él emergerá un
mundo lleno de deudas, de adulterios, de venganzas, de chantajes y
de apariencias engañosas. Pero si parece bastante confiado,
el comisario debe lanzarse muy a su pesar por vías que no le
gustan demasiado, para sacar finalmente una conclusión amarga
y bastante sombría que le hará identificar al asesino.
La escritura de Max Servais nos cautiva
por su estilo inhabitual, mezcla de las formas más en desuso, participando en la imitación,
y de finas observaciones sobre la inmensa mayoría de los personajes
protagonistas del cuento, con tono muy directo. Cuenta con estos personajes
prototípicos de la intriga convencional del "whodunit", la intriga
que normalmente - en un cuento convencional debía ser el centro,
el motor único. En este relato esta intriga transforma a nuestro
investigador en paseante, mariposeando a merced de sus descubrimientos
y a merced de su fantasía, para encontrar finalmente el camino
que lleva en el corazón del laberinto que formaba el misterio.
Somos también golpeados por una "cierta duplicidad tranquila" de
la inmensa mayoría de los interventores que todos tiene una
personalidad doble, las dos caras de Janus. El baile de las máscaras.
Y para alguno de ellos, la cara escondida es bastante sombría,
si no negra. Hasta el comisario tiene dos caras muy distintas: su función
oficial y el honrado hombre (en el sentido del siglo 18). El relato
está también esmaltado por indicadores, por alusiones,
que se encuentran en dos niveles de lectura en algunas de sus partes.
Hay citas tiradas extraídas de poemas de Apollinaire, Max Jacob
y otros poetas modernos, utilizadas por el comisario en las circunstancias
más diversas. También alusiones a amigos surrealistas
de Max Servais, algunas muy próximas a bromas privadas, referencias
a centros de intereses de los surrealistas de los años 1930-40
(como el Jazz, la foto, etc.). La lista es larga. El autor es bastante
directo en sus exposiciones de las relaciones sociales de sus personajes,
si se tiene en cuenta el período descrito por la novela (años
40), asistimos - sin la trivialización de tabúes burgueses
de la época a temas como: el aborto, el arte moderno, la mujer
libertada, la sexualidad, o la muerte violenta. Tabúes que formaban
parte de temas tratados por los surrealistas, estos artistas que intentaban
transgredirlos en sus obras. Incluso en su vida.
Pero tranquilo, en La boca
del lobo,
Max Servais no hace de la novela una tesis, la demostración de erudito. Saca provecho de las
posibilidades ofrecidas por un cuento policiaco para divertirse con
las dobles caras y con las apariencias, para manejar así una
cierta irrisión un poco sombría que se agrega a un humor
ligero destinado a dar el pego, construyendo una novela policíaca
muy estructurada e interesante.
Novela muy bien servida por el estilo
de Servais distintamente por encima de la media de lo que se encontraba
en este género de
novela en la época. Novela que, todavía hoy, ejerce una
cierta fascinación.
La edición publicada por Labor acaba
con una interesante lectura de Pablo Aron (que enseña historia
literaria en La Universidad Libre de Bruselas, e interesado entre otras
cosas por la literatura popular y la novela policíaca). Vuelve
a trazar allí el
contexto y las grandes líneas de la obra de Max Servais, así como
su trayecto de autor de novelas policíacas.
Sus elementos muy
pertinentes de análisis que concierne a La
boca del lobo son
de una gran utilidad para el lector poco familiar de Max Servais y
de los surrealistas belgas. (Encontramos allí algunas indicaciones
factuales, concernientes a la obra de Servais, de las que nos servimos
en el artículo presente).
* El hocico del lobo