el policiaco en el punto de mira
n°8 Febrero-Marzo-Abril de 2007

 

>> Tribuna

Sobre "lladres i serenos"

Catalana i criminal
La novella detectivesca del segle XX

Àlex Martín Escribà
y Adolf Piquer Vidal

Documenta Balear • 2006 • 270 páginas

Javier Sánchez Zapatero

 

La novela policiaca española durante el franquismo sufrió un extraño desarrollo, pues si bien es cierto que durante la dictadura, sobre todo durante las décadas de 1940 y 1950, se publicaron infinidad de obras, también lo es que sólo en excepcionales casos consiguieron sobrepasar el umbral de la literatura canonizada como de calidad y que su composición, en general, presentó peculiares características. No sólo no se adaptaron los cánones de la novela negra, pues resultaba absolutamente imposible plantear una literatura social y crítica contra el orden establecido ante el férreo control ideológico del franquismo, sino que los modelos policiacos acostumbraban a presentar una sociedad exótica y alejada del país como escenario de sus tramas. En la España de la época, ordenada bajo un sistema militar, difícilmente se podía tolerar la existencia de un crimen o de cualquier otro tipo de delito, pues su sola mención podía ser interpretada como una muestra de debilidad del régimen. Al mismo tiempo, resultaba complicado contextualizar las historias policiales en una sociedad en la que estaba prohibida la intromisión del detective privado en las investigaciones criminales y en la que las fuerzas policiales eran vistas por gran parte de la sociedad como elementos represores al servicio de un sistema ideológico concreto. Todo ello provocó que las únicas muestras de género de la época -salvo honrosas excepciones como las de Francisco García Pavón, Tomás Salvador o Mario Lacruz- estuviesen vinculadas a la literatura popular.

Este raquítico panorama no se extendió a todas las zonas culturales del Estado. Hasta el final de la dictadura, de hecho, las únicas narraciones escritas en el país a las que se puede adjudicar el adjetivo de negras sin demasiados problemas fueron compuestas en Cataluña y en catalán, dentro de la tradición de la llamada literatura "de lladres i serenos", tema central del recientemente publicado ensayo de Àlex Martín Escribà y Adolf Piquer Vidal. Prologada por Andreu Martín, su obra se estructura de modo cronológico, ocupándose de los autores pioneros, de quienes consiguieron con sus obras consolidar el género y dotarle de una gran masa lectora, de los autores que protagonizaron en la década de 1980 el "boom" de la novela negra catalana y, finalmente, de las perspectivas que el género mantiene en el panorama literario actual.

En los años sesenta, Manuel de Pedrolo retomó la tradición iniciada por Cèsar August Jordana y consolidada por Rafael Tasis y Maria Aurèlia Capmany y -aprovechando las diferentes características sociales de Cataluña respecto al resto del país, sobre todo las relativas a su desarrollo industrial, al poder latente de determinadas organizaciones obreras extintas durante los primeros años de la dictadura y a la tensión y los conflictos de clase que todo ello podía generar- desarrolló una producción literaria bastante más cercana a los parámetros de escritores como Dashiell Hammett o Ross McDonald que a los de los inocentes y blandos clásicos de la novela policiaca que tanto se copiaron en España. Las novelas de Pedrolo destacan por el realista y crítico fresco que efectúan de la Barcelona de las décadas de 1950 y 1960 -comenzado así la creación de la "negra Barcelona", espacio utilizado años después por autores tan variados como Jaume Fuster, Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma o Eduardo Mendoza- y por la dimensión social que en todas ellas se le daba al delito. Además, Pedrolo llevó a cabo una ingente labor divulgadora del género a través de la dirección de la colección editorial "La cua de palla", donde fueron editadas en catalán obras de autores clásicos de lo negro y lo policiaco, muchas de ellas antes incluso de haber sido traducidas al castellano. Este carácter pionero de la narrativa catalana tuvo su continuación en la década de los ochenta -cuando la escritura de género negro se popularizó en todo el Estado- gracias a las obras de autores como Jaume Fuster (cuya obra influyó enormemente en la composición de la "serie Carvalho" de Vázquez Montalbán), Maria-Antònia Oliver, Andreu Martín, Ferrant Torrent, Antoni Serra o Isabel-Clara Simó.

La importancia de la novela negra catalana merecía un estudio como el elaborado por Martín Escribà y Piquer Vidal. Rigurosa y detallada, su obra no sólo traza un completo panorama evolutivo del género en la literatura catalana, sino que se ocupa también de sus características formales. Historia y teoría de la literatura se funden, pues, en una obra que permitirá a los no iniciados entrar en contacto con un amplio panorama de obras y autores y a los ya familiarizados con el tema descubrir nuevos aspectos, matices y perfiles para abordar el estudio de una de las más populares formas culturales del siglo XX. El volumen se cierra con una extensa y detallada bibliografía comentada sobre la literatura policiaca, que, obviando algunos de los más rancios prejuicios de la investigación universitaria, incluye numerosas referencias de direcciones electrónicas y de artículos de publicaciones periódicas no especializadas. Muy completo y documentado, el apéndice de Catalana i Criminal parece destinado a convertirse en punto de partida ineludible para cualquier acercamiento investigador al género.


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