Sobre "lladres i serenos"
Catalana i criminal
La novella detectivesca del segle XX
Àlex Martín Escribà
y Adolf Piquer Vidal
Documenta Balear • 2006 • 270
páginas
Javier Sánchez Zapatero
La
novela policiaca española durante el franquismo sufrió un
extraño desarrollo, pues si bien es cierto que durante la
dictadura, sobre todo durante las décadas de 1940 y 1950,
se publicaron infinidad de obras, también lo es que sólo
en excepcionales casos consiguieron sobrepasar el umbral de la literatura
canonizada como de calidad y que su composición, en general,
presentó peculiares características. No sólo
no se adaptaron los cánones de la novela negra, pues resultaba
absolutamente imposible plantear una literatura social y crítica
contra el orden establecido ante el férreo control ideológico
del franquismo, sino que los modelos policiacos acostumbraban a presentar
una sociedad exótica y alejada del país como escenario
de sus tramas. En la España de la época, ordenada bajo
un sistema militar, difícilmente se podía tolerar la
existencia de un crimen o de cualquier otro tipo de delito, pues
su sola mención podía ser interpretada como una muestra
de debilidad del régimen. Al mismo tiempo, resultaba complicado
contextualizar las historias policiales en una sociedad en la que
estaba prohibida la intromisión del detective privado en las
investigaciones criminales y en la que las fuerzas policiales eran
vistas por gran parte de la sociedad como elementos represores al
servicio de un sistema ideológico concreto. Todo ello provocó que
las únicas muestras de género de la época -salvo
honrosas excepciones como las de Francisco García Pavón,
Tomás Salvador o Mario Lacruz- estuviesen vinculadas a la
literatura popular.
Este raquítico panorama no se extendió a
todas las zonas culturales del Estado. Hasta el final de la dictadura,
de hecho, las únicas narraciones escritas en el país
a las que se puede adjudicar el adjetivo de negras sin demasiados problemas
fueron compuestas en Cataluña y en catalán, dentro de
la tradición de la llamada literatura "de lladres i serenos",
tema central del recientemente publicado ensayo de Àlex Martín
Escribà y Adolf Piquer Vidal. Prologada por Andreu Martín,
su obra se estructura de modo cronológico, ocupándose
de los autores pioneros, de quienes consiguieron con sus obras consolidar
el género y dotarle de una gran masa lectora, de los autores
que protagonizaron en la década de 1980 el "boom" de la novela
negra catalana y, finalmente, de las perspectivas que el género
mantiene en el panorama literario actual.
En los años sesenta, Manuel de Pedrolo
retomó la tradición iniciada por Cèsar August
Jordana y consolidada por Rafael Tasis y Maria Aurèlia Capmany
y -aprovechando las diferentes características sociales de Cataluña
respecto al resto del país, sobre todo las relativas a su desarrollo
industrial, al poder latente de determinadas organizaciones obreras
extintas durante los primeros años de la dictadura y a la tensión
y los conflictos de clase que todo ello podía generar- desarrolló una
producción literaria bastante más cercana a los parámetros
de escritores como Dashiell Hammett o Ross McDonald que a los de los
inocentes y blandos clásicos de la novela policiaca que tanto
se copiaron en España. Las novelas de Pedrolo destacan por el
realista y crítico fresco que efectúan de la Barcelona
de las décadas de 1950 y 1960 -comenzado así la creación
de la "negra Barcelona", espacio utilizado años después
por autores tan variados como Jaume Fuster, Manuel Vázquez Montalbán,
Francisco González Ledesma o Eduardo Mendoza- y por la dimensión
social que en todas ellas se le daba al delito. Además, Pedrolo
llevó a cabo una ingente labor divulgadora del género
a través de la dirección de la colección editorial "La
cua de palla", donde fueron editadas en catalán obras de autores
clásicos de lo negro y lo policiaco, muchas de ellas antes incluso
de haber sido traducidas al castellano. Este carácter pionero
de la narrativa catalana tuvo su continuación en la década
de los ochenta -cuando la escritura de género negro se popularizó en
todo el Estado- gracias a las obras de autores como Jaume Fuster (cuya
obra influyó enormemente en la composición de la "serie
Carvalho" de Vázquez Montalbán), Maria-Antònia
Oliver, Andreu Martín, Ferrant Torrent, Antoni Serra o Isabel-Clara
Simó.
La importancia de la novela negra catalana
merecía un estudio como el elaborado por Martín Escribà y
Piquer Vidal. Rigurosa y detallada, su obra no sólo traza un
completo panorama evolutivo del género en la literatura catalana,
sino que se ocupa también de sus características formales.
Historia y teoría de la literatura se funden, pues, en una obra
que permitirá a los no iniciados entrar en contacto con un amplio
panorama de obras y autores y a los ya familiarizados con el tema descubrir
nuevos aspectos, matices y perfiles para abordar el estudio de una
de las más populares formas culturales del siglo XX. El volumen
se cierra con una extensa y detallada bibliografía comentada
sobre la literatura policiaca, que, obviando algunos de los más
rancios prejuicios de la investigación universitaria, incluye
numerosas referencias de direcciones electrónicas y de artículos
de publicaciones periódicas no especializadas. Muy completo
y documentado, el apéndice de Catalana i Criminal parece
destinado a convertirse en punto de partida ineludible para cualquier
acercamiento investigador al género.