el policiaco en el punto de mira
n°9 Mayo-Junio-Julio de 2007

 

>> Lecturas

Una mujer y una ciudad

Febrero todavía
José Luis Serrano

Editorial Roca, 2006 (1ª edición: 2001), 300 pp

Javier Sánchez Zapatero

 

Junto a Petra Delicado, Bárbara Arenas y Lonia Guiu, Amparo Larios forma el póker de damas de la novela negra española. Creada en el año 2000 por el escritor y profesor universitario José Luis Serrano, Larios es una abogada granadina escéptica y desencantada que, a punto de enfrentarse a la "crisis de los cuarenta", se ve involucrada por avatares de su profesión en diversas tramas detectivescas. En Febrero todavía, la segunda de las novelas que protagoniza (originalmente publicada en 2001 y recientemente reeditada por la editorial Roca), la extraña muerte de una joven supone el detonante a partir del que la rutinaria y algo deprimente vida del personaje principal se transforma en una emocionante y sorpresiva peripecia. Cumpliendo los rasgos básicos del "investigador ocasional" -aquel que, sin dedicarse de forma profesional al trabajo policial, termina por desempeñar rutinas detectivescas al verse implicado en un asunto delictivo-, Larios se ve envuelta en el caso por su doble condición de socia de uno de los mejores amigos de la víctima y de abogada particular de algunos de los principales sospechosos del crimen.

Novela de ambiente y de personaje, Febrero todavía logra construir, bajo el telón de fondo de la investigación, un magnífico retrato de su protagonista y de la ciudad por la que ha de moverse. Amparo Larios es una atractiva mujer que ha de actuar en un mundo de hombres y que sólo parece encontrar en las intrigas en las que de vez en cuando se ve envuelta el estímulo necesario para soportar su continua sensación de descreimiento, acentuada en la novela por un reciente desengaño amoroso y por el contraste que supone que la acción transcurra en plena época navideña, donde la pretendida e impuesta sensación de felicidad no hace sino agudizar la crisis personal de la protagonista. El escenario de sus aventuras, la ciudad de Granada, se constituye en un personaje más de la obra, a la que aporta el misterioso y mestizo encanto de sus calles y monumentos, y el escenario urbano, un tanto costumbrista en este caso, que toda novela negra necesita para reflejar el espíritu de una sociedad en continua transición en la que la vida cada vez parece valer menos y la muerte puede aparecer por cualquier recoveco.

El reflejo de la actualidad social y política y la intención de trascender los componentes de misterio e intriga de los que parte toda narración negra son puestos de manifiesto por el propio autor, que, en una innovadora y sorprendente decisión, señala, para supuesto beneficio de los receptores, qué capítulos se han de leer necesariamente para entender la trama estrictamente policiaca de la novela y qué capítulos se ocupan de todo aquello que excede al desvelamiento de la verdad, olvidando con ello que toda narración no es sino una globalidad mucho más rica que la mera suma de sus elementos.


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