Parece
ser... Hervé le Corre [n°1]
Parece
ser que cuando entró en el bar dijo buenos días
y que nadie le respondió, quizás por culpa del
ruido que hacía la tele retransmitiendo un partido de
la copa de África, y que fue a instalarse a una mesa cerca
de la ventana, al lado de los jugadores de naipes que fumaban
y bebían té y hablaban alto y se reían a
veces ruidosamente. Había otras mesas libres en la sala,
pero él se dirigió derecho hacía aquella
esquina, para sentarse pesadamente, con aire cansado, embozado
en un parka, el mentón comido por una bufanda verde que
no desató. (...)
Mamaíta Jean-Baptiste
Baronian [n°2]
Claudine
se encontraba en el Centro Comercial de Woluwé desde ya
un largo rato y aún no se había decidido para el
regalo que ofrecería a su mamaíta. De todos modos,
no sería algo caro. Unos quince euros, máximo.
Lo que había podido ahorrar desde seis meses con su calderilla.
A los catorce, edad que acababa de llevar, no hubiera podido,
desde luego, economizar más. (...)
Calle
de los Seis Jovenes Nadine Monfils [n°3]
Carolina
se aburría en la vasta casa demasiado tranquila donde
vivía con su madre desde que tenía tres años.
Cuando le hablaban de su padre, fingía no acodarse de él,
sin embargo, bajo su colchón, había escondido la única
foto que poseía de él. Se recordaba el día
de su muerte, como si de une vez, había caído en
una como trampilla en la cual la vida, de ahora en adelante,
transcurría en negro y blanco. Todo lo que coloreaba demasiado
las paredes había desaparecido, dejando aquí y
allí, manchas rectangulares sobre el papel amarillado.
Desde entonces, sólo se podían adivinar los objetos
bajo una capa de polvo. El entarimado, solo, recibía aún,
a raros momentos, los lenguazos húmedos de la bayeta. (...)
Fragmento
de "La Brújula de Ceilán" Mariano
Sanchez Soler [n°4]
DONDE
ANTAÑO ESTUVO EL CUARTEL de la Montaña y ahora
se iniciaban las escalinatas del templo de Debod, me montaron
una
cita con varios militantes del sector obrero bajo la batuta de
un venezolano al que llamaban el Negro y que había hecho —según
decían— la guerrilla en su país. Allí mismo,
en la explanada desierta y con un viento frío que te calaba
el alma, el Negro nos dijo que el motivo de la reunión
era preparar una serie de golpes encaminados a fortalecer la
galera,
que había quedado maltrecha desde mayo, con una nueva
remesa de máquinas. (...)
Hard
Billar Denis Leduc [n°4]
Era el fin de los exámenes
y se aburrían. Las tres. Leone, la rubia. Anouk, la antigua
punk cuya cabellera conservaba ese aire de viejo forraje mal peinado.
Beatriz, la pelirroja. A decir verdad, sólo Leone era parte
de la comunidad estudiantil, con la particularidad de que suspendía
en cada convocatoria de exámenes y mantenía una rara
confianza en la siguiente que superaría con los dos
dedos en la nariz. Niñas envidiosas y una legión
de tíos despechados afirmaban que era más bien por
meter « la nariz en la bragueta adecuada ».
A Leone le traía al pairo. (...)
Puerta
cerrada André-Paul
Duchâteau
[n°5]
Mi especialidad consiste en inventar historias
insólitas. Durante veinte años he escrito cerca de
mil noticias que se emparentaban con la novela y con la S.F., pero
nunca con lo fantástico debido a mi anhelo cartesiano con
ofrecer una solución racional y lógica, y no fantasiosa,
a los misterios que evoco.
Soy un miembro distinguido de lo que se
llama para-literatura, pero en el buen sentido.
Los misterios dichos
de « habitaciones
cerradas » no tienen secretos para mí. (...)
Castigo Kentaro
Okuba [n°5]
En la oscuridad, jamás
estamos completamente en la oscuridad… si acaso en la oscuridad
de su alma. Cuando el corazón no cree en nada más
y cuando la oscuridad roe, difumina, raspa, traga, parte definitivamente
toda esperanza.
Está allí donde
sus pensamientos, y la sangre fluye a gotas dolorosas de su boca
masacrada. Tiene en las orejas un silbido que agota, la impresión
sonora dejada por una máquina de tren que exhala el último
suspiro, una máquina totalmente consagrada a una tarea repetitiva
que perdería poco a poco su energía y su capacidad.
(...)
Muerte
de una critica gourmet Helga
Anderle [n°6]
En la época de
la post-guerra el café situado justo detrás de la ópera
era un lugar de encuentro muy preciado por contrabandistas y agentes
secretos internacionales. Después de esa época casualmente
llegaban hasta allí algunos turistas extranjeros, pero la
mayor parte de las veces se llenaba de lugareños, dentistas
que en su tiempo libre tocaban al chello, viudas incontinentes de
altos funcionarios, locos que pretendían componer el mundo,
comparsas de la ópera y funcionarios jubilados que se sentían
a gusto en ese ambiente aterciopelado venido a menos. (...)
