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Eugenio Fuentes: Contrarreloj Convertir en PDF Version imprimable
19-09-2009

Eugenio Fuentes: Contrarreloj

Barcelona: Editorial Tusquets, 2009. 334 págs. 18 €

Probablemente, nadie haya hecho más daño al ciclismo que Eufemiano Fuentes, uno de los culpables de que la admiración épica hacia unos deportistas que siempre habían sido vistos como superhombres tornara en sospecha. Acusado de realizar prácticas como la autotransfusión y de inyectar hormonas de crecimiento a muchos corredores del pelotón profesional, Fuentes provocó que el ciclismo pasase a convertirse en un campo de laboratorio en el que ganaba no el mejor sino que el mejor escondía sus trampas y en el que, como dijo Hinault, “los asnos se estaban convirtiendo en caballos de carreras”.
ImageSi un Fuentes, de nombre Eufemiano, contribuyó con sus malas artes médicas a destruir la leyenda épica del ciclismo, otro Fuentes, de nombre Eugenio, parece decidido a recuperarla. Aficionado y cicloturista habitual, el escritor cacereño Eugenio Fuentes acaba de publicar en la editorial Tusquets Contrarreloj, una novela que es, entre otras cosas, un homenaje al mundo del ciclismo. Lo es entre otras cosas, porque hay muchas más aristas en una obra que demuestra la excelencia de uno de esos autores que convive con la paradoja de tener más reconocimiento en el extranjero que en España.
Contrarreloj se enmarca dentro de la serie de obras protagonizadas por el detective Ricardo Cupido –integrada por títulos como El interior del bosque, La sangre de los ángeles, Las manos del pianista o Cuerpo a cuerpo-, un tipo solitario y sagaz del que apenas nada conoce el lector. A través de su saga de novelas, el narrador va proporcionando datos sobre su biografía, de modo que toda la serie puede interpretarse como una continua indagación en el personaje. No en vano, en ocasiones ha declarado Fuentes que “si supiera todo de Cupido, dejaría de escribir sobre él”. Tal declaración no es baladí, pues el autor es sobre todo, un “investigador de biografías”, un escritor preocupado por presentar de forma auténtica a los personajes de ficción que pueblan sus novelas, en las que todo huele a verdad y en las que las acciones delictivas que provocan la entrada en escena de Cupido no son obra de mafiosos ni de sicarios, sino de gente anónima con la que es fácil identificarse. En la realidad el crimen no es tan sofisticado ni tan gratuito como quiere mostrarse en ciertas películas y novelas; en la realidad el crimen es dramático y fruto de las debilidades. Por eso en sus obras hay una mirada compasiva hacia la víctima y hacia el criminal: ambos interesan por su condición de personas, no por su función en el relato.
A diferencia del resto de novelas que protagoniza, en Contrarreloj el escenario por el que se mueve el personaje no es Breda –imaginario geográfico mítico que, como el de Celama en Luis Mateo Díez, sirve para contextualizar sus aventuras–, sino Francia. Amante como su creador del ciclismo, Cupido se desplaza hasta los Pirineos para pasar unos días de asueto, afrontar la subida a la cumbre del siempre desafiante Tourmalet y, de paso, ver en directo el paso de la caravana del Tour por las montañas pirenaicas. Como en las novelas policiacas clásicas, en las que los detectives parecían llevar el crimen allá donde iban, un asesinato truncará las apacibles vacaciones de Cupido y la rutina de la carrera ciclista: el líder de la carrera, un corredor engreído y orgulloso que domina a su antojo el pelotón a pesar del odio que le profesan buena parte de sus compañeros, aparece muerto en su habitación con evidentes signos de violencia en su cuerpo. Contratado por el director de uno de los equipos que participan en la ronda gala, el detective se ve obligado a seguir la caravana del Tour para encontrar al culpable.
De este modo, la intrahistoria de la carrera ciclista pasa a ocupar el primer plano de la novela. Fuentes no cae en tópicos a la hora de retratar a los corredores ni sus hazañas, sino que, al contrario, lo que hace es reflejar con una inusitada realidad la cotidianeidad de un mundo del que habitualmente sólo se conoce lo que muestra la televisión al retransmitir los kilómetros finales de las etapas. Y es que el ciclismo no es sólo la lucha de los “esforzados de la ruta” por la victoria, ni siquiera la lucha del hombre contra los límites de la naturaleza: junto a su carácter épico convive otro mucho más mundano, representando por el día a día en hoteles, por la convivencia con mecánicos y masajistas, por el acoso de periodistas y seguidores, y, en general, por todo aquello que queda cuando se cruza la línea de meta y terminan las retransmisiones. Esa parte del deporte, a la que no es ajena el dopaje, es expuesta por el ojo crítico de Cupido, quien en sus pesquisas –que recuerdan a las del legendario comisario Maigret– habrá de entrevistarse con buena parte de los protagonistas de la caravana ciclista.
Desde el punto de vista del contenido la obra sorprende por la capacidad del autor para crear personajes inolvidables –imposible no citar en ese sentido el perfil de la “Avispa” Panal o de la familia Calatayud– y por su maestría para hilar de forma creíble una trama de misterio en un ambiente deportivo. En cuanto a la forma, Contrarreloj vuelve a insistir en las señas de identidad de la prosa del autor. Así, son perceptibles su dominio de los tiempos de la intriga y, sobre todo, su hipnótica, fluida y magistral forma de escribir, que le sitúa en el pelotón de cabeza de las letras españolas.

Dernire mise jour : ( 17-01-2010 )
 
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