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Escrito por Michael Koltan   
jueves, 10 de diciembre de 2009

La Librería del Convento Negro en Friburgo


Traducido del alemán al español por Juan Pedro Rodríguez-Ledesma


El centro urbano de Friburgo es como todos los centros de ciudades hoy en día y consiste en una única galería comercial huera de toda sorpresa. Allí se hallan las conocidas filiales de las grandes cadenas comerciales, las eternas franquicias de comida rápida y coffe to go que hay en todas partes. No hay porqué sorprenderse, con unos precios de alquiler exorbitantes —que llegan a los 60 € por metro cuadrado— las pequeñas tiendas gestionadas por sus propios dueños lo tienen muy difícil. Pero aún quedan algunas. Para aquel que no ande desbocado buscando febrilmente la última ganga midiendo calles y recovecos, quizás le salte a la vista una pequeña tienda de vinos y licores o un negocio de cuchillería que hasta el momento ha podido aguantar heroicamente a la liquidación del centro gracias a la, nunca mejor dicho, eficiente economía de mercado. Pero solo será cuestión de tiempo el que el propietario se rinda dando paso a otra tienda de teléfonos móviles.

En vista de esta situación es admirable lo que hizo Mathias Meier. En 2006 se armó de valor para abrir la Librería del Convento Negro en el centro de la ciudad de Friburgo, aunque fuera en una calle lateral. Esta librería sería la heredera de un fracasado proyecto que tuvo el nombre de UFO y que residía en el mismo lugar. Entre los años 1993 y 2006 la tienda de UFO se hizo un nombre sobre todo mediante la literatura fantástica y los juegos de rol, la ciencia ficción, los personajes de acción, las cartas de pokémon, los cómics y cosas por el estilo. Tras unos comienzos bastante exitosos y el traslado al centro urbano, UFO empezó a deslizarse progresivamente hacia los números rojos. Cuando hubo de cerrar forzosamente, Mathias Meier decidió continuar con el negocio, aunque con otro nombre y con una alineación mucho más clara. Así, de la tienda con la mezcla de géneros que era UFO surgió la Librería de Convento Negro, una auténtica tienda de libros con un perfil bien definido. Por otro lado siguió fiel a las raíces del género: la oferta se reparte actualmente en tres campos esenciales, concretamente el fantástico (fantasía y ciencia ficción), los mangas y las novelas policíacas. Robert Schekulin dirige la sección de novela policíaca, al igual que hacía con UFO ya desde el año 1996.

Esta sección es un paraíso para el verdadero amante de la novela policíaca. Al dejar vagar la mirada por mesas y estantes de libros, uno percibe inmediatamente que Robert Schekulin es un experto en su campo. En las mesas no encontramos apilados los Dan Brown, Donna Leon o Henning Mankell, en cambio sí Frankie Machine, de Don Winslow, que ha aparecido en alemán recientemente. Y para aquellos que prefieran leer la novela en versión original hay también algunos ejemplares de la edición americana.

“Aquí no vendemos los típicos bestseller”, explica Robert, aunque al mismo tiempo echa mano de una pesada edición en pasta de una novela de Charlotte Link y nos cuenta una pequeña historia: siguiendo su criterio y su experiencia, no puso en existencias el nuevo mamotreto de la prolífica escritora, pero poco después apareció una clienta que preguntó por el libro. Robert se dio cuenta de que el libro estaba a la cabeza de una lista de bestseller, lo encargó de mala gana y… todavía está aquí el ladrillazo. Este único pedido fue también el último: “Los clientes que compran una novela policíaca cada cuantos meses no se acercan por aquí, sino que van a las grandes librerías comerciales, como Weltbild o Thalia”. Como para castigar sus recientes palabras llega poco después un cliente que pregunta por el próximo Dan Brown, pero cuando capta la mirada de Robert se apresura a añadir que se trata de un regalo.

Por supuesto que el último Dan Brown se encuentra en existencias, pero a Robert no se le ocurriría recomendarlo a ningún cliente. No se trata de una actitud de rechazo esnobista contra los bestseller, porque Robert recomendaría encarecidamente a un determinado cliente el nuevo libro de Andreas Eschbach, que mientras tanto podría pasar como un autor de bestseller. Lo que le hace arrugar la nariz con desprecio no es esnobismo, sino exigencias de calidad. Aquel que vaya en busca de orientación a la Librería del Convento Negro puede estar seguro que no se le va a endosar ninguna basura literaria.

Esta actitud procura clientes fieles, pero el problema es que una librería especializada en literatura policíaca difícilmente puede vivir sólo de ellos, ya que los clientes habituales no son muchos. Por otro lado el público dedicado a la literatura policíaca en Friburgo son en su mayor parte estudiantes, y apenas se han acostumbrado al local abandonan la ciudad al acabar sus estudios. Así que el déficit fáctico que produce la sección de literatura policíaca ha de ser cubierto por otros departamentos, en especial los mangas.

Cosa que no ocurriría en las grandes cadenas libreras, donde los libros no son otra cosa que una mercadería como los paraguas o los calcetines de deporte: se reducirían las existencias, si es que no se cerraba la sección por completo. Pero en la Librería del Convento Negro no se hallan los que producen mejores dividendos, sino los que más convencen, que por otro lado no son ajenos a la realidad del mercado: en comparación con su predecesora UFO, la del Convento Negro se ha visto obligada a reducir sus existencias, no obstante esta concentración de libros realmente buenos ha condensado la oferta haciéndola más transparente.

El mayor espacio lo ocupan las traducciones del inglés, seguido sin embargo por las bien provistas estanterías con las traducciones de otros idiomas. Esto remite a una tendencia de los últimos años que es bienvenida en el Convento Negro: una mirada a autores interesantes más allá del ámbito lingüístico anglo-americano, ante todo a los que vienen de Francia, España e Italia, pero también de otros exóticos países como Finlandia. El tercer lugar lo ocupan los autores alemanes. Algo se ha avanzado en este campo y ya hay una serie de autores alemanes que se pueden leer, aunque, según opinión en la librería, no alcanzan, por lo general, el nivel de sus competidores extranjeros.

El cuarto lugar lo posicionan exclusivamente novelas policíacas anglo-americanas en lenguaje original. Un estante comparativamente reducido, pero bien surtido. El hecho de que sea reducido reside en la competencia que ofrecen las grandes cadenas comerciales y las librerías en Internet. En este segmento no existe un acuerdo de precio fijo para los libros, al contrario que con las traducciones o con las novelas en alemán, por lo que las pequeñas tiendas de libros lo tienen duro con una competencia tan feroz. Incluso con los libros que tienen precio fijo las grandes cadenas tienen una gran ventaja frente a las pequeñas librerías, ya que aquellas pueden imponer precios de compra a las editoriales mediante métodos que rayan en el chantaje, precios por otro lado que los pequeños libreros no obtienen ni siquiera en parte del surtido. Es así que, incluso con un acuerdo vigente de precio fijo sobre los libros, las librería pequeñas y comprometidas están en desventaja económica frente a los grandes almacenes de libros. Si cayera este acuerdo, como en el caso de los libros en lenguas extranjeras, David no tendría ya ninguna oportunidad frente a Goliat: “Pagamos más por un Harry Potter en inglés que lo que piden las grandes cadenas al cliente final”.

La agonía de las librerías, como es el caso de Gran Bretaña —Europolar ha informado sobre el cierre de Murder One en Londres—, es una consecuencia directa de que allí se levantó el acuerdo de precio fijo sobre los libros. Pudiera ser que esta abolición haga más baratos algún que otro bestseller, pero para la cultura del libro de un país esta liberalización es desastrosa. Alegrémonos pues de que aún tengamos un precio fijo del libro, porque eso permite la existencia en Friburgo —al contrario que en Londres— de una excelente librería de literatura policial.

Modificado el ( lunes, 18 de enero de 2010 )
 
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