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Guillermo Martínez: La muerte lenta de Luciana B. PDF Imprimir
viernes, 05 de junio de 2009

Guillermo Martínez: La muerte lenta de Luciana B.

Barcelona: Destino, 2009 [2007]. 241 págs. 7,95 €      


Traducido del alemán por Pablo Villavicencio

Casualidad versus causa-efecto

El hecho de que en las últimas décadas cada vez más novelas policiales latinoamericanas de calidad aparezcan en el mercado europeo no debe hacernos olvidar que el género policial en América Latina no cuenta con una tradición contínua en el pasado. En muchos países latinoamericanos las novelas policiales siguen siendo publicaciones aisladas y quedan catalogizadas como literatura de masas. Muy pocos lectores conocerán novelas policiales de países como Bolivia, Ecuador o Venezuela. ¿A usted, por ejemplo, le viene alguna a la mente? Las hay, pero hay pocas.

El escritor argentino Guillermo Martínez cada vez se vuelve más conocido en Europa. La mayoría de sus novelas, cuentos y ensayos ya han sido traducidos al alemán, inglés y francés. Después de Los crímenes de Oxford (2003) su novela La muerte lenta de Luciana B. (2007) es quizás la más fascinante y acaba de salir en tapa blanda (2009). Siempre cuando se trata de autores argentinos vale la pena echar un vistazo al cacique literario Jorge Luis Borges. 

Borges: el Viejo

En Argentina aparece ya a partir de la década de los 40 algo que con algún derecho podemos calificar como una tradición contínua del género policial. Argentina es el país con la tradición más larga y más amplia de Latinoamérica en el género policial (si no consideramos los autores cubanos de novela policial de los ‘70 y ‘80, quienes fueron fomentados por el Estado y cuyas novelas son claramente ideológicas). Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares editaron entre 1945 y 1956 la colección El séptimo círculo, en la cual publicaron –junto a numerosas traducciones de novelas detectivescas europeas y estadounidenses– algunas de las primeras novelas policiales argentinas, como El estruendo de las rosas (1948) de Manuel Peyrou. Éstas no sólo dieron a conocer el género, sino que también lo consagraron como literatura de élite. Al mismo tiempo los relatos de ambos autores del tomo Seis problemas para Don Isidro Parodi (1942), tanto como los cuentos de Borges “La muerte y la brújula” y “El jardín de los senderos que se bifurcan” encauzaron el posterior desarrollo del género en Argentina.

Lo característico para la así iniciada vertiente de la literatura policial argentina es que la trama se desarrolla como experimento mental, y que se sitúa en un escenario construido, fantástico y no específicamente argentino. Su relación con la realidad socio-política –sea cual fuere– tiene un rol secundario. Mas bien, el foco de interés es el enigma y la literatura como trampantojo de la realidad. A esta línea pertenecen Pablo De Santis, pero también Guillermo Martínez.

Guillermo Martínez: el Joven

ImageEn La muerte lenta de Luciana B. Guillermo Martínez (*1962, Bahía Blanca) concibe un escenario, en el cual causa-efecto y casualidad llegan a jugar tanto en contra, que terminan hechas pedazos en una fantasmagórica serie de imágenes subjetivas. Luciana B. le ayuda al escritor Kloster a mecanografiar sus novelas. Una vez cuando Kloster intenta acariciarla, ella renuncia inmediatamente y demanda al escritor. Encima de esto lo abandona su esposa y su hija pequeña muere en un accidente. A pesar de que Luciana ya está arrepentida de haber interpuesto la demanda, ya no puede dar marcha atrás. Kloster la indemniza, y con ello la ruptura se consuma. A partir de este momento una increíble racha de mala suerte persigue a Luciana. Su novio se ahoga, sus papás se mueren a causa de una intoxicación por hongos, su hermano es asesinado por un asaltante… ¿Quién más le queda?: su abuela y su hermana menor Valentina, a quienes protegerá con toda su fuerza.

Luciana le pide ayuda al narrador homodiegético (otro escritor para el cual también ha trabajado). Quiere que persuada a Kloster de parar con los asesinatos. ¿Pero fueron asesinatos o accidentes? ¿Cómo pudo Kloster provocar las muertes? Luciana encuentra explicaciones, pero ninguna prueba contundente. La novela está impregnada de una bien construida incertidumbre, contra la cual choca todo raciocinio. ¿Es factible una acumulación de casualidades como ésta? Nuestro entendimiento (o algún instinto primitivo) se resiste a creer en la existencia de tanta casualidad. La ley de las probabilidades dice que es posible. Pero Kloster tiene que tener de alguna manera algo que ver con todo esto: parece que él ha anticipado todos estos acontecimientos en su novela.

La muerte lenta de Luciana B. muestra de una manera extremadamente plástica que la verdad no es sino una construcción que sobreponemos a una realidad a la cual no podemos acceder de forma directa. El careo de lo que Luciana le cuenta al narrador con la versión de Kloster muestra con finos matices que los hechos no existen como tales, sino que siempre están limitados a una perspectiva y a una percepción subjetivas e incluso dependientes del género. No podemos acceder al mundo a través de nuestros discursos sobre el mundo –nos ha enseñado Foucault ya desde los años 60. Y de esta manera solamente puede ser verdad lo que debe ser verdad según las reglas del discurso. Kloster, el más exitoso escritor del país, un modelo para los jóvenes como Valentina, no puede ser un vil asesino. Los escritores son cultos, moralmente íntegros, no son asesinos –dice el discurso. Pero quien ya estuvo en una clínica siquiátrica, como Luciana, es capaz de todo –dice el discurso. Ni los más cercanos miembros de su familia, ni la policía, ni el siquiatra le creen. Contra lo que nos quiere hacer creer la industria cultural norteamericana a través de series como C.S.I., Numb3rs o Bones, que los avances de la criminalística proporcionan hechos irrebatibles que hacen posible un veredicto indudable, Guillermo Martínez nos muestra que en el fondo los hechos no nos dicen nada sobre los motivos, miedos y sentimientos de las personas y menos aún sobre el factor casualidad.

El suspenso mantiene un agradable nivel a lo largo de la novela, y Martínez brilla con una narración ágil, pero no farragosa. Lamentablemente la novela contiene algunas redundancias que surgen del relato de lo que ya ha sido relatado desde otra perspectiva. También el juego de la compenetración de ficción y realidad uno tal vez prefiere leerlo en un tipo de texto corroído por la ironía (como por ejemplo en las novelas de Luis Fernando Veríssimo). A Martínez le falta ese tono. Se le puede dar la razón a Kersten Knipp, quien comentó el libro en el diario alemán FAZ del 19.05.2008, cuando dice que el tema de la verdad como construcción no es nuevo. Rara vez hay algo realmente nuevo en la literatura. Mientras tanto nos deleitamos con la infinita variación de lo conocido, ¡y lo hacemos con el mayor placer! Hay que leer esta novela a toda costa. 



Publicado en alemán el 18 de abril 2009 en:
www.titel-magazin.de
Modificado el ( jueves, 04 de febrero de 2010 )
 
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