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martes, 04 de agosto de 2009

 

Alicia Gimenez-Bartlett: Un barco cargado de arroz

(Un bateau plein de riz)

Barcelona: Planeta, 2004. 416 págs. 20 €.


Traducido del francés al español por Lourdes Pérez
 

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Misterioso título para este nuevo caso (el sexto) de la inspectora de la brigada criminal de Barcelona, Petra Delicado, y su inseparable ayudante, Fermín Garzón, cuya relación sigue siendo tan atípica como siempre: “Tener a Garzón al lado era como tener un marido, un padre, un abuelo y también a un bebé. Ese tipo de familiar al que hay que tratar con pies de plomo”. 

Una mañana aparece el cuerpo de un mendigo en un parque. Aparentemente muerto como consecuencia de una brutal paliza. Las primeras sospechas recaen en las bandas de cabezas rapadas que pululan por la zona, posibilidad aceptable para todo el mundo: la prensa, los ciudadanos y el irascible comisario Corona. Pero no para nuestra querida Petra, que se siente conmovida por aquel fin solitario, aquella miseria y la indiferencia que la rodea. Se huele que debajo hay algún asunto de más envergadura. El descubrimiento de un segundo cadáver hace que se reafirme en su intuición. Y en su mala uva.

Petra es una mujer de temible lucidez y de carácter “quisquilloso”. Vive sola, tras dos matrimonios frustrados, y la soledad le sienta bien. “El amor es sinónimo de vida en pareja y consiste en compartir la nevera y el mal humor”. Pero su reducido mundo, el microcosmos de la comisaría, se enriquece con la guapa Yolanda, una joven “desinhibida” encantadora e ingeniosa, y también con Ricard, un joven psicólogo un poco chiflado que no la deja indiferente. Petra considera que los hombres son “más fascinantes que cualquier otro ser vivo, excepción hecha del colibrí”. ¿Deseo de estar enamorada y de no estarlo? Se involucra tratando de mantener las distancias. “El día que yo sienta celos de ti, Ricard, ese día preferiría que me arrancaran la piel antes de decírtelo.” Pero el amor con Ricard es fantástico y apasionado. Asistimos a tórridas escenas eróticas y a la consiguiente euforia: “Ese juego travieso y fantástico, llamado echar un polvo, es un corte de manga a la melancolía y la muerte.”

Las escenas cómicas se suceden sin alterar la dinámica de la novela. La cena con el hijo de Fermín, homosexual, es una delicia. ¡Cómo puede sobrellevar un padre español, un poco machista y poli hasta el tuétano, que su hijo lleve un pendiente y bese a un hombre en la boca! Situaciones que recuerdan a Woody Allen, al igual que la reflexión que hace Petra tras una metedura de pata: “Y bien, ya estaban todos los disparates perpetrados: ofensa innecesaria a un pobre viejo loco por causa del simple mal humor, discusión sentimental a gritos con un tipo que apenas conocía y omisión de ayuda a un compañero en un asunto personal. ¡Perfecto! ¿Qué me quedaba por hacer: dar una patada a un perro, arrearle un mamporro a una anciana, escupirle a un bebé?”. Lucidez en ese momento y en todo momento, incluso si hay violencia. “Me apetecía machacarlo”, reconoce tras darle una buena una paliza a un sospechoso.

Comedia de costumbres. Aguda crítica social. Con Un barco cargado de arroz Alicia Giménez-Bartlett nos ofrece, a través de su personaje Petra Delicado, una clarividente y ácida panorámica de la vida de sus contemporáneos. Su mejor novela.

Modificado el ( lunes, 18 de enero de 2010 )
 
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